Fabiola tiene menos de 3 años y no entiende de escasez de medicamentos para la leucemia

Estar 29 días hospitalizada en una camilla no le borra la bella sonrisa a Fabiola, una niña de 2 años y 8 meses, diagnosticada con leucemia linfoblástica aguda el 7 de agosto de este año. Además de sumar fuerzas para mantenerse en pie de lucha por la salud de la pequeña, la familia debe lidiar con la búsqueda de los medicamentos recetados por el médico para el tratamiento. Marta Navas, la abuela, dice que ha sido una tarea difícil: de los 7 fármacos solo 4 fueron obtenidos a través de las farmacias de alto costo del Seguro Social de Caracas. El resto se los donaron luego de hacer una campaña de servicio público en las redes sociales, porque no los consiguieron en ningún sitio.

“La niña empezó con fiebre, la llevamos a su pediatra y dijo que era un virus, pero siguió con molestias. En las noches lloraba, porque le dolían las piernitas. Fuimos de nuevo y nos refirieron a una hematóloga del Hospital Pérez Carreño que sí acertó en el diagnóstico”, contó Navas sobre la travesía con la pequeña. A pocos días de la evaluación fue hospitalizada en el mencionado centro y enseguida empezó el primer ciclo de quimioterapias que culminará esta semana, al cumplirse 32 días interrumpidos de suministro de fármacos.

La quimioterapia consta de un número elevado de medicamentos para enfrentar la enfermedad. En el caso de Fabiola fueron siete, pero el Cardioxane, la Carnitina o la Epirubicina no los encontraron en ninguna farmacia, ni en las especializadas como la de del Seguro Social ubicada en Los Ruices. Lorena, la madre de la niña, con ayuda de familiares y amigos, puso a rodar en las redes sociales fotos con la solicitud de los medicamentos y desde Valencia y Maracay le llegaron donaciones. “Me las envió gente que las tenían en su casa y que por suerte no habían vencido”, explicó.

Pero la felicidad no se le quita a la pequeña, insistió su abuela. “A la tercera semana se le empezó a caer el cabello y, en vez de lamentarse, ella se reía; se lo jalaba y, con el cabello en manos, se reía”, recordó la abuela. Todo lo contrario fue la reacción de su compañerito de cuarto en el hospital, que lloraba y lloraba por la misma razón. “Ella lo animaba y le decía que no se preocupara, que el pelo le iba a quedar como el de ella”, comentó.

Lorena, maestra de profesión, no duda en definir a su hija como una niña feliz, bochinchera, que le encanta bailar “y es la consentida de la casa”. Según su abuela, la pequeña solo llora cuando le toman la vía, que es lo usual en niños de esa edad. Ha afrontado la enfermedad con mucha valentía, dijo.

En tres semanas empezará el próximo ciclo de la quimioterapia, por lo que la preocupación para conseguir los medicamentos vuelve. “Vamos a ver si esta nueva lista la conseguimos”, dijo Lorena.

En el Pérez Carreño les proporcionaron fármacos antibióticos, también gran parte de los exámenes médicos que necesitó se los realizaron allí. “Los únicos que tuvimos que hacer por fuera fueron los de la médula, uno salió en Bs. 10 mil y el otro en Bs. 5 mil y pronto tendré que volvérselos a hacer para compararlos”, explicó la madre, quien ve esta situación como una enseñanza de la vida.

“Esta experiencia nos ha unido como familia”, dice Lorena, esperanzada y con fe de que su hija recuperará la salud y podrá disfrutar de su niñez.

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