La tormenta solar que averió el sistema mundial de telégrafo en 1859

CIENCIA · 5 NOVIEMBRE, 2021 06:05

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Rosmina Suárez Piña


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No hay dudas. El Sol está vivo.

De hecho, sus manchas les indican a los científicos cuándo se despierta.

Desde el siglo XVII, los científicos utilizan telescopios para observar el Sol, pero en la actualidad los satélites de la NASA y la Oficina Nacional de Administración Atmosférica y Oceánica (Noaa, en inglés) de Estados Unidos, son los principales encargados de observar a nuestra estrella local casi en tiempo real.

Cada 11 años, hay un cambio periódico en la actividad de las manchas solares, medido por una variación en el número de manchas solares observadas. Es lo que se conoce como ciclo solar.

En diciembre de 2020, el Sol finalizó su ciclo solar número 24 y entró en su ciclo solar 25, del cual la Tierra ha podido ser testigo de varias erupciones solares, o poderosas explosiones de radiación, que derivan en tormentas geomagnéticas fuertes o leves, como las de esta última semana.

Esa radiación, no puede atravesar la atmósfera terrestre ni afectar a los humanos. Sin embargo, cuando es lo suficientemente intensa, puede perturbar las comunicaciones de radio y, en pocas palabras, comienza a interactuar con nuestra atmósfera hasta tener el potencial de alejar la aurora de su residencia polar normal como para que se vea en otros países del globo.

Pero, ¿sabías que hubo una tormenta solar tan fuerte que averió las comunicaciones mundiales por telégrafo?

Carrington, la tormenta solar más fuerte de la historia

Si esta tormenta se produjera hoy día, podría originar graves problemas en las comunicaciones e, incluso, en la red eléctrica.

En 1859, el sistema de comunicación era el telégrafo, que estaba dando sus primeros pasos y recibió daños severos.

Vamos a la historia.

El jueves 1 de septiembre de 1859, el astrónomo Richard Carrington, de 33 años, se encontraba en su observatorio privado. Era reconocido como uno de los astrónomos solares más importantes de Inglaterra.

En ese entonces, no había astrofotografía como la conocemos o hacemos en la actualidad, con cámaras. Como de costumbre en días soleados, a las 11:18 am de ese 1 de septiembre, el telescopio de Carrington proyectaba una imagen del Sol y él dibujaba las manchas solares que veía.

Manchas solares dibujadas por Richard Carrington el 1 de septiembre de 1859. | Fuente: Royal Astronomical Society

Esa mañana, dibujando el enorme grupo de manchas solares, de repente: “dos brillantes gotas de luz blanca cegadora aparecieron sobre las manchas solares, se intensificaron rápidamente y adquirieron forma de riñón”.

En su diario, Carrington escribió: “Corrí apresuradamente para llamar a alguien para que presenciara la exposición conmigo. Al regresar en 60 segundos, me mortificó descubrir que ya estaba muy cambiado y debilitado”.

Sin embargo, él y su testigo vieron cómo las manchas blancas se contraían hasta convertirse en simples puntos y desaparecían.

Solo habían pasado cinco minutos.

Luego de ese evento, justo antes del amanecer del día siguiente, en todo el planeta se observaron auroras rojas, verdes y púrpuras tan brillantes “que los periódicos se podían leer tan fácilmente como a la luz del día”, registra la NASA.

Eran tan impresionantes que se observaban incluso en latitudes casi tropicales sobre Cuba, las Bahamas, Jamaica, El Salvador y Hawái.

Se averió el telégrafo

Mientras el mundo disfrutaba de auroras en el cielo, todos los sistemas de telégrafo “se volvieron locos”. Hasta hubo chispas que sorprendieron a los operadores, porque era capaz de prender fuego al papel telegráfico.

Debían desconectar las baterías que alimentaban las líneas, aunque las corrientes eléctricas inducidas por las auroras en los cables aún permitían la transmisión de mensajes.

Lo que Carrington observó fue la tormenta geomagnética más grande, hasta ahora, en los registros. Por ello, recibió su nombre, ya que fue el primero en observarlo.

Al ser un evento temporal, posteriormente, las comunicaciones volvieron a la normalidad, aunque no se sabe con exactitud de cuánto fueron las pérdidas.

¿Cómo sería si ocurriera un evento así en la actualidad?

En 2013, un estudio de Lloyds of London, citado por la Noaa, predijo que una tormenta espacial más extrema podría afectar, solo en Estados Unidos, entre 20 y 40 millones de personas y causar hasta 2.6 trillones de dólares en daños. Sin contar que la recuperación demoraría hasta dos años.

De acuerdo con el Observatorio de Dinámica Solar (SDO) de la Nasa, las líneas eléctricas y los cables telefónicos de larga distancia podrían verse afectados por las corrientes aurorales. A su vez, los radares, teléfonos celulares y el GPS podrían verse afectados por el ruido solar.

Diversos expertos afirman que es poco lo que se puede hacer para proteger los satélites de presentarse un evento como el de Carrington, aunque los humanos no resultarían afectados.

Las posibles soluciones o alternativas de protección van desde la renovación de la red eléctrica, mejorar las predicciones y, lo más básico: apagar los transformadores antes de la tormenta solar, pues la ventaja es que, además de que ya pueden estudiar la dinámica solar en vivo, las tormentas suelen terminar en un par de horas.

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Con información de Nasa, Noaa y National Geographic