Pregunta cruel - Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 13 NOVIEMBRE, 2019 05:53

Pregunta cruel

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Susana Reina | @feminismoinc

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Hay una pregunta muy cruel que se hace a las mujeres desde jovencitas: “¿qué prefieres… tu carrera o tu familia?” Digo que es cruel por varias razones. La primera, porque te pone en la disyuntiva de tener que elegir entre tus aspiraciones profesionales y un rol de género obligatorio que ha delegado en las mujeres la labor de cuidar y ser responsable de casa, marido, familia extendida e hijos.

La segunda porque no es una pregunta que se le hace a los hombres. Ellos saben que lo primero es su carrera, por aquello del mandato machista de ser hombre proveedor y productor y además porque entienden que alguien, usualmente una mujer esposa o mujer madre, se encargará de todo lo demás.

Y la tercera, porque en caso de responder con un “los dos” (como se hace cuando te preguntan a quien quieres más si a tu papá o a tu mamá), el pretender abarcarlo todo al mismo tiempo, es fuente de todo tipo de estrés, cansancio y agotamiento físico y mental. La publicidad que vende de forma maniquea la imagen de la mujer empoderada-poderosa-4×4-todolopuede, obsesionadas por encajar, se instala en el imaginario de muchas, llevándolas a hacer verdaderos malