Ángel Bespín, el ímpetu de una tercera generación de amor por el campo y la agricultura - Efecto Cocuyo

SOLAZ · 26 FEBRERO, 2021 06:30

Ángel Bespín, el ímpetu de una tercera generación de amor por el campo y la agricultura

Texto por Reynaldo Mozo Zambrano | @reymozo

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A 180 kilómetros de Caracas, entre los estados Guárico y Aragua,  Ángel Bespín, tiene su hogar que no es otra cosa que la tierra misma. Ingeniero civil, de 29 años de edad, creció arrullado por el amor de su familia hacia la agricultura y la ganadería. Ya suman tres generaciones que mantienen la tradición agropecuaria para contribuir al desarrollo  del país, pese a los obstáculos y las carencias

De estatura promedio, el joven llanero se crío entre los mogotes, las lagunas, ríos y el pastoreo del ganado de la finca de su familia.

Su timidez desaparece al instante de iniciar una conversación sobre su oficio. Su voz se vuelve firme y segura. Agarra confianza. Echa mano de los tecnicismos cuando se dispone a describir su estilo de vida y de trabajo en el campo.

Siendo pequeño le gustaba montar a caballo, ayudar en la cosecha y aprender a vacunar el ganado.

“Desde allí fue naciendo mi pasión por esto y después de grande esto es lo que yo domino, lo que me gusta”, dice Bespín, en una entrevista con el equipo de Solaz de Efecto Cocuyo.

Cuando se habla de un productor agrícola o ganadero se tiene la imagen de un hombre con edad avanzada y experiencia ajada por los años, pero Bespín rompe ese estereotipo. Es un joven con una dedicación y práctica en el campo como la de un hombre mayor.

Para él, el campo es algo de gusto. Cada vez que pisa sus tierras lo disfruta, así como muchos jóvenes se entretienen yendo al cine, a un bar o a un teatro.

“En el campo yo me relajo, puedo llegar a las seis o siete de la noche a mi casa y para mi es igual. El ganado te desestresa; la siembra te desestresa; ves lo que estás haciendo y te das cuenta de que está bien, a pesar de las dificultades. Eso te alegra el día”, dice.

Ser parte de la tercera generación de trabajadores del campo lo llena de orgullo. Desde que tiene uso de razón su familia se ha dedicado de lleno a este oficio.

Sus antepasados son libros vivientes. Su padre y tíos les han inspirado y transmitido su vxperiencia para así mantener la tradición hacia las nuevas generaciones de la familia Bespín.

“Mi papá, mis abuelos, mis tíos, tienen una experiencia grande. Tengo tíos de 90 años que todavía están dedicados al campo y van todos los días. Eso es de admirar, te motivas y te dices, ´¡Cónchale! ¿yo no me puedo parar a las 6 a.m. y mi tío que tiene 90 años va a la finca y está montado trabajando?”, añade.

Esas experiencias de décadas de trabajo se han mantenido gracias al apoyo familiar. Las generaciones de trabajadores del campo de su familia traspasan el conocimiento y buscan soluciones a los problemas que pueden enfrentar los nuevos líderes familiares que trabajan las tierras del trópico venezolano.

Fusionar la ingeniería

Bespín es un hombre preparado. Aunque tenía un destino escrito como productor agrícola, decidió estudiar en la Universidad de Carabobo, Ingeniería Civil. Se graduó y aunque este tipo de carrera no va tan de la mano con la agricultura y la ganadería el joven productor supo cómo fusionarlas.

Recuerda que cuando era adolescente, algunos ingenieros agrónomos visitaban las tierras de su familia se sorprendían porque Bespín había adquirido mucho conocimiento sobre las actividades agropecuarias sin haber estudiado alguna carrera vinculada a las tierras y el ganado.

“Si bien la ingeniería civil y el campo son dos ramas distintas, desde pequeño siempre me crié en el campo, aprendí todo allí, hablaba con muchos ingenieros agrónomos que iban a la finca (…) Uno hace la práctica todos los días y eso te permite convertirte en un experto empírico”, explica Bespín.

Y es que a los 17 años ya el joven productor agropecuario sabía inseminar una vaca y había aprendido a palpar, un método que permite explorar los diferentes órganos del aparato reproductivo del animal para determinar sus estados fisiológicos y patológicos.

Su experiencia en el campo la fusionó con la aprendida en la universidad. Un ejemplo de ello es la forma de involucrarse con la infraestructura de su lugar de trabajo.

