La estrella de Belén, ¿una casualidad astronómica?

CIENCIA · 11 DICIEMBRE, 2020 06:30

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Rosmina Suárez Piña

Foto por Ilustración: Miguel Rodríguez

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Muchos conocemos, entre las historias de Navidad, que los Tres Reyes Magos de Oriente siguieron una estrella en el cielo, que les guio el camino hasta Jesús, el rey recién nacido.

Y en los últimos días, se ha informado que “después de 800 años, la ‘estrella de Belén’ volverá a verse” en el cielo el 21 de diciembre de 2020, relacionando el evento con la “gran conjunción” de Júpiter y Saturno esa noche.

Pero, a ciencia cierta, todavía no se sabe qué es.

La estrella de Belén sigue siendo uno de los grandes misterios que envuelve el nacimiento de Jesús, ya que los evangelios –que narran el acontecimiento- difieren y no se conoce con exactitud el año en que sucedió.

Con minuciosos registros romanos, investigadores señalan que el nacimiento no pudo ocurrir después del año 4 a. e. c., cuando murió Herodes el Grande, mencionado en la Biblia como el gobernador de Judea en ese momento; y otros astrónomos estiman los años 6 a. e. c. y 7 a. e. c.

Todos utilizando métodos astronómicos.

Sin embargo, hay teorías que intentan explicar si la simbólica estrella se trató de un increíble evento astronómico: ¿fue una estrella en sí, una supernova o una gran conjunción como la de Júpiter y Saturno?

Una gran conjunción planetaria

Según el astrónomo y matemático alemán Johannes Kepler (1571-1730), descubridor de las leyes de los movimientos planetarios, la “estrella de Belén” pudo ser una conjunción planetaria entre Saturno y Júpiter, probablemente parecida a la que ocurrirá este 21 de diciembre.

Pero, esperen, porque se han registrado al menos 16 conjunciones planetarias en esa época: nueve entre el año 7 y el 1 e. c.; y siete entre el año 3 y 2 a. e. c.

De esas, una de ellas ocurrió en el año 2 a. e. c. con los planetas Júpiter y Venus, de los más brillantes, muy cerca de la estrella Regulus, en la constelación de Leo. Otra conjunción de esos planetas ocurrió en el año 3 a. e. c.

Por otra parte, el 25 de febrero del año 6 a. e. c., ocurrió otro fenómeno celeste: Júpiter y Saturno estaban muy cerca, pero Marte se ubicó entre los dos. Kepler observó el fenómeno entre el 19 y el 24 de diciembre de 1603, con los planetas en conjunción: Júpiter, Saturno y Mercurio.

Luego de diversos cálculos, Kepler concluyó que este fenómeno se repetía cada 805 años y que había sucedido entre los años 7 y 6 a. e. c. con los planetas gigantes, pero en esta última fecha Júpiter pasó solo una vez cerca de Saturno y no tres veces como la registrada en el año 7 a. e. c., por lo que fue considerado como un evento raro.

Además, hay otro detalle: muchas conjunciones planetarias se habrían visto en dirección a occidente, pero Belén (Nazareth) está ubicada al suroccidente de Jerusalén, de donde venían los Reyes Magos del relato.

Un cometa

Para la época cercana al nacimiento de Jesús, la palabra “estrella” definía una variedad de objetos y eventos estelares. De ahí, que también surja la teoría de que la Estrella de Belén se trate de un cometa, en vez de una estrella.

Los cometas son cuerpos celestes compuestos por hielo, polvo y rocas, que orbitan alrededor del Sol. De hecho, cuando comienzan a acercarse a nuestra estrella local, parte de sus materiales comienzan a desprenderse y forman una nube alrededor de su núcleo llamada “coma”.

Para finalizar su estructura visible, están las colas del cometa, que miden millones de kilómetros de largo.

De acuerdo con investigaciones, algunos cometas pudieron observarse en los años 5 y 6 a. e. c.; y el conocido cometa Halley apareció en el año 12 a. e. c., con mucha diferencia del año estimado del nacimiento de Jesús.

Y en ese entonces, los cometas eran vistos como mensajeros de fatalidad.

Una supernova

Esta es una de las grandes teorías: una explosión estelar visible a simple vista. Una supernova es, en pocas palabras, el “último grito” de una estrella masiva moribunda, que ocurre cuando una estrella de al menos cinco veces la masa de nuestro sol explota masivamente.

Pero, en los últimos mil años se han registrado apenas cuatro supernovas en nuestra galaxia, la Vía Láctea y tampoco hay registros históricos de ello, ni restos en el cielo.

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Sin duda, lo más cercano a responder qué fue la Estrella de Belén, teniendo en cuenta las pocas estimaciones del nacimiento de Jesús, son las conjunciones planetarias: Júpiter era relacionado con un rey y Saturno simbolizaba o representaba al pueblo judío.

Aunque no sabemos si se trata de la Estrella de Belén, lo cierto es que el 21 de diciembre podremos disfrutar de Júpiter y Saturno, tan juntos, que parecerán uno solo a simple vista: un evento que no volverá a suceder hasta los años 2080 y 2100.

Lo más probable es que el misterio de la “Estrella de Belén” persista, pues las únicas herramientas para investigar al respecto son limitadas: programas de simulación de astronomía y la misma Biblia.

*a. e. c.: antes de la era común