OPINIÓN · 9 NOVIEMBRE, 2022 05:30

¿Qué pueden hacer las empresas ante la violencia contra las mujeres?

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Susana Reina | @feminismoinc

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QUÉ CHÉVERE
QUÉ INDIGNANTE
QUÉ CHIMBO

El 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y desde hace unos pocos años para acá, muchas empresas sensibilizadas ante el aumento de casos de víctimas a nivel nacional y mundial, y por estar alineadas con principios de igualdad, equidad e inclusión, realizan charlas a su población laboral o inician campañas en torno al tema, y un poco más.

La violencia machista o basada en género como también se la conoce, no es un tema fácil de abordar, pero el sector empresarial privado, como actor fundamental con responsabilidad directa en esta problemática, tiene un importante papel de cambio que desempeñar. No es solamente por un tema de justicia y responsabilidad social de tipo reivindicativa por lo que es necesario invertir tiempo y recursos en su solución, sino además por la procura del rendimiento laboral, la productividad y la retención de talentos.

Leo en BID Invest: «Distintas investigaciones recopiladas por Naciones Unidas calculan que el costo global de la violencia contra las mujeres puede ascender hasta el 2% del producto interno bruto (PIB) mundial. Eso equivale a unos US$1,5 billones, es decir, el equivalente a la economía de Canadá». Es una cifra considerable, sin embargo, no siempre los efectos perniciosos de la violencia en el desempeño laboral son calculables o tangibles. En efecto, la violencia deriva en ausentismo, desmotivación, baja productividad, estrés organizacional y abandono, porque quienes la sufren, mayoritariamente mujeres, ven afectadas sus capacidades para rendir académica y profesionalmente.

En el techo de cristal o el suelo pegajoso, teorías feministas formuladas para explicar las razones por las cuales las mujeres no estamos en el tope gerencial, la violencia ejercida tanto en la pareja como dentro de la empresa, es una de las que tiene mayor peso. En la investigación realizada desde FemData Consultoría con más de 600 latinas, encontramos que 4 de cada 10 mujeres habían sufrido acoso sexual en el trabajo, siendo este uno de los principales frenos encontrados en la carrera de las mujeres.

Autonomía económica para salir del círculo violento

Según Onu Mujeres «se estima que 35% de las mujeres de todo el mundo han sufrido violencia física y/o sexual por parte de su compañero sentimental o violencia sexual por parte de una persona distinta a su compañero sentimental en algún momento de su vida. Sin embargo, algunos estudios nacionales demuestran que hasta el 70 por ciento de las mujeres han experimentado violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental durante su vida».

Es ilusorio pensar que esto no tiene impactos negativos en las empresas a nivel interno, porque quienes sufren violencia ven disminuidas su concentración, productividad y condiciones de salud física y mental. Muchas mujeres trabajan en sectores precarios o en la informalidad, con bajos sueldos, en ocupaciones ejercidas a modalidad parcial para poder ocuparse de los cuidados domésticos, sin tiempo para estudiar o actualizarse o asistir a eventos, y esto, que también es violencia económica y patrimonial, atenta contra sus posibilidades de futuro.

Si a eso le sumas tener hijos y vivir con un agresor, el cuadro se complica, condenando su permanencia a una relación tóxica con escasas oportunidades para liberarse de ese círculo. Tener un trabajo estable, bien remunerado, con horario flexible, formación y políticas claras para tener ascensos, abona sin duda alguna a la prevención de la violencia en su sentido más amplio.

Por ello, las empresas juegan un papel clave en la generación de oportunidades laborales para que las mujeres tengan el soporte financiero suficiente que les permita tomar decisiones propias y romper relaciones de dependencia emocional cargadas de violencia.

¿Qué pueden hacer las empresas?

Las charlas sensibilizadoras e informativas al personal, que son las acciones más solicitadas y realizadas por estos días, son importantes, pero se puede hacer mucho más. Aquí algunas ideas para empresas con verdadero compromiso por la igualdad.

Comenzar por diseñar un plan de igualdad que defina lo que es violencia contra las mujeres dentro de la empresa, declarar cero tolerancia a cualquiera de sus formas y diseñar protocolos para prevenirla, identificarla y sancionarla. Comunicarlo dentro y fuera y exigir su cumplimiento a proveedores y contratistas externos, pero sobre todo aplicar ese protocolo cuando los casos se produzcan. Las mujeres no denuncian acoso sexual u hostigamiento porque no se les cree y ponen en riesgos sus trabajos.

