Emprendimientos con techos de cristal - Efecto Cocuyo

Emprendimientos con techos de cristal

Susana Reina | @feminismoinc

Psicóloga. Magister en Gerencia de Empresas. Coach Ontológico Empresarial. Directora Fundadora de feminismoinc.org Venezolana. Feminista. IG: @feminismoinc

La capacidad para desarrollar una idea hasta verla puesta práctica es admirable. Pero si además, esa idea te da dinero y puedes vivir de ella, es doble, triplemente entusiasmante. Hay que tener mucho empeño y coraje para arriesgar dinero, tiempo, relaciones y todo tipo de recursos, además de renunciar a un trabajo estable, para ponerse a perseguir un sueño.

En el caso de las mujeres, quizá por aquello de la conciliación familia y trabajo, así como para generar más ingresos familiares, fundar una empresa luce como una salida ideal, ya que no requiere atarse a horarios ni jefes. Impone otros sacrificios pero da la opción de flexibilidad horaria y agenda propia, todo un sueño para muchas.

Existe literatura abundante en esta materia llena de  lecciones sobre competencias claves para emprender, con casos de éxito documentados y  teorías recientes acerca de la gerencia del emprendimiento. Cada vez hay más freelancers (independientes) que no quieren empleo sino trabajo por cuenta propia.  Aumentan los franquiciados a nivel mundial. Todo parece indicar que por aquí van los tiros en cuanto a fuerza laboral presente y futura se refiere.

El nivel de emprendimiento femenino creció 13% en todo el mundo durante 2017, “lo que refleja el impulso de la representación femenina en los sectores público y privado en muchas regiones del mundo”, tal y como manifiesta la vicepresidenta ejecutiva y directora de atención al cliente de la compañía de ordenadores Dell, Karen Quintos, en el estudio Women Entrepreneur Cities Index 2017.

Según una publicación de The Boston Consulting Group y MassChallenge, las startups fundadas por mujeres generan el doble de rentabilidad que las de los hombres, a pesar de recibir menos financiación. Para la investigadora y coautora del estudio, Katie Abouzahr, “es realmente sorprendente la efectividad de las startups fundadas o cofundadas por mujeres, que son capaces de convertir un dólar de financiación en un dólar de ingresos”.

Sin embargo, otros reportes no son tan alentadores sobre los resultados vistos a la fecha, por lo menos en Iberoamérica. Leemos en algunos órganos especializados en la materia que las mujeres crean empresas pero no las consolidan, muchos bancos no las toman en serio, y algunas tienen no pocos tropiezos para llevar adelante sus emprendimientos.

Según un informe sobre el impacto de los microcréditos  del Instituto de Innovación Social de ESADE en España,  los datos han demostrado que “a pesar de que el perfil de las mujeres emprendedoras es similar al del hombre emprendedor, existen algunas diferencias en lo relativo a las características de las empresas puestas en marcha por unos y otros. Así, las empresas creadas por mujeres emprendedoras suelen ser de menor tamaño y potencial de crecimiento que las creadas por hombres, con un menor potencial de internacionalización, y se sitúan de manera más frecuente en el sector de servicios y en el comercio. Además, las mujeres emprendedoras proceden en mayor porcentaje de una situación previa de paro, lo cual explica por qué las mujeres suelen realizar emprendimientos más por necesidad que por oportunidad, como es el caso de los hombres”.

Emprendimientos en red

Es un poco descorazonador leer todo esto, pero aun así quiero creer que tenemos una puerta abierta para probar si por esta vía tenemos más chance de alcanzar paridad que en la empresa tradicional. Si bien seguimos apostando para hacer todo lo que sea necesario por romper el techo de cristal en las empresas, esta opción más abierta y novedosa aún en construcción, puede representar un espacio conquistable con lo que ya hemos aprendido en otros terrenos.

A las emprendedoras les aconsejo usar todas las fuentes de ayuda que tengan a la mano para avanzar y solidificar sus emprendimientos, unirse a redes de mujeres emprendedoras, capacitarse en negocios, averiguar sobre fondos que financien nuevas empresas, pedir crédito a los bancos, estudiar casos de éxito que los hay, entre otras estrategias de empoderamiento.

Estoy segura de que las nuevas generaciones de mujeres vienen equipadas con lo que se necesita para lograrlo y están aprendiendo de las veteranas y veteranos en estas lides.

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