OPINIÓN · 26 NOVIEMBRE, 2021 05:13

Realidad poselectoral: ¿y ahora qué?

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Oscar Doval

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4
QUÉ CHÉVERE
1
QUÉ INDIGNANTE
QUÉ CHIMBO

Primer movimiento

 ¿Viste a Isabel Santos y a los gringos? —ya se pronunciaron en contra de las elecciones. ¡Menos mal! Los chavistas pensaban que se iban a salir con las suyas. ¿Elecciones legítimas? ¡De legítimo no tienen ni la cédula! Con “las regionales” no lograron validar su dictadura frente al mundo. Eso es lo que querían, lavarse la cara delante de la Unión Europea y Estados Unidos. No pudieron, siguen “rayados” igualito chamo. ¡Y las sanciones pa´lante!, hasta que terminen muertos por asfixia. Además, María Corina está llamando a una reconstrucción de la oposición, con elecciones primarias y todo, para identificar un nuevo líder que les haga frente a estos malandros.

 —Pana, ¿cómo se te ocurre estar invitando a votar? —¡tú si estás frito! Ahí te vi dando lecos por las redes, diciendo que si no votábamos se acababa el mundo. Jajajajajajaj. Y después, escribiendo esa letanía política en Efecto Cocuyo, demostrando que el CNE sí funciona, y que, si íbamos a votar masivamente, la oposición ganaba las elecciones. Definitivamente, te sale manicomio pana. Quédate quieto, ¡estos tipos no se van!, vamos a hacer “rial” y a dejarnos de pendejadas. Ni tú ni yo somos políticos. Somos empresarios, y a los empresarios no nos interesa la política, sino la plata. Si sigues por ahí dando opiniones y metiéndote en política, te van a meter preso de nuevo por “bolsa”. ¡No aprendes!

—Hermano, ¡arrasamos! La gente salió a votar y votó por quien tenía que votar. ¡Chávez sigue vivo camarada! Con Maduro o sin Maduro, la revolución llegó para quedarse. Lo que pasa es que la oposición no se pone de acuerdo, está fracturada, dice que el CNE no sirve y después llama a votar a última hora. Lo que quieren es montarse en el poder, dando un golpe de Estado o matando al presidente, como tantas veces han intentado. Lo único que ofrecen, es una agenda personal, no incluyente. No le hablan al pueblo, no lo escuchan, se hablan al ombligo. Por eso nunca van a ganar. Mira, con sanciones, guerra económica, y el país “pelando más bolas” que nunca, el presidente está ahí, firme como un tronco. Y Chávez, desde arriba y en la memoria de su pueblo, sigue resguardando su “revolución eterna”.

Segundo movimiento

Lo referido anteriormente, es lo que he recogido de mis amigos opositores, chavistas y neutrales esta semana. Todavía me sorprende la disociación de la oposición, el triunfalismo y “para siempre” del chavismo, y aun peor, la irresponsabilidad cívica de los pragmáticos, que se desentienden del crítico presente y futuro político de Venezuela.

Era a todas luces obvio, que la oposición no iba a “arrasar” en estos comicios. Como bien mencionaba mi amigo oficialista, a quien quiero mucho, por cierto. Una oposición fracturada en tres pedazos, la MUD, Alianza Democrática y los demás partidos, con un candidato o candidata por cada movimiento, difícilmente podía hacerse de la mayoría de los votos. Si, además, sumamos la ambivalencia, ya desconcertante, respecto al CNE, en virtud de la cual, piden por una parte abstencionismo, y, asimismo, piden salir a votar, lo menos que pueden lograr es dejar bizcos a sus seguidores. Por eso, la oposición perdió terreno que ya había ganado.

