Liga de criminales pone de rodillas a la justicia en Venezuela

Ibis León / @ibisL Luego de la balacera en la Colina de Los Telares de Palo Grande, en Caricuao, la gente tenía miedo de salir a recoger a sus muertos. Esa noche del 20 de abril, los asesinos de Elio Arcia, de 28 años de edad, amenazaron con sus armas a los presentes y asesinaron a Jesús Bello y a Luis Enrique Molina por tratar de ayudar a Arcia, a quien intentaron incendiar después de fallecido. Los habitantes de la zona contaron que todos los fines de semana son víctimas de balaceras que dejan siempre un saldo fatídico. Los delincuentes armados imponen su ley y nuevos códigos de convivencia en las barriadas.  En los últimos años, el desmoronamiento de las instituciones del Estado ha generado una extensión del ámbito de acción de los denominados “señores de la guerra”, explica el sociólogo y antropólogo, Enrique Alí González. “No hay fortaleza en la institución de justicia. El mismo Gobierno declara que 96% de los casos no se investiga; entonces, los señores de la guerra empiezan a imponer sus normas en las microsociedades de las que se apropian. Tenemos el caso de la banda de El Picure en Guárico, él es un señor de la guerra”, afirma. El experto recuerda el modus operandi de las “bacrim”, bandas criminales que operaban en Colombia a punta de pistola y armas de guerra en capitales como Buenaventura. Secuestraban y ejercían un control feroz sobre los habitantes que iba desde el pago de peaje para transitar en la zona hasta el “toque de queda”. “En Venezuela está ocurriendo algo parecido a lo vivido en Colombia, incluso los pranes manejan estas bandas desde las cárceles. Cada microsociedad tiene sus propias leyes de convivencia impuestas por el que tiene más fuerza (…) Se trata del paroxismo de la ola de violencia, porque ante la sociedad los que delinquen se consideran superiores al resto no sólo porque no caen presos, sino porque sienten que pueden ejercer su poder en cualquier ámbito de la sociedad”, dice. El mismo día, el 20A, un tiroteo acabó con la vida de cuatro personas en el barrio Jose Félix Ribas de Petare. Ninguno de los fallecidos superaba los 30 años de edad. El móvil: se les negó el acceso a una fiesta que se realizaba en la localidad. Siete personas también resultaron heridas, una de ellas es una niña de 12 años. Estas muertes suman 26 víctimas en tres días (viernes 18, sábado 19 y domingo 20) de acuerdo con una nota de prensa publicada en El Nacional.

La criminóloga, psicóloga social e investigadora del Centro de Estudios de Desarrollo de la UCV, Magally Huggins, señala que entre las diversas formas de violencia que existen en Venezuela, además de la violencia extrema representada en el homicidio, se ejecuta la violencia simbólica.“ (…) cuando ofendes públicamente a tu adversario, a través de los medios de comunicación, estás modelando una manera de relacionarse con el que piensa distinto a ti y lo conviertes en tu enemigo y los enemigos son para liquidarlos”.

7millones

De acuerdo con una investigación que adelanta Huggins con data de Min- Salud, desde 1996 hasta 2012 (las cifras más recientes publicadas por el ministerio) han fallecido alrededor de 200 mil venezolanos, lo que significa que al menos 7 millones de personas han sufrido el dolor de una muerte por arma de fuego si se considera que alrededor de la víctima hay 40 personas entre su núcleo familiar y su entorno social que se ven afectadas directa o indirectamente.

La criminóloga también mencionó que los adolescentes varones están más propensos a imitar conductas criminales.
Huggins afirma que la ola de asesinatos de policías no sólo obedece a la intención de demostrar fuerza, sino que el criminal envía un mensaje a la sociedad a la que le dice “a modo de advertencia” que deben someterse porque la fuerza policial está debilitada.
“Estamos generando una sociedad muy cargada de odio y de venganza. Antes los malandros no actuaban en su zona, pero hoy en día la gente está pagando peaje a los malandros para poder circular por su barrio y los ranchos se están convirtiendo en fortalezas, las familias del que mata y del que asesinan viven en los mismos barrios (…) Es necesario un trabajo muy largo para reconstruir el tejido social, pero tengo fe de que sí se puede, porque si tomamos en consideración que 80% de los venezolanos vive en barriadas, y en condición de pobreza, nos damos cuenta de que, aunque hay un grupo muy dañido y visible, no todo está perdido”, concluye. La experta enumeró una serie de pasos para reducir la criminalidad:
acciones
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