Pero también es responsabilidad de las empresas incidir sobre la violencia que sufren sus trabajadoras en sus casas o en la calle. Una gran conquista feminista ha sido posicionar el tema de la violencia basada en género como un problema público y de abordaje social, no privado. El viejo refrán «entre marido y mujer nadie se puede meter» no es válido, porque las consecuencias de la violencia nos afectan como colectivo social.

El Convenio sobre la Eliminación de la Violencia y el Acoso en el Mundo del Trabajo (Convenio N° 190 OIT) establece que la normativa es aplicable a toda persona que preste servicios y no solo a quienes tengan un vínculo laboral directo y que, además, se puede llevar a cabo en lugar distintos al centro de trabajo: «Es obligación del empleador velar por el respeto de la dignidad y la integridad de sus trabajadores, por lo que no puede ser indiferente cuando este tipo de situaciones se presentan en el ámbito laboral o tienen repercusiones dentro del mismo».

Para ello los y las empleadoras pueden entre otras acciones: detectar, actuar y ofrecer ayuda a las mujeres que estén siendo afectadas por violencia en sus hogares ofreciendo servicios de asistencia psicológica y legal gratuita para ellas; informarles sobre sus derechos; contar con un protocolo de protección que les apoye si ellas deciden denunciar al agresor, ofreciendo asistencia, tiempo y permisos especiales; no despedirlas si se detecta que su bajo rendimiento está asociado a un problema de violencia porque eso empeorará el problema.

También es de utilidad apoyar económicamente a organizaciones de la sociedad civil que acompañan víctimas de violencia; crear campañas de concientización pública en torno al tema; habilitar canales de denuncia confidenciales; facilitar la entrada al mercado laboral a mujeres que se hayan recuperado de una experiencia traumática o reinsertar aquellas que perdieron su trabajo por tener que lidiar con una situación como esta; tener programas de empoderamiento y liderazgo para todas las mujeres que refuerce su autonomía física, política y económica; involucrar a los hombres a través de charlas para que entiendan el fenómeno y disminuyan la probabilidad de ser potenciales agresores.

Que este mes de noviembre sirva para que la gente que está en la alta dirección empresarial priorice las acciones que conduzcan a erradicar la violencia sexista en sus entornos de trabajo y en todo el país. Su rol en esta lucha es esencial.

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

De la misma autora: Acelerando la construcción de democracias paritarias

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La violencia machista o basada en género como también se la conoce, no es un tema fácil de abordar, pero el sector empresarial privado, como actor fundamental con responsabilidad directa en esta problemática, tiene un importante papel de cambio que desempeñar. No es solamente por un tema de justicia y responsabilidad social de tipo reivindicativa por lo que es necesario invertir tiempo y recursos en su solución, sino además por la procura del rendimiento laboral, la productividad y la retención de talentos.

Leo en BID Invest: «Distintas investigaciones recopiladas por Naciones Unidas calculan que el costo global de la violencia contra las mujeres puede ascender hasta el 2% del producto interno bruto (PIB) mundial. Eso equivale a unos US$1,5 billones, es decir, el equivalente a la economía de Canadá». Es una cifra considerable, sin embargo, no siempre los efectos perniciosos de la violencia en el desempeño laboral son calculables o tangibles. En efecto, la violencia deriva en ausentismo, desmotivación, baja productividad, estrés organizacional y abandono, porque quienes la sufren, mayoritariamente mujeres, ven afectadas sus capacidades para rendir académica y profesionalmente.

En el techo de cristal o el suelo pegajoso, teorías feministas formuladas para explicar las razones por las cuales las mujeres no estamos en el tope gerencial, la violencia ejercida tanto en la pareja como dentro de la empresa, es una de las que tiene mayor peso. En la investigación realizada desde FemData Consultoría con más de 600 latinas, encontramos que 4 de cada 10 mujeres habían sufrido acoso sexual en el trabajo, siendo este uno de los principales frenos encontrados en la carrera de las mujeres.

Autonomía económica para salir del círculo violento

Según Onu Mujeres «se estima que 35% de las mujeres de todo el mundo han sufrido violencia física y/o sexual por parte de su compañero sentimental o violencia sexual por parte de una persona distinta a su compañero sentimental en algún momento de su vida. Sin embargo, algunos estudios nacionales demuestran que hasta el 70 por ciento de las mujeres han experimentado violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental durante su vida».

