OPINIÓN · 3 AGOSTO, 2015 18:10

Copei no practicaba la democracia interna

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Rafael Curvelo

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Una vez escuché esta frase: “Las instituciones son un fiel reflejo del país”. Y cuando se refieren a instituciones políticas, el asunto es más real todavía. En las últimas semanas hemos sido testigos de cómo las diferencias que hay dentro de algunos partidos se han resuelto por vía de tribunales. Casos como el del Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), Bandera Roja o Copei, este último con mayor repercusión, han generado todo tipo de comentarios, muchos de ellos inclusive malsanos y que perjudican el desarrollo democrático de la sociedad.

Más adelante comentaremos el caso de los partidos antes mencionados y nos adentraremos más en la situación de Copei, pero hablar de la situación política de Venezuela, sin mencionar a sus partidos, es no ver el mapa completo de lo que ocurre actualmente. Desde el año 1998, después del triunfo electoral de Hugo Chávez, el desarrollo partidista ha sido muy irregular, tanto para el chavismo como para la oposición. A pesar de que hemos tenido en los últimos 17 años un promedio de dos elecciones anuales, esto pareciera que en vez de beneficiar el desarrollo democrático, lo ha perjudicado. Las organizaciones políticas se han ocupado de eventos meramente electorales y no han desarrollado su brazo motor, es decir, su base social, profesional y de formación ideológica.

Muchos dirigentes  no se han percatado de que estamos en el peor momento de los partidos políticos desde 1998. A pesar de la oportunidad de oro que hay para derrotar al gobierno en las próximas elecciones parlamentarias -hay un apoyo opositor del 40% aproximadamente- el respaldo partidista del mismo a duras penas llega al 15%. Los mensajes a la población no son claros y muchas veces no se le habla al ciudadano desencantado con el chavismo, sino al ciudadano más identificado con la oposición, un gran error que a la larga beneficia más al desarrollo de la polarización.

El mensaje de la dirigencia política partidista venezolana incluye palabras como: cambio y democracia, pero a lo interno no es algo que se practique con frecuencia. Muchos dirigentes llevan al frente de sus organizaciones más tiempo de lo que ha estado el chavismo en el poder: la autocracia, el caudillismo, el nepotismo, el amiguismo y muchos más defectos son el cáncer que aqueja a los partidos políticos.

En los últimos años el mensaje de confrontación impuesto desde el alto gobierno ha sido perjudicial para el desarrollo de una sociedad más democrática. La oposición creó un círculo vicioso confrontativo, que aunque ganara en las próximas elecciones del 6 de diciembre, no logrará mayores resultados si sigue alimentando la sociedad de bandos que ha sido la gran responsable de la falta de valores éticos y morales para lograr una sociedad más justa y democrática.

Caso Copei

En los últimos días hemos visto a través de diferentes medios de comunicación y redes sociales la intervención por parte de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) del partido Socialcristiano Copei, sería bueno detenerse un poco en los antecedentes que llevaron a tan polémica decisión y que ha dado pie a muchas historias y malos manejos comunicacionales por parte de algunos periodistas.

Copei desde su fundación en el año 1946 por un grupo de personas, en su mayoría salidas del Colegio San Ignacio, con gran vocación de servicio y religiosa, sufrieron a lo largo de los años los embates del radicalismo de sus adversarios, además de ver a muchos de sus emblemáticos dirigentes en la cárcel, la clandestinidad y el exilio durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Tuvieron que pasar 22 años de historia para que los Socialcristianos llegaran al gobierno, después del año 68; y retornarían a la presidencia de la república 10 años después. Su decantación como partido iniciaría a partir del año 1993, con la salida de Rafael Caldera de sus filas, dicho declive no ha parado hasta nuestros días.

Aunque el caso de Copei en tribunales ha sonado más en los últimos días, es bueno recordar que en los últimos años los conflictos internos se han resuelto por la vía judicial. Durante los años 2011-2012 varias fueron las veces que dirigentes socialcristianos fueron al TSJ a solicitar recursos de amparo, lo cual desembocó en la elección por la base de nuevas autoridades y la apertura de un nuevo registro de militantes, desechando el histórico del partido.

La directiva que permaneció hasta el pasado jueves en la noche, no tuvo las decisiones y estrategias más acertadas en los últimos meses: destitución de representantes regionales, declaraciones de dirigentes sin la consulta al resto de la dirigencia nacional e imposiciones de candidatos a la Asamblea Nacional. Estas prácticas antidemocráticas a lo interno, llevaron a un grupo de dirigentes a acudir al TSJ para resolver esta situación, con el resultado que hoy conocemos.

Un reflejo evidente del desgaste partidista en Venezuela es la resolución de los conflictos internos ante instancias judiciales. Este tipo de cosas se evitarían, si sus directivos fueran más abiertos a la crítica y permitieran la discusión de estrategias y posibles escenarios que afrontar. Pretender acusar a un grupo de líderes partidistas de ser “patriotas cooperantes” por ir al TSJ a pedir que se haga lo correcto, sin conocer sus antecedentes, es irresponsable.

Lo sensato ante esta situación es ver el panorama en 360°. Lamentablemente muchos han caído en la difamación y calumnia sin conocer los problemas de fondo ocasionados por una directiva cuyas prácticas no eran para nada democráticas, sin argumentos y mucho menos estrategia para enfrentar la avalancha que enfrentaban.