Tampoco entiendo el triunfalismo oficialista y las sorprendentes celebraciones por haberse hecho de la mayoría de las gobernaciones, al punto de traer a Pablo Montero, el caduco mexicano, actor y cantante de mariachi para cantarle a un exultante Maduro. El mermado presupuesto gubernamental no dio para más. La mayoría de los líderes oficialistas reparan más en ganar elecciones, que en gestionar de manera eficiente los problemas que agobian a la mayoría de nuestra población. Con una asimétrica campaña, una muy aceitada maquinaria electoral, recursos del Estado en mano, y una precaria, y hasta extraña oposición, cualquiera gana unas elecciones, sin necesidad de trampa alguna.

Quizás, lo que más me cuesta “tragar”, es la indiferencia de mucha gente con respecto al futuro de la patria. Hace apenas 10 años, la gran mayoría de los venezolanos teníamos y mostrábamos nuestro pensar y postura política. Una de las cosas que de corazón agradecía a Chávez, por su particular ralea y claridad ideológica neomarxista, era el haber generado en la mayoría de la población, un discurso político, callado o abierto, a favor o en contra de la revolución, que se manifestaba en acciones de calle, marchas, cacerolazos, protestas, mítines, encendidas palabras y muchas cosas más. Venezuela, un país ancestralmente caribeño, gozón e indiferente, se había convertido en un animal político, con ciudadanos de todos los niveles, pensantes y disruptivos, que nada tenían que envidiar a los países nórdicos, como ejemplo de madurez política.

De la pasión por lo político, la mayoría de nuestra gente pasó a conformarse con un régimen corrupto, precario en términos de la administración del Estado y que, en barrena, nos ha conducido a la mayor crisis económica, social y humanitaria que ha vivido Venezuela a lo largo de su historia, después de la guerra de la Independencia. Claro está, se sumó a lo anterior, una buena zancadilla de los gringos, a través de sus sanciones y bloqueo. No obstante, antes de las sanciones, ya transitábamos un “camino económico mortal”.

Lamentablemente hay un resurgimiento de un importante grupo poblacional que se considera apolítico, pendiente de sí mismo, ya sea para hacer nuevas fortunas o reforzar añejas riquezas, así como en el caso de los más pobres, de rebuscarse unos reales para hacerse la vida. Esto, en el contexto de una economía extraña, llena de billetes de 20 y 100 dólares que han desplazado casi totalmente al bolívar. Digo una economía extraña, porque mientras la macroeconomía corre “pa´tras”, el consumo se activa transitoriamente, en una inaudita burbuja de mercado.

Tercer y último movimiento  

Ya antes de las elecciones, las encuestas realizadas nos revelaban que, por identificación política, nuestra población se podía segmentar en un 10% de chavismo “resteado”, un 15% de chavismo disconforme con la gestión de Maduro, un 17% de opositores identificados con sus líderes y un 18% de opositores que no suscribían el liderazgo de sus dirigentes. Por último, un 40% de los venezolanos, no mostraban identificación política alguna. Si sumamos sencillito, un 73% de nuestra gente no creía en el liderazgo político actual, ni oficialista, ni opositor.

Un 78,6% de la población tenía verticalmente claro que las elecciones regionales no iban a incidir para nada en el acortamiento del mandato de Maduro.

Sin credibilidad en los líderes políticos y con la certeza de que los comicios no generarían movimiento presidencial alguno, ¡zas!, era predecible una altísima abstención, que en esta ocasión llegó al 58,2%, poco menos de lo que ya habían predicho los analistas políticos

Por lo mencionado, afirmo, no hay razones para celebraciones por triunfos chavistas, ni espacio para duelos por derrotas opositoras, porque el gran ganador de las regionales fue el abstencionismo, que, a todas luces, en un grave síntoma social y político, denota una mezcla de desesperanza y desinterés de la mayoría de los venezolanos, respecto a la vida y futuro político nacional.

Curiosamente, pocos días antes de las elecciones, cayó en mis manos una interesante encuesta en la que se preguntaba a la gente, quién podría generar un cambio político en el país. La respuesta me llenó de esperanza, ya que el 42,8% de los encuestados apostaban a la ciudadanía como agente de cambio, mientras un 10% o menos, adjudicaban esta responsabilidad a la oposición radical o moderada, al propio gobierno, a los militares o a la comunidad internacional.