Es ilusorio pensar que esto no tiene impactos negativos en las empresas a nivel interno, porque quienes sufren violencia ven disminuidas su concentración, productividad y condiciones de salud física y mental. Muchas mujeres trabajan en sectores precarios o en la informalidad, con bajos sueldos, en ocupaciones ejercidas a modalidad parcial para poder ocuparse de los cuidados domésticos, sin tiempo para estudiar o actualizarse o asistir a eventos, y esto, que también es violencia económica y patrimonial, atenta contra sus posibilidades de futuro.

Si a eso le sumas tener hijos y vivir con un agresor, el cuadro se complica, condenando su permanencia a una relación tóxica con escasas oportunidades para liberarse de ese círculo. Tener un trabajo estable, bien remunerado, con horario flexible, formación y políticas claras para tener ascensos, abona sin duda alguna a la prevención de la violencia en su sentido más amplio.

Por ello, las empresas juegan un papel clave en la generación de oportunidades laborales para que las mujeres tengan el soporte financiero suficiente que les permita tomar decisiones propias y romper relaciones de dependencia emocional cargadas de violencia.

¿Qué pueden hacer las empresas?

Las charlas sensibilizadoras e informativas al personal, que son las acciones más solicitadas y realizadas por estos días, son importantes, pero se puede hacer mucho más. Aquí algunas ideas para empresas con verdadero compromiso por la igualdad.

Comenzar por diseñar un plan de igualdad que defina lo que es violencia contra las mujeres dentro de la empresa, declarar cero tolerancia a cualquiera de sus formas y diseñar protocolos para prevenirla, identificarla y sancionarla. Comunicarlo dentro y fuera y exigir su cumplimiento a proveedores y contratistas externos, pero sobre todo aplicar ese protocolo cuando los casos se produzcan. Las mujeres no denuncian acoso sexual u hostigamiento porque no se les cree y ponen en riesgos sus trabajos.

Pero también es responsabilidad de las empresas incidir sobre la violencia que sufren sus trabajadoras en sus casas o en la calle. Una gran conquista feminista ha sido posicionar el tema de la violencia basada en género como un problema público y de abordaje social, no privado. El viejo refrán «entre marido y mujer nadie se puede meter» no es válido, porque las consecuencias de la violencia nos afectan como colectivo social.

El Convenio sobre la Eliminación de la Violencia y el Acoso en el Mundo del Trabajo (Convenio N° 190 OIT) establece que la normativa es aplicable a toda persona que preste servicios y no solo a quienes tengan un vínculo laboral directo y que, además, se puede llevar a cabo en lugar distintos al centro de trabajo: «Es obligación del empleador velar por el respeto de la dignidad y la integridad de sus trabajadores, por lo que no puede ser indiferente cuando este tipo de situaciones se presentan en el ámbito laboral o tienen repercusiones dentro del mismo».

Para ello los y las empleadoras pueden entre otras acciones: detectar, actuar y ofrecer ayuda a las mujeres que estén siendo afectadas por violencia en sus hogares ofreciendo servicios de asistencia psicológica y legal gratuita para ellas; informarles sobre sus derechos; contar con un protocolo de protección que les apoye si ellas deciden denunciar al agresor, ofreciendo asistencia, tiempo y permisos especiales; no despedirlas si se detecta que su bajo rendimiento está asociado a un problema de violencia porque eso empeorará el problema.

También es de utilidad apoyar económicamente a organizaciones de la sociedad civil que acompañan víctimas de violencia; crear campañas de concientización pública en torno al tema; habilitar canales de denuncia confidenciales; facilitar la entrada al mercado laboral a mujeres que se hayan recuperado de una experiencia traumática o reinsertar aquellas que perdieron su trabajo por tener que lidiar con una situación como esta; tener programas de empoderamiento y liderazgo para todas las mujeres que refuerce su autonomía física, política y económica; involucrar a los hombres a través de charlas para que entiendan el fenómeno y disminuyan la probabilidad de ser potenciales agresores.

Que este mes de noviembre sirva para que la gente que está en la alta dirección empresarial priorice las acciones que conduzcan a erradicar la violencia sexista en sus entornos de trabajo y en todo el país. Su rol en esta lucha es esencial.

***

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