Un arca de Noé para bichos - Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 18 NOVIEMBRE, 2019 05:01

Un arca de Noé para bichos

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Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

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En la selva amazónica de nuestro país, los indígenas Yanomami subsisten con una dieta basada en yuca, palmitos y plátano. También cazan ranas, monos y tapires, utilizando técnicas que probablemente habrían sido familiares para sus antepasados hace 11.000 años. La extraordinaria continuidad de su cultura y el hecho de que algunos de los grupos hayan tenido escaso contacto con extraños, llevaron a los investigadores a preguntarse si los Yanomami podrían revelar cómo era el sistema digestivo humano, antes de que la industrialización suministrara al mundo alimentos procesados y antibióticos. Fue en el 2009, cuando los investigadores tuvieron la oportunidad de estudiar una comunidad aislada en la selva, recolectando muestras fecales y de piel de unos 30 individuos. Cuando los investigadores analizaron los microbios en las heces descubrieron categorías enteras de bacterias que estaban ausentes en las entrañas de las personas que habitan en las ciudades. Aún más sorprendente, descubrieron que nuestra población microbiana promedio es aproximadamente la mitad de diversa que en la comunidad Yanomami.

Dada la importancia bien establecida de la flora intestinal en la digestión y el metabolismo, los investigadores se dieron cuenta que los microbios de los Yanomami podría tener implicaciones más allá de la ciencia básica. Se cree que las comunidades microbianas de cada persona, o microbiomas, desempeñan un papel en los trastornos que van desde la obesidad, la diabetes y el Alzheimer, que acortan la vida y sobrecargan los sistemas de atención médica. Por ejemplo, el impacto económico global de la obesidad se estima en 2 billones de dólares al año. Sin embargo, estos trastornos no afectan a estos pueblos originarios preindustriales. Estos microorganismos tendrían el potencial de incidir en la salud más profundamente que el mito de la legendaria Fuente de la Juventud. Por lo tanto, los investigadores desean aprender qué microbios los protegen y descubrir cómo reintroducirlos en las sociedades modernas. Pero, ¡el mundo se está urbanizando rápidamente!

La microbióloga María Gloria Domínguez-Bello coautora del estudio publicado en la revista Science Advances que revela el microbioma Yanomami, dice: “Nuestros estilos de vida están matando la diversidad microbiana”. Y aunque nadie ha determinado qué están haciendo los misteriosos “bichos” de los Yanomami y cómo contribuyen a mejorar la salud, los científicos creen que deben recolectar y preservar la mayor cantidad posible de microbios en previsión de futuros avances. No podemos darnos el lujo de esperar y perder esta gran diversidad del microbioma humano de los pueblos ancestrales y debemos entender cómo usar el microbioma para mejorar nuestra salud.

En 2018, Domínguez-Bello y Rob Knight fundaron Microbiota Vault Trust. Juntos, anunciaron su iniciativa en un artículo de Science en octubre pasado, escribiendo: “Le debemos a las generaciones futuras los microbios que colonizaron a nuestros antepasados durante al menos 200.000 años de evolución humana”. El proyecto de la bóveda de microbiota ahora abarca a científicos de Venezuela, Noruega, China y Suiza. “La bóveda debe estar en un país neutral con una agenda confiable e imparcial, en una instalación estable con buenos controles ambientales”, explicó Knight. Las naciones necesitan sentir que sus contribuciones son seguras y no serán explotadas injustamente por otros países o corporaciones. Además, los microbios deben mantenerse a -80°C y esto solo es posible a través de la refrigeración con nitrógeno líquido. La financiación es otro desafío. Un caso existente, La Bóveda de Semillas de Noruega, costó alrededor de 9 millones de dólares para su construcción. Mientras en la bóveda de microbiota, dada su mayor complejidad por la refrigeración con nitrógeno, podría costar unas 10 veces más.

No es que los investigadores estén esperando hasta que la bóveda esté abierta para recolectar y preservar microbios intestinales en extinción. Además de los continuos esfuerzos de recolección por parte de Knight y Domínguez-Bello, Global Microbiome Conservancy, con sede en el MIT, está liderando una iniciativa a gran escala para recolectar muestras de heces y almacenar microbiomas intestinales de personas en países subdesarrollados de África, Asia, América del Sur y Oceanía. Ya han almacenado más de 11.000 cepas de bacterias y han descubierto 60 géneros previamente desconocidos. Global Microbiome Conservancy es una colección de trabajo, mientras la bóveda de microbiomas sería un archivo permanente. En otras palabras, la bóveda asegurará que los microbios estén siempre disponibles. 

Mientras Domínguez-Bello está trabajando en los inicios de la bóveda de microbiota, el biólogo computacional Dan Knights, está recolectando flora intestinal de las comunidades Hmong, etnia china que actualmente vive dispersa entre algunas regiones del sudeste asiático y otros rincones del planeta. El grupo más grande que llegó a Estados Unidos de Norteamérica a menudo sufre de obesidad. Aunque un cambio en la cocina puede contribuir directamente (hay mucha diferencia entre un platillo tailandés y la comida chatarra), se pretendía saber si los cambios en el microbioma también podrían haber llevado a un aumento de peso.

Los resultados de su estudio fueron publicados en la revista Cell. “Cuando las personas se mudan a un nuevo país, comienzan a perder sus microbios nativos y a captar los microbios del nuevo país casi de inmediato”, dice el artículo. De hecho, los “microbiomas de los inmigrantes cambiaron mucho más rápido que sus dietas”. Dada la función metabólica del microbioma, el aumento de peso en los inmigrantes puede explicarse por este cambio. Domínguez-Bello no podría haber planeado una mejor validación de su propuesta de vulnerabilidad microbiana y la necesidad de una bóveda. 

La Bóveda de Microbiota es necesaria, un Arca de Noé de gérmenes beneficiosos que se recolectaría de poblaciones humanas cuyos microbiomas no están comprometidos por los antibióticos, las dietas procesadas y otros efectos nocivos de la sociedad moderna, que han contribuido a una pérdida masiva de diversidad microbiana y un aumento de los problemas de salud.

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