Una semana de viaje para cosechar cebollas: la historia de un Cacique de la etnia Jivi - Efecto Cocuyo

SOLAZ · 14 MAYO, 2021 06:15

Una semana de viaje para cosechar cebollas: la historia de un Cacique de la etnia Jivi

Texto por Reynaldo Mozo Zambrano | @reymozo

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A unos kilómetros del pueblo de Barbacoas, estado Aragua, se encuentran sembradíos de cebollas y otras hortalizas. Son las 6:00 am, y entre los campos verdes, bañados por los reflejos de una luz cálida amarillenta, destacan a lo lejos unos hombres que caminan entre las parcelas y surcos de los sembradíos. Son los primeros en llegar y los últimos en irse. Uno de ellos se acerca al camión Ford 350, lleno de obreros madrugadores, para hablar con el conductor y dueño de las tierras.

En el diálogo, directo y conciso, un hombre, de aproximadamente 28 años, de piel café oscuro, ojos redondos, con una camisa manga larga, les explica cómo va el sembradío de cebollas. Es Jhonny, el cacique de una tribu indígena.

Jhonny Guerrero es un cacique de la etnia Jivi, del estado Amazonas. Tiene seis hijos, una esposa y es el líder de su comarca, compuesta por 26 indígenas. A donde él va, los demás lo siguen fielmente. Es su deber.

cebollas

Desde hace unos años, cada octubre, Jhonny viaja desde su hogar en Amazonas hasta el sur del estado Aragua. Un recorrido de 800 kilómetros, para trabajar en los cebollares que se esparcen por las tierras del municipio Rafael Guillermo Urdaneta.

Pero, desde que inició la cuarentena por el COVID-19, su travesía se vio accidentada por escollos, falta de transportes y seguridad.

Desde que tiene memoria, Jhonny trabaja la tierra. Es su tradición y su modo de sustento ante la escasez, desamparo y desempleo en un país que atraviesa por una emergencia humanitaria compleja.

Su piel tostada por el sol revela el arduo trabajo que le ha dedicado a las tierras. Desde niño aprendió a cosechar, a arrancar monte y a amar la agricultura.

Jhonny, junto a los miembros de la tribu Jivi, se desplazan todos los años hasta los llanos venezolanos para realizar las labores de agricultura.

Antes de los problemas ocasionados por la pandemia, el cacique iba con tranquilidad a Barbacoas, en los autobuses junto a su tribu. Ahora, tuvo que pedir cola y caminar. 

Normalmente, un viaje en carro puede durar hasta 12 horas. Pero, en octubre de 2020, cuando emprendió su camino, le tomó una semana en llegar a su destino.

“Cuando no existía la cuarentena siempre veníamos en autobuses, pagamos nuestros pasajes, pero como la cuarentena ha sido tan difícil, fue duro para poder llegar para acá, y este año nos trasladamos fue por la necesidad”, dice el cacique, de 28 años de edad, mientras supervisa a los miembros de la tribu que lo ayudan a limpiar el cebollar.

El accidentado viaje no impidió que Jhonny llegara con su pueblo a Barbacoas. Pero, describe con detalles lo accidentada que fue su odisea. Alcabalas de funcionarios policiales y militares, camiones que a muchas veces no se detenían y pasar la noche en vela a orillas de las carreteras.

“Le pedíamos a los funcionarios que nos dejaran pasar, que íbamos a trabajar unas tierras al sur del estado Aragua y así fue que pasamos”, cuenta.

En todo el camino, Jhonny y su tribu fueron detenidos por 12 puntos de control policial. Los requisaban, se les pedía el documento de identidad y partidas de nacimiento de los niños y niñas que viajaban con él.

“Yo soy casado y tengo seis hijos. Fue bastante duro viajar con ellos porque no es fácil dormir cerca de una carretera o al lado de una alcabala policial”, explica.

La jornada

Con una gorra para protegerse del inclemente sol, una camisa de mangas largas sobre una chemise roja, Jhonny se planta desde las 6 am y empieza su jornada laboral. Él y su tribu deben limpiar las plantaciones de cebollas que fueron invadidas por el monte tras caer tres repentinos palos de agua sobre la siembra.

“Cortamos el monte para que las cebollas pueda recibir los rayos del sol y para que crezca fuerte y sana”, se refiere a la hortaliza como si de una persona se tratase.

Los Jivis conocen mejor que nadie las tierras agrícolas de Aragua, pasan hasta ocho meses al año trabajándolas. Jhonny lo confirma.  Se volvió una costumbre. Desde enero hasta junio, temporada de siembra en Aragua, la tribu se instala a las afuera del pueblo, hasta nuevamente desplazarse al Amazonas. Su hogar.

“Ya conocemos estas tierras; las siembras, las cebollas, el tomate, el ají, todo lo que siembran por aquí ya conocemos todo eso”, explicó el joven indígena.

No son forasteros

La llegada de los indígenas a tierras agrícolas es bien recibida por los encargados y dueños de las fincas y haciendas. Son reconocidos en todo el llano por el excelente trabajo que desempeñan en la tierra. Sin embargo, pese a ser diestros en la agricultura, muchas veces son mal pagados.

Al llegar del Amazonas, los Jivi instalan sus campamentos cerca de las tierras que van a trabajar, alejados del resto de la población. Suelen ser amigables y cordiales, su meta es trabajar para luego regresarse a sus tierras.

Una vez instalados en las tierras cercanas del sembradío, Jhonny va directamente a las casas o terrenos de sus antiguos jefes y le piden trabajo. No dudan en contratarlos. La buena fama que sigue a los Jivis les deja una puerta abierta.

“Nosotros antes hemos trabajado con ellos (dueños de cultivos) y ellos nos vuelven a dar empleo, creamos nuestros campamentos y nos asentamos hasta que terminemos nuestro trabajo con las cebollas o el fruto, u hortaliza que se siembre. Los patrones siempre nos han ayudado, siempre hemos llegado directamente del amazonas”, explica el cacique mientras supervisa a sus súbitos.

Aunque algunas tribus indígenas suelen llegar a ser un poco cautelosa para hablar con los habitantes de los pueblos a los que llegan, los Jivis son un grupo civilizado y tranquilo. “Hay otras etnias que suelen ser celosas y poco se comunican con las personas que no son indígenas. Nosotros tratamos a las personas con respecto y recibimos el mismo trato”, dice entre risas.

Un hogar atrás

Aunque se desplazan por necesidad, para estos integrantes de la etnia Jivi, es difícil dejar el Amazonas, donde tienen sus casas, sus familias y sus cultivos.

“Extraño mucho el Amazonas, los meses que uno se viene para acá uno abandona la casa, lo que uno tiene sembrado por allá”, dice.

En su tierra natal siembran yuca amarga, hortaliza favorita de los Jivi; el principal ingrediente para hacer casabe y mañoco. En su hogar también hacen la catara y sacan almidón.

Los Jivis son conocidos por tener cultivos de yuca dulce, caña de azúcar, ñame, ocumo, las batatas y el merey.

En los pocos ratos libres que tienen los Jivis descansan y salen a cazar y a pescar, una de las actividades que más disfrutan hacer.

Aunque extraña su hogar, Jhonny, su esposa y sus seis hijos viven provisionalmente en una modesta casa ubicada en las parcelas, junto a ellos la tribu cuida de los extensos cebollares de Barbacoas y esperan con ansias que llegue el mes de junio para regresar a su Amazonas.

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