“El Titi” se perdió entre el malandreo y el cóctel de la muerte (4)

Cumplió los 17 años y cayó en las drogas. Se encompinchó con los malandros de su barrio, El Macuto, al sur de Barquisimeto, y empezó en el mundo hamponil. Yender Josué Briceño (23), apodado “El Titi”, fue uno de los 38 reos que fallecieron intoxicados por consumir el cóctel de medicamentos.

Varios presos prepararon el brebaje mortal la noche del 24 de noviembre en la cárcel de Uribana.  “El Titi” estaba en el Módulo Tres, asaltó la farmacia y decidió probar el menjurje. Esta acción lo llevó a la muerte.

El Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) capturó a Briceño el 22 de febrero de 2013. Tenía una solicitud por estar implicado en el homicidio del transportista Franklin Vicente Pérez (47), perpetrado en la vía principal del barrio Macuto el 8 de enero de ese mismo año.

“El Titi” y su compinche apodado “El Mono” pelearon con el transportista y su hijo. El transportista les reclamó porque intentaron robarle “el rapidito” a su hijo. “Somos del barrio y eso no se hace”,  señaló Franklin.

Los hampones se molestaron y juraron asesinarlos. El 8 de enero de 2013 pasaron a bordo de una moto y mataron al trabajador que estaba al frente de su unidad, a punto de irse a cumplir su ruta. “Él conocía a Dios, pero las malas juntas lo llevaron a eso”, comentó el tío de “El Titi”, José Gregorio Jiménez.

Asomado en la reja de su casa, José recuerda que el muchacho al cumplir la mayoría de edad se fue a vivir con una novia. Estaba entre el barrio Las Sábilas, al norte de Barquisimeto, y El Macuto, donde vivía su abuela, que fue quién lo crió.

Por andar en el “malandreo” no podía tener una vivienda fija. Pero en Uribana, a pesar de que estaba encerrado, sus familiares juraban que estaba a salvo por el régimen penitenciario. Pero no fue así. “Dios tiene el control y él se encargará de hacer justicia” , dice José Gregorio.

En medio de la charla recuerda que a él también le mataron a un hijo en Uribana, José Francisco González que era primo de “El Titi”. A José lo asesinaron a tiros a finales de 2012 con 24 años de edad.

La familia está marcada por las muertes violentas y las drogas. “La juventud se pierde en las drogas, uno les da valores y bases cristianas, pero a veces los vicios pueden más”, agrega José Gregorio al tiempo que se encoge de hombres. Está resignado.

Foto: Frank Alfaro

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