“He tratado que todas queden acordes para poder tener un buen ganado y una buena agricultura, hay que tener una infraestructura adecuada. Hago los equipos de ordeños, instalo los equipos de riegos, llevo esos cálculos y siempre le agradezco a Dios que manejo bien la ingeniería civil. Me va muy bien con los cálculos. Engrané todo”, aseveró.

Sembrar para crecer

El joven cree que el desarrollo y la inversión en el campo ayudarían a mejor la situación alimentaria del país y para eso trabaja duro.

—Si algún político te pidiera una recomendación para ayudar a crecer la economía del país ¿qué le dirías? —

Que invierta en el campo— dice sin titubeos.

Para Bespín es importante que los gobiernos ayuden a los productores con el sistema de insumos. La carencia de algunos artículos lo han llevado a improvisar y hacer de todo para seguir manteniendo la producción activa.

Hace siete años podían comprar semillas de calidad óptima para la siembra, hoy la situación es otra.  “Nos hemos ingeniado para seguir produciendo con menos fertilizantes.  Pediría a que apoyen al sector primario”, dice.

Las fallas en la distribución de combustible han hecho que muchas veces el trabajo se complique porque para los productores agropecuarios: “La siembra es como un niño que tienes en casa y tienes que llevarle comida todos los días. El día que por ejemplo no tengas gasoil, no puedes prender la bomba hidráulica y no puedes regar; ese problema de combustible hace que bajemos el rendimiento y hace que haya menos ofertas en la calle”, explica Bespín.

De seis a seis

El trabajo en el campo suele ser inclemente. Todos los trabajadores, desde el que tiene mayor al más bajo rango, se someten a temperaturas que rozan los 40 grados centígrados.

Pero estas adversidades del clima llanero no hacen que se desmotiven. Todos los días del año Bespín va a trabajar sus tierras desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde. Tiene un equipo de trabajadores muy comprometido del cual se siente orgulloso y confía.

“En el campo ves a mucha gente humilde que te quiere ayudar, a pesar de que las condiciones no son las misma que las de una oficina. El trabajo del campo es duro y al ver a la gente que lo hace y los llena de satisfacción para mi es gratificante”, detalla.

Bespín cuenta que una de las cosas más difíciles a las que se enfrentan en lo personal, es cuando tiene que viajar y pasar días lejos del campo. “Es muy difícil irse a la ciudad”, dice entre risas.

Reitera que siempre se imaginó trabajando en el campo al igual que su abuelo, padres y tíos. “Siempre quise ser como ellos”.

Como muchos venezolanos, el joven productor agropecuario tiene esperanza de que las cosas mejoren. Si todo sale bien, en 20 años se imagina con tierras fructíferas y productivas para exportar la producción a todo el país y a tierras extranjeras, como lo hicieron sus familiares hace algunos años.

“Exportábamos melón, mango, los llevábamos a Inglaterra. Nos gustaría que se abran esas vías de exportación, antes había mucha producción. Mi esperanza es que esta crisis termine pronto y que vuelva a aumentar la demanda para que el campo empiece a producir lo que producía antes”, señala Bespín.

Mantener el legado

Para mantener vivo el legado de su familia Ángel Bespín, quiere que su hija de tres años también conozca el campo como él lo hizo. Es por eso que de vez en cuando la lleva a sus tierras para que la niña le vaya agarrando cariño a la llanura. “Eso es muy bonito y que la familia te apoye es lo que deseas”, dice.

Aunque para muchos no es común ver a los jóvenes como líderes de los trabajos que se realizan en el campo, Bespín conoce a otros emprendedores que apenas inician las difíciles pero importantes tareas del trabajo agrícola.

“Les recomiendo que no se desanimen, que se empieza poco a poco y sé que lo están haciendo muy bien, conozco muchos muchachos que están cosechando y sembrando tomates, melones y pimentón; la siembra tiene altos y bajos, pero aquí es donde tenemos que empezar a producir. Para ayudar al país tenemos que empezar con el trabajo del campo, no se desanimen que esto tiene que pasar y tenemos que aguantar”, alega esperanzado.

Aunque miles de jóvenes se hayan ido del país a buscar mejores oportunidades en otros horizontes, Bespín sigue apostando por el trabajo en Venezuela. “Las cosas aquí no están tan fáciles, y los que nos quedamos aquí tampoco nos podemos quedar achantados de brazos cruzados, vamos a darle, vamos a dar solución y desde mi punto de vista el campo es la solución”.

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