Digo que me llena de esperanza y tranquilidad, porque tras 22 años de chavismo, un importante porcentaje de la gente dejó de creer que los demás van a resolver nuestros pesares políticos y sociales, y contrariamente, está apostando a su propia fuerza como factor de cambio, no a los políticos tradicionales, no a la injerencia de otros países, sino a sí mismos.

Lo referido, debería llevar a los partidos y sus líderes, así como a cada uno de nosotros, a una profunda reflexión. Cada vez más, notamos el óxido de los políticos opositores y oficialistas.

Es inminente la necesidad de un liderazgo e instituciones renovadas, de los que deben emerger los nuevos actores y rectores del destino de la patria.

¡Vamos, pues!, esos actores están entre nosotros, los ciudadanos de a pie.

¡Amanecerá y veremos, en esta nuestra amada tierra de gracia!

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

Del mismo autor: Todos a votar, es la única salida

 

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 —Pana, ¿cómo se te ocurre estar invitando a votar? —¡tú si estás frito! Ahí te vi dando lecos por las redes, diciendo que si no votábamos se acababa el mundo. Jajajajajajaj. Y después, escribiendo esa letanía política en Efecto Cocuyo, demostrando que el CNE sí funciona, y que, si íbamos a votar masivamente, la oposición ganaba las elecciones. Definitivamente, te sale manicomio pana. Quédate quieto, ¡estos tipos no se van!, vamos a hacer “rial” y a dejarnos de pendejadas. Ni tú ni yo somos políticos. Somos empresarios, y a los empresarios no nos interesa la política, sino la plata. Si sigues por ahí dando opiniones y metiéndote en política, te van a meter preso de nuevo por “bolsa”. ¡No aprendes!

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Segundo movimiento

Lo referido anteriormente, es lo que he recogido de mis amigos opositores, chavistas y neutrales esta semana. Todavía me sorprende la disociación de la oposición, el triunfalismo y “para siempre” del chavismo, y aun peor, la irresponsabilidad cívica de los pragmáticos, que se desentienden del crítico presente y futuro político de Venezuela.

Era a todas luces obvio, que la oposición no iba a “arrasar” en estos comicios. Como bien mencionaba mi amigo oficialista, a quien quiero mucho, por cierto. Una oposición fracturada en tres pedazos, la MUD, Alianza Democrática y los demás partidos, con un candidato o candidata por cada movimiento, difícilmente podía hacerse de la mayoría de los votos. Si, además, sumamos la ambivalencia, ya desconcertante, respecto al CNE, en virtud de la cual, piden por una parte abstencionismo, y, asimismo, piden salir a votar, lo menos que pueden lograr es dejar bizcos a sus seguidores. Por eso, la oposición perdió terreno que ya había ganado.

Tampoco entiendo el triunfalismo oficialista y las sorprendentes celebraciones por haberse hecho de la mayoría de las gobernaciones, al punto de traer a Pablo Montero, el caduco mexicano, actor y cantante de mariachi para cantarle a un exultante Maduro. El mermado presupuesto gubernamental no dio para más. La mayoría de los líderes oficialistas reparan más en ganar elecciones, que en gestionar de manera eficiente los problemas que agobian a la mayoría de nuestra población. Con una asimétrica campaña, una muy aceitada maquinaria electoral, recursos del Estado en mano, y una precaria, y hasta extraña oposición, cualquiera gana unas elecciones, sin necesidad de trampa alguna.

Quizás, lo que más me cuesta “tragar”, es la indiferencia de mucha gente con respecto al futuro de la patria. Hace apenas 10 años, la gran mayoría de los venezolanos teníamos y mostrábamos nuestro pensar y postura política. Una de las cosas que de corazón agradecía a Chávez, por su particular ralea y claridad ideológica neomarxista, era el haber generado en la mayoría de la población, un discurso político, callado o abierto, a favor o en contra de la revolución, que se manifestaba en acciones de calle, marchas, cacerolazos, protestas, mítines, encendidas palabras y muchas cosas más. Venezuela, un país ancestralmente caribeño, gozón e indiferente, se había convertido en un animal político, con ciudadanos de todos los niveles, pensantes y disruptivos, que nada tenían que envidiar a los países nórdicos, como ejemplo de madurez política.

