Particulares y organizaciones se las ingenian para ayudar en medio de la crisis

Catalina Martínez, @catalinacaroli, no tiene muchos seguidores en Twitter (333 hasta este domingo 20 de marzo), pero diariamente pasa horas navegando en la red social con la única finalidad de ayudar a quienes buscan medicamentos. Su labor es manual, pausada, pero constante y consigue apoyo de usuarios más experimentados, fundaciones y organizaciones que llevan años en esto, para así guiar las ayudas. La satisfacción de contribuir para solucionar alguna carencia del prójimo es su única recompensa.

Martínez busca a través de aplicaciones y páginas de distintas farmacias si los medicamentos que alguien pide están disponibles en algún local o los tiene un particular, para después ponerlos en contacto. También revisa en la aplicación Akiztá o en el buscador de Twitter. Ella es socióloga y forma parte del equipo de Cecodap, pero trabaja de manera independiente, lo que le da tiempo libre para dedicarse a esta obra.

No está sola en esa labor, de hecho es solo la dueña de una de las cientos de cuentas que se dedican a ser puentes o que canalizan la solicitud de donaciones de medicamentos. El hecho de que la Federación Farmacéutica Venezolana denunciara la falla del 80 % de fármacos en el país, explicaría la multiplicación de los usuarios y organizaciones que se dedican a esto.

Servicio Público Venezuela, @Spvzla, es pionera y nació en noviembre de 2011, con el fin de ayudar a las personas desempleadas, otras que buscaban donantes de sangre, adoptar u ofrecer en adopción mascotas, entre otras cosas. Desde mediados de 2013, cuando empezó a vislumbrarse la crisis, los fármacos empezaron a mencionarse y en la actualidad monopolizan las peticiones.

“Todo comenzó porque una persona me hizo mención en mi perfil personal diciendo que debería existir una cuenta de servicios públicos, luego le pedí a un amigo que hiciera un logo sencillo y empecé con la cuenta. Ahora es como mi trabajo”, dice Anaís de Boricón, periodista encargada de llevar el espacio.

0-mTeAlI_400x400Ya perdió la cuenta de cuántas personas ha ayudado en tantos años, pero recuerda con cariño la vez que una de sus amigas le entregó tres cajas de Dilantin (anticonvulsivo) que su padre ya no usaría y ella las donó a tres personas diferentes. “Era una señora de 80 años, una adolescente de 15 y otra que no recuerdo su edad, pero las tres estaban inmensamente agradecidas. Fue lindo”, relata.

De Boricón asegura que la constante que ha encontrado al momento de la entrega de las donaciones es que las personas le preguntan cuánto cuesta el favor y ella les reitera que es gratuito. “El único requisito, en caso de ser un medicamento de difícil acceso o más costoso, es el récipe y así intento evitar las reventas”, añade, pero jamás cobra ni recibe dinero.

Precisamente para evitar estos problemas Miguel Torrealba, directivo de la ONG Aclave (Asociación Civil de Apoyo al Autismo en Venezuela), considera que toda esta solidaridad tiene parámetros que seguir. Él y su equipo realizaron un manual para evitar malas prácticas que con el tiempo empezaron a surgir en este tipo de redes de ayuda. Habló especialmente de la reventa de medicamentos o el robo de dinero donado.

Aclave, con sede en Cabudare-Barquisimeto, decidió montarse en la ola de los servicios públicos a raíz de la muerte de dos infantes autistas que en febrero de 2014 fallecieron por no tener anticonvulsivos. Actualmente, hay 52 personas trabajando en la organización y moviéndose para dar los conocimientos que la red ha adquirido.

“Nosotros aprendimos de los errores de otra fundación, Sanando, y vimos que la mejor manera era que las miles de fundaciones repartidas en todo el país hicieran una red y las donaciones no se hicieran de persona a persona, sino de ONG a ONG. Finalmente, creamos este método único”, explica Torrealba, quien es diseñador gráfico de profesión. Según sus cuentas, llevan hasta 1.500 pacientes beneficiados a través de su red y 5.500 medicamentos donados en los últimos tres meses.


Sistematizar la ayuda

Donamed también nació luego de una fatalidad, pero su único motor es la ayuda. Ana Karina Fuentes, la creadora, empezó con el proyecto de una página web que sirviera como canal de comunicación entre donantes y urgidos, justo después de la muerte de su madre con cáncer. En julio de 2015 nació www.donamed.com  , sitio financiado y ejecutado en su totalidad por ella y su esposo, Juan García. “Esto se hizo 100% con recursos propios, pero ahora se nos complica, porque los servidores venezolanos no aguantan la base de datos y debemos adquirir una en dólares”, señala.

Donamed

“Los primeros meses fueron lentos, la gente no conseguía muchas donaciones, pero hemos hecho un trabajo durísimo y eso nos ha ayudado a crecer muy rápido y ahora hay cerca de 430 donaciones disponibles y alrededor de 720 donaciones”, añade. Fuentes intentará este año conseguir financiamiento para continuar con su proyecto, porque, a pesar de que tanto ella como su pareja trabajan freelance, no le podrán dedicar todo el tiempo que les gustaría para que funcione del todo bien.

Toda ayuda en épocas de crisis es bienvenida, pero hay que tener en cuenta que la desesperación también se presta para que aparezca el fraude. La sistematización y organización de la colaboración que la gente quiera prestar es pieza fundamental para evitar malos ratos. Todos los entrevistados coinciden en que la cantidad de mensajes se ha disparado durante 2016, lo que solo muestra que la crisis se ha agravado enormemente, pese a ello contar con la solidaridad de tantos, da un respiro.