A sus 83 años, la madre de Hugo Marino solo pide una certeza: “Necesito saber qué le hicieron”
El experto en rescate submarino fue detenido en Maiquetía en 2019 y su expediente fue borrado

Beatriz Salas suma 2.767 días desde la última conversación con su hijo, Hugo Marino, de 64 años de edad. “Mami, te llamo, vieja, te llamo a la noche”. Aquella frase del 19 de abril de 2019, al mediodía, marcó la última comunicación con el submarinista venezolano.
El paradero de Hugo es desconocido desde que arribó al aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía en un vuelo procedente de Miami para atender compromisos operativos de su empresa, Sistemas Electrónicos Acuáticos (SEA). La firma, radicada fuera del país, operaba con tecnología especializada para la localización y rescate de aeronaves siniestradas en el mar y la recuperación de cajas negras en el mar.
En territorio venezolano, Marino había intervenido en peritajes como el siniestro aéreo de un avión militar en Nueva Esparta, la cooperación técnica en la búsqueda del submarino argentino ARA San Juan y las coordinaciones vinculadas a la aeronave donde falleció el hijo del exministro Miguel Pérez Abad. Pese a ese perfil técnico y ajeno a la militancia, los cuerpos de seguridad del Estado ejecutaron una detención sin orden judicial pública de la cual no existe reconocimiento oficial después de casi 7 años.

Una fuente confirmó su estadía en la Dgcim
La confirmación inicial sobre el arresto clandestino provino de un contacto de infancia de la esposa del buzo, quien ejercía funciones dentro del aparato estatal y constató con el número de cédula que el contratista militar permanecía recluido en los calabozos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), en la sede de Boleíta, al este de Caracas.
Una hermana de su cónyuge acudió a esa sede para entregar insumos básicos mediante una lista manuscrita entregada por custodios. “La primera vez recibieron el paquete de ropa y comida, pero a la segunda visita dijeron que no estaba ahí y desde entonces nadie más lo ha visto”, dijo su madre Beatríz Salas, en una entrevista telefónica con Efecto Cocuyo.
Salas cuenta que lograron enterarse de una audiencia secreta en el Tribunal 31 de Control de Caracas, a cargo del juez Pérez Alvarado, gracias a que en ese momento su caso lo llevaba el Foro Penal. Según relata, los abogados supieron que le imputaron los delitos de traición a la patria y terrorismo, pero poco después el expediente desapareció de los archivos del tribunal sin que la defensa pudiera tener acceso a él.
“El caso lo cerraron y el expediente lo desaparecieron porque hay gente de mucho poder que no quiere que esto se sepa”, aseguró su madre, quien reside fuera de Venezuela.
Puertas cerradas en las instituciones
Salas explica que el abogado de la familia en Caracas, Guillermo Heredia, ha intentado pedir información ante la Fiscalía General y la Defensoría del Pueblo, pero ninguno de los dos despachos responde a las solicitudes. Para ella, los recientes cambios de nombres en esas instituciones no cambiaron en nada el silencio del Estado.
“El fiscal y la defensora son como jarrones que solo sirven de adorno, porque cambiaron los nombres pero las circunstancias siguen intactas”, señaló.
Beatriz recuerda que la única alusión oficial registrada sobre su hijo ocurrió de forma fortuita durante una emisión televisiva conducida por el periodista Vladimir Villegas, quien formuló una pregunta al entonces titular del Ministerio Público, Tarek William Saab, segundos antes de un corte comercial. “Villegas le preguntó antes de irse al corte y él contestó que tenía unos fiscales asignados, pero al regresar del corte comercial jamás volvieron a tocar el caso y después me bloqueó (Tarek William Saab) de sus redes sociales”, sostuvo.

Hipótesis familiar
Entre las hipótesis que maneja el entorno de Hugo Marino sobre el trasfondo de su detención, su madre señala versiones no oficiales que vinculan el caso con posibles labores de investigación en el mar. Estas presunciones apuntan, en particular, al siniestro aéreo en el que falleció el hijo del exministro Miguel Pérez Abad.
Sin embargo, la madre de Hugo insiste en que no puede asegurar si esas versiones son ciertas ni si Hugo viajó para involucrarse en ese caso. Lo que sí le consta es que el exministro llamó un domingo a su casa preocupado por el paradero de la avioneta y que su hijo publicó poco después un mensaje en Twitter diciendo que tenía algo importante que hablar con él.
“El investigador del Servicio de Búsqueda y Salvamento que estaba averiguando por qué cayó esa avioneta también se mató poco después en otro accidente aéreo; uno une cabos y piensa que mi hijo sabía algo que no querían que dijera, pero ojalá yo tuviese la certeza de qué fue a investigar, porque formalmente él solo iba a ver su oficina”, indicó.

Salas cuenta que recurrieron a la abogada Tamara Sujú para llevar la denuncia a instancias internacionales y abrir una causa en Italia, aprovechando la nacionalidad europea que su hijo heredó del padre. Asegura que tanto Luis Almagro como Michelle Bachelet llegaron a exigir una fe de vida en Caracas, pero de los despachos oficiales nunca salió una sola respuesta.
Sus intentos más recientes apuntaron a la dirigencia opositora en el exterior. “Le he escrito a Dinora Figuera para que ponga la desaparición de Hugo en la mesa de negociación, pero no me contesta”, denunció.
Una familia rota
Beatriz quedó prácticamente sola con Hugo después de perder en cuestión de meses a su otra hija y a su esposo, con quien estuvo casada durante 54 años. Desde entonces, el buzo asumió la protección absoluta de su madre, un lazo que ella recuerda a diario.
“Él decía que yo me había convertido en su hija mayor; era el hijo con el que hablaba, con el que conversaba, mi gran apoyo, y me quitaron parte de mí”, dijo.
La desaparición cambió por completo la vida en ese hogar. Su nuera tuvo que salir a la calle a trabajar y su nieta mayor, de 26 años, debió abandonar la universidad para ayudar con los gastos, mientras Daniel, el hijo menor de Hugo que hoy tiene 15 años, creció sin respuestas sobre la ausencia de su padre.
“Hugo era un papá excelente que vivía pendiente de sus hijos; nadie sabe el daño tan tremendo que hacen cuando desaparecen a alguien, porque se llevan a la persona y se llevan a la familia con ella, tú lo vives”.
Con el paso de los años, la angustia de Salas se fue transformando en miedo, especialmente tras enterarse de casos como el de la madre del preso político Víctor Quero, quien buscó a su hijo sin saber que ya había fallecido en custodia del Estado.
A sus 83 años, con dificultades para movilizarse y sin esperar nada de las instituciones venezolanas, la mujer solo pide una pista que le dé sosiego antes de morir.
“A quien tenga información de Hugo le pido que me dé una tranquilidad de espíritu, que yo me lo voy a guardar para mí; solo quiero calmar este dolor de no saber qué le hicieron o dónde está”.