@rafaelgerardo

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Una vez escuché esta frase: “Las instituciones son un fiel reflejo del país”. Y cuando se refieren a instituciones políticas, el asunto es más real todavía. En las últimas semanas hemos sido testigos de cómo las diferencias que hay dentro de algunos partidos se han resuelto por vía de tribunales. Casos como el del Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), Bandera Roja o Copei, este último con mayor repercusión, han generado todo tipo de comentarios, muchos de ellos inclusive malsanos y que perjudican el desarrollo democrático de la sociedad.

Más adelante comentaremos el caso de los partidos antes mencionados y nos adentraremos más en la situación de Copei, pero hablar de la situación política de Venezuela, sin mencionar a sus partidos, es no ver el mapa completo de lo que ocurre actualmente. Desde el año 1998, después del triunfo electoral de Hugo Chávez, el desarrollo partidista ha sido muy irregular, tanto para el chavismo como para la oposición. A pesar de que hemos tenido en los últimos 17 años un promedio de dos elecciones anuales, esto pareciera que en vez de beneficiar el desarrollo democrático, lo ha perjudicado. Las organizaciones políticas se han ocupado de eventos meramente electorales y no han desarrollado su brazo motor, es decir, su base social, profesional y de formación ideológica.

Muchos dirigentes  no se han percatado de que estamos en el peor momento de los partidos políticos desde 1998. A pesar de la oportunidad de oro que hay para derrotar al gobierno en las próximas elecciones parlamentarias -hay un apoyo opositor del 40% aproximadamente- el respaldo partidista del mismo a duras penas llega al 15%. Los mensajes a la población no son claros y muchas veces no se le habla al ciudadano desencantado con el chavismo, sino al ciudadano más identificado con la oposición, un gran error que a la larga beneficia más al desarrollo de la polarización.

El mensaje de la dirigencia política partidista venezolana incluye palabras como: cambio y democracia, pero a lo interno no es algo que se practique con frecuencia. Muchos dirigentes llevan al frente de sus organizaciones más tiempo de lo que ha estado el chavismo en el poder: la autocracia, el caudillismo, el nepotismo, el amiguismo y muchos más defectos son el cáncer que aqueja a los partidos políticos.

En los últimos años el mensaje de confrontación impuesto desde el alto gobierno ha sido perjudicial para el desarrollo de una sociedad más democrática. La oposición creó un círculo vicioso confrontativo, que aunque ganara en las próximas elecciones del 6 de diciembre, no logrará mayores resultados si sigue alimentando la sociedad de bandos que ha sido la gran responsable de la falta de valores éticos y morales para lograr una sociedad más justa y democrática.

Caso Copei

En los últimos días hemos visto a través de diferentes medios de comunicación y redes sociales la intervención por parte de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) del partido Socialcristiano Copei, sería bueno detenerse un poco en los antecedentes que llevaron a tan polémica decisión y que ha dado pie a muchas historias y malos manejos comunicacionales por parte de algunos periodistas.

Copei desde su fundación en el año 1946 por un grupo de personas, en su mayoría salidas del Colegio San Ignacio, con gran vocación de servicio y religiosa, sufrieron a lo largo de los años los embates del radicalismo de sus adversarios, además de ver a muchos de sus emblemáticos dirigentes en la cárcel, la clandestinidad y el exilio durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Tuvieron que pasar 22 años de historia para que los Socialcristianos llegaran al gobierno, después del año 68; y retornarían a la presidencia de la república 10 años después. Su decantación como partido iniciaría a partir del año 1993, con la salida de Rafael Caldera de sus filas, dicho declive no ha parado hasta nuestros días.

Aunque el caso de Copei en tribunales ha sonado más en los últimos días, es bueno recordar que en los últimos años los conflictos internos se han resuelto por la vía judicial. Durante los años 2011-2012 varias fueron las veces que dirigentes socialcristianos fueron al TSJ a solicitar recursos de amparo, lo cual desembocó en la elección por la base de nuevas autoridades y la apertura de un nuevo registro de militantes, desechando el histórico del partido.

La directiva que permaneció hasta el pasado jueves en la noche, no tuvo las decisiones y estrategias más acertadas en los últimos meses: destitución de representantes regionales, declaraciones de dirigentes sin la consulta al resto de la dirigencia nacional e imposiciones de candidatos a la Asamblea Nacional. Estas prácticas antidemocráticas a lo interno, llevaron a un grupo de dirigentes a acudir al TSJ para resolver esta situación, con el resultado que hoy conocemos.

Un reflejo evidente del desgaste partidista en Venezuela es la resolución de los conflictos internos ante instancias judiciales. Este tipo de cosas se evitarían, si sus directivos fueran más abiertos a la crítica y permitieran la discusión de estrategias y posibles escenarios que afrontar. Pretender acusar a un grupo de líderes partidistas de ser “patriotas cooperantes” por ir al TSJ a pedir que se haga lo correcto, sin conocer sus antecedentes, es irresponsable.

Lo sensato ante esta situación es ver el panorama en 360°. Lamentablemente muchos han caído en la difamación y calumnia sin conocer los problemas de fondo ocasionados por una directiva cuyas prácticas no eran para nada democráticas, sin argumentos y mucho menos estrategia para enfrentar la avalancha que enfrentaban.

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