Éxodo de docentes e investigadores es un “golpe bajo” para la educación pública

Cuando Servando Carbone ingresó a la Fundación Instituto de Ingeniería para Investigación y Desarrollo Tecnológico (Fiiidt) apenas tenía 22 años. “Mi jefa tenía un posdoctorado en China”, recordó sobre sus primeras experiencias en el Ministerio de Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología (Mppeuct). “Había mucha gente para prepararnos”, agregó. Con una trayectoria de más de 30 años en la administración pública, ahora lamenta que la situación actual empuje a gran parte del talento fuera del país.

Carbone también es líder sindical y coordinador nacional de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y asegura que cada vez son más los escritorios que se vacían en las instituciones públicas por la crisis. También dice que se incrementa el número de proyectos e investigaciones que quedan paralizados ante la búsqueda de una mejor vida en el exterior.

“Es una desgracia. Gran parte de la gente que queda es para hacer trabajo administrativo, pero los investigadores se van”, aseguró. En 2016, cerca de 50 trabajadores abandonaron sus puestos y, para este año, el número de personas que decidió probar suerte en otro destino se acerca a los 30. “Varios compañeros se han ido a Chile“, dijo.

Al coordinador de UNT lo que más le preocupa de la situación es que se pierda el aprendizaje que daban los más experimentados a quienes recién estaban asumiendo una tarea. “Nosotros procesamos imágenes satelitales, hacemos investigaciones sobre las reservas minerales del país; pero ya no hay un intercambio de conocimientos“, lamentó.

La crisis también ha golpeado la vocación docente. De acuerdo con la presidenta de la Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela (Fapuv), Lourdes Ramírez, los números de la migración crecen dentro del cuerpo docente mientras que el número de publicaciones académicas disminuye.

“En los últimos dos años, la Universidad Central de Venezuela ha perdido mil profesores; la Universidad Simón Bolívar unos 600 y la Universidad del Zulia aproximadamente 700 docentes”, aseguró a Efecto Cocuyo la presidenta de la Fapuv.

El intercambio de conocimientos y las investigaciones también se ven afectados por la crisis dentro de las aulas de las universidades. “Esto hace que la academia disminuya su calidad porque gran parte de las investigaciones se hacen desde la universidad venezolana”, indicó.

Para Ramírez, el éxodo docente se empezó a sentir con mayor fuerza hace cuatro años. Incluso América Latina se volvió una opción atractiva para los profesores a través de programas como los implementados en Ecuador, donde ofrecen entre 3 mil y 5 mil dólares mensuales a docentes universitarios con alto nivel.

“El profesor de mayor rango en la universidad gana 150 mil bolívares; mientras que el instructor apenas gana 80 mil. Este último sueldo escasamente ronda los 20 dólares”, lamentó. Aún con el problema de la migración, la presidenta de Fapuv insiste en que en Venezuela todavía quedan profesores de alto nivel capaces de impartir una educación de calidad.

Sin embargo, para Carbone no solo los puestos vacíos, sino la desidia, están caracterizando la administración pública. “Las instituciones no responden porque se han vuelto centros de operaciones políticas”, denunció. Sin embargo, aseguró que Venezuela tiene con qué salir adelante: “el Estado tiene mucha necesidad y hay muchas instituciones que pueden solucionar estos problemas“.

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