De la pasión por lo político, la mayoría de nuestra gente pasó a conformarse con un régimen corrupto, precario en términos de la administración del Estado y que, en barrena, nos ha conducido a la mayor crisis económica, social y humanitaria que ha vivido Venezuela a lo largo de su historia, después de la guerra de la Independencia. Claro está, se sumó a lo anterior, una buena zancadilla de los gringos, a través de sus sanciones y bloqueo. No obstante, antes de las sanciones, ya transitábamos un “camino económico mortal”.

Lamentablemente hay un resurgimiento de un importante grupo poblacional que se considera apolítico, pendiente de sí mismo, ya sea para hacer nuevas fortunas o reforzar añejas riquezas, así como en el caso de los más pobres, de rebuscarse unos reales para hacerse la vida. Esto, en el contexto de una economía extraña, llena de billetes de 20 y 100 dólares que han desplazado casi totalmente al bolívar. Digo una economía extraña, porque mientras la macroeconomía corre “pa´tras”, el consumo se activa transitoriamente, en una inaudita burbuja de mercado.

Tercer y último movimiento  

Ya antes de las elecciones, las encuestas realizadas nos revelaban que, por identificación política, nuestra población se podía segmentar en un 10% de chavismo “resteado”, un 15% de chavismo disconforme con la gestión de Maduro, un 17% de opositores identificados con sus líderes y un 18% de opositores que no suscribían el liderazgo de sus dirigentes. Por último, un 40% de los venezolanos, no mostraban identificación política alguna. Si sumamos sencillito, un 73% de nuestra gente no creía en el liderazgo político actual, ni oficialista, ni opositor.

Un 78,6% de la población tenía verticalmente claro que las elecciones regionales no iban a incidir para nada en el acortamiento del mandato de Maduro.

Sin credibilidad en los líderes políticos y con la certeza de que los comicios no generarían movimiento presidencial alguno, ¡zas!, era predecible una altísima abstención, que en esta ocasión llegó al 58,2%, poco menos de lo que ya habían predicho los analistas políticos

Por lo mencionado, afirmo, no hay razones para celebraciones por triunfos chavistas, ni espacio para duelos por derrotas opositoras, porque el gran ganador de las regionales fue el abstencionismo, que, a todas luces, en un grave síntoma social y político, denota una mezcla de desesperanza y desinterés de la mayoría de los venezolanos, respecto a la vida y futuro político nacional.

Curiosamente, pocos días antes de las elecciones, cayó en mis manos una interesante encuesta en la que se preguntaba a la gente, quién podría generar un cambio político en el país. La respuesta me llenó de esperanza, ya que el 42,8% de los encuestados apostaban a la ciudadanía como agente de cambio, mientras un 10% o menos, adjudicaban esta responsabilidad a la oposición radical o moderada, al propio gobierno, a los militares o a la comunidad internacional.

Digo que me llena de esperanza y tranquilidad, porque tras 22 años de chavismo, un importante porcentaje de la gente dejó de creer que los demás van a resolver nuestros pesares políticos y sociales, y contrariamente, está apostando a su propia fuerza como factor de cambio, no a los políticos tradicionales, no a la injerencia de otros países, sino a sí mismos.

Lo referido, debería llevar a los partidos y sus líderes, así como a cada uno de nosotros, a una profunda reflexión. Cada vez más, notamos el óxido de los políticos opositores y oficialistas.

Es inminente la necesidad de un liderazgo e instituciones renovadas, de los que deben emerger los nuevos actores y rectores del destino de la patria.

¡Vamos, pues!, esos actores están entre nosotros, los ciudadanos de a pie.

¡Amanecerá y veremos, en esta nuestra amada tierra de gracia!

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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