Cómo reconocer si estás en una relación tóxica

SOLAZ · 12 FEBRERO, 2021 06:30

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Reynaldo Mozo Zambrano | @reymozo


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Tóxico y tóxica es una palabra que recientemente s se ha usado para describir los altibajos de una relación amorosa. El término lo vemos a diario en publicaciones de redes sociales, memes y hasta en prendas de vestir: “Yo amo a la tóxica, yo a mi tóxico”.

Pero la palabra tóxico (a) no es un término que se deba utilizar a la ligera, solo porque está de moda bajo riesgo de banalizar su gravedad.

La  psicoterapeuta de parejas y familia Geraldine Morillo explica que  una relación es realmente tóxica cuando hay una asimetría en el ejercicio del poder.

Morillo explica que las relaciones tóxicas suelen estar caracterizadas por violencia, maltrato, abuso, acoso y dinámicas psicopáticas.

“Creo que la palabra tóxica la estamos utilizando de más. Algo parecido a cuando decimos: ´Tengo una depresión´o ´Soy bipolar´”, explica la experta en terapia de parejas.

La experta asegura que es normal tener altibajos en las relaciones sentimentales, ya que estos son parte del movimiento natural del vínculo con otro ser humano; pero hay que estar atentos a la frecuencia e intensidad de las dinámicas que pueden  generar malestar y sufrimiento a uno de los miembros de la relación.

“De una relación tóxica sale una relación muy peligrosa desde el punto de vista emocional y físico. Es muy importante protegerse e incluso considerar salir de la relación”, recomienda.

Dinámicas tóxicas

Es importante tener bajo la lupa las dinámicas que hacen que una relación de pareja se convierta en todo un tormento. En ocasiones, las personas normalizan estás rutinas y creen que las mismas son partes de la relación amorosa.

Morillo señala que una dinámica muy tóxica, uno o ambos miembros de la relación se hacen sentir mal, se desmoralizan, se intimidan, ejercen control y se revisan los teléfonos celulares por desconfianza.

Esto suele incrementarse cuando ha habido una infidelidad o se sospecha de alguna, pero el problema crece cuando estas características se convierten en un patrón habitual y no en uno episodio eventual.

“Eso le pude pasar a cualquier pareja, pero es diferente a que sea un patrón habitual, un control absoluto de lo que el otro hace. Son dos cosas muy distintas, y quizás, en una aplica probablemente hasta un escenario de terapia de pareja o familia, por alguna situación transitoria donde la confianza se resquebrajó, hay un tema de consenso y no de control de uno sobre otro”, asegura.

Morillo reitera que si una persona está involucrada sentimentalmente con alguien que lo haga sentir mal sobre sí mismo, que lo hace dudar de sus propias capacidades, que la maltrata física o emocionalmente, que intimida, que  chantajea y  manipula, no se está en una relación segura.

“Si hay alguien que no se alegra de mi alegría continuamente, probablemente esa persona no me quiera bien y allí es donde viene la distinción. Si yo establezco una relación con alguien, claro que esa es una relación de prioridad”, dice.

Para la experta en terapia de pareja, vincularse sentimentalmente con otra persona va de la mano con sentirse seguro, que se cuenta con alguien disponible, que hay alguien que puede responder  y que se compromete. “Cuando eso no pasa, es importante que se prendan las alarmas”, especifica.

¿Prioridad o exclusividad?

Hay que tener claro estos dos términos al momento de estar en una relación de pareja. Es diferente ser la prioridad de alguien a ser la exclusividad de alguien.  Es decir, cuando alguien quiere limitar los contactos de su pareja con amigos y familiares hay un signo de alarma.

Pero cuando se habla de controlar, de no hablar con alguien que el otro no quiera, se está en una etapa de exclusividad y no de prioridad. “Pedir permiso a mi pareja, es diferente a lo consultarlo, lo consensuarlo”, indica Morillo.

La psicoterapeuta expone que es diferente el consenso entre dos adultos a decir por ejemplo, me dejas ir, porque esta última pero común frase establece que hay una relación como de sumisión o de asimetría. “Mi pareja no me deja ir, esas son cosas que generarían signos de alarmas”.

Morillo deja claro que no es sano que en una relación de pareja un miembro quiera avanzar en un contacto sexual y el otro no quiera, aunque las relaciones sexuales son dinámicas de parejas, debe existir un consenso mutuo porque si no se convierte en un abuso. “Allí estaríamos ante situaciones de abusos y toxicidad y no como fricciones normales que pueda tener una pareja”, dice la experta.

La psicopatía

La dinámica más grave en una relación tóxica es la psicopatía. La características de estas personalidades psicopáticas tiene que ver con el vínculo que el psicópata crea con la víctima para beneficio personal, sin impórtale la vinculación amorosa.

La característica más común en este tipo de personas es el narcisismo y esto hace que el riesgo sea  mayor, tanto así que Morillo explica que hay pocas contraindicaciones para la terapia de parejas cuando uno de los involucrados tiene estos trastornos de personalidad.

“Cuando hay violencia relacional o física, allí no aplica la terapia de pareja, aplica el trabajo psicoterapéutico individual”, añade.

Morillo dice que cuando hay características así, de psicopatía, de utilizar al otro para su propio beneficio, de deslealtad, de no conectarse empáticamente desde la emoción del otro, de que no le interesa mucho el otro,  el riesgo debe ser muy alto. En esta al miembro vulnerable de la pareja le corresponde hacer algo delicado y doloroso para muchas personas, aprender a protegerse incluso de las personas que quieres y de quien esperarías de que te protegiera de situaciones muy particulares que te pueden llevar a violencia domestica e incluso hasta un feminicidio.

Los celos

La experta en terapia de parejas expone que en una relación de amorosa los celos no siempre son motivos de alarma, porque podría ser la manifestación humana de tener miedo de perder a alguien.

“Por ejemplo si somos hermanos tenemos fricciones por el amor de los padres; los celos forman parte de las dinámicas humanas. El tema es que hay quien dice quien no cela no ama, si yo estoy seguro del amor del otro y si ese otro está comprometido conmigo y me responde cuando necesito, no tengo nada que temer, probablemente esos celos no se manifiesten de una manera muy intensa no es frecuente”, señala Morillo.

La terapeuta añade que incluso si no hay respuesta de parte del otro los celos pueden ser como un reclamo de sobrevivencia de la relación, de mírame, atiéndeme, quiéreme, aquí estoy, en una relación sana donde hay disponibilidad, responsabilidad y vinculación de las dos partes. “Probablemente los celos pudieran ser episódicos puntuales, pero no la norma”.

Es importante comprender que las parejas pueden superar sus dificultades con apoyo psicoterapéutico, que aunque la solución no es instantánea, implica trabajo de ambas partes, el compromiso de querer estar mejor y comprender que los llevó al momento donde están.

“A veces la solución no es cambiar de pareja, sino construir una nueva relación de pareja con la misma persona porque puede cambiar de pareja y puedo seguir repitiendo el mismo patrón”, recalca.

Una característica muy importante a destacar de las personas que son vulnerables en las relaciones tóxicas son las que tienen más dificultad para decir que no. Según Morillo, este tipo de personas pueden ser blancos fáciles de dinámicas de control y opresión, ya que las mismas pueden sentirse culpables por cosas y situaciones de las que no son responsables ni la han generado.

“Una relación de pareja, aunque no sea un escenario perfecto, es para cuidarse uno al otro”, insiste.

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