Sombras sobre la UCV - Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 8 FEBRERO, 2020 05:45

Sombras sobre la UCV

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Leoncio Barrios | @Leonciobarrios

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“Las autoridades de la UCV y la Comisión investigadora que han nombrado, tienen el balón en su campo”

Uno no debe exponer públicamente cosas feas de su familia.  Los trapos sucios se lavan en casa, dice la conseja. Las consejas pueden ser sabias pero requieren de interpretaciones. Nada a ciegas, menos en silencio.

El silencio puede ser cómplice. Por eso, hablar sobre lo que está pasando en la Universidad Central de Venezuela, la querida UCV, es necesario.  En las instituciones democráticas no debe haber pinzas ni callares. Los secretos suelen ser malos compañeros.

Escribir sobre aspectos negativos de la UCV no solo me cuesta, sino que me duele.  Por casi siempre esa institución ha formado parte de mi vida. La única etapa que no estuve por allí fue durante mi infancia, de resto, como liceísta militante y, por supuesto, como estudiante de pregrado, en la docencia, la investigación, el postgrado y mis devenires de profesor jubilado son ucevistas.

Aún cuando las aulas, los pasillos y salas de reuniones de la UCV, hace rato, dejaron de ser parte de mi cotidianidad, siguen en mis preocupaciones.  Es cuestión de afecto:  ucevista es ucevista hasta que se muere.  Como diría cualquier universitario de la institución donde se formó.

Sombras nada más entre una instancia y la otra

Hace algunas semanas, el Vicerrector Administrativo de la UCV, Bernardo Méndez, renunció a su cargo. Las razones que el renunciante ha expuesto públicamente se sintetizan en que no admite más hechos irregulares (administrativos) por parte de la instancia superior, el rectorado.  Nadie renuncia por así no más.  A los ucevistas esa noticia nos alarmó, nos preocupa.

La renuncia de un Vicerrector administrativo, en este caso, es más grave que si, de las autoridades universitarias, hubiese renunciando el Vicerrector académico o el Secretario.  En la instancia administrativa es donde se bate el cobre.

Por supuesto, lo preocupante no es la renuncia del vicerrector –cada quien libre de aceptar o renunciar a su cargo-  sino lo que parece que le llevó a tomar esa decisión.  Una primera pregunta es ¿por qué renuncia ahora?, casi diez años después en que todo comenzó, según sus propias palabras.  ¿Qué gota derramó el vaso?.

La rectora, en representación del rectorado, asumió su defensa, como corresponde y debe ser.  Maneja argumentos, contraataca.   Había de desidia, ineficacia por parte del Vicerrectorado y que el rectorado tuvo que asumir parte de esas responsabilidades.

El debate se abre. Salen algunos trapos al sol. Estamos en la casa de la inteligencia, la ética y el buen comportar. El Consejo Universitario nombra una Comisión investigadora formada por gente idónea.  Comienza su trabajo con el voto de confianza de los ucevistas.  La casa debe vencer las sombras.

Mientras tanto, en los pasillos, por las redes, correos, se comenta, se dice más de lo que se ha dicho.  Como suele ocurrir.  Falta por ver y oír.

Sea lo que sea, algo huele mal entre las máximas autoridades de la UCV.  Qué grave!  Más cuando entre ellas hay gente de alto aprecio académico y personal.  Cuánto lamento y clamor de claridad se oye en los pasillos.

 La  denuncia como oportunidad

Oídas las partes, hay que esperar el informe de la Comisión investigadora.  Los días pasan y poco se dice. Solo corrillos.  Entre ellos, que nada de lo grave se dirá, que nada, de lo ejemplar que se espera, pasará al final.  Como el país.  Ojalá no sea así, por la institución.

Cualquiera que sea el veredicto de la Comisión investigadora, desde ya la UCV tiene una nueva sombra por vencer que se suma a las que el gobierno quiere introducir mediante la intervención.

En la denuncia sobre corrupción interna hay una oportunidad para la UCV.  Al investigar, al elaborar el expediente – así se dice en términos académicos y policiales- debería privar la imparcialidad y eso que tanto se promueve en la ciencia, la objetividad.

En las universidades -como centros del saber- se persigue la verdad, tanto en las facultades científicas como en las sociales y filosóficas.  En las denuncias de corrupción, hay que conseguirla.

La verdad, como en todas las investigaciones sobre corrupción, solo será posible si se deponen los intereses personales, las lealtades o se impongan los poderes.  En casos de denuncias, a veces, el denunciante termina denunciado. Todo es cuestión de poder.  Esperemos que en la UCV no sea así.

En un país tan diezmado por todos los flancos, un halito de justicia, el resultado idóneo, convincente, de la investigación sobre corrupción en el rectorado o la ineficiencia en Vicerrectorado administrativo de la UCV, sería alentador.  Si viene de una universidad, sería un gran ejemplo nacional.

La UCV tiene, en esta denuncia, una oportunidad para demostrar el valor de la autonomía universitaria.  Hacer saber que cuando los trapos se lavan en casa, pueden quedar bien limpios.

Sea como sea, con este episodio en la UCV, el gobierno tiene la mesa servida para la intervención y no precisamente por la renuncia del vicerrector administrativo.  Esa fue la gota que derramó el vaso que, por lo que parece, estaba lleno.

Las autoridades de la UCV  y la Comisión investigadora que han nombrado, tienen el balón en su campo.  Ojalá metan un gol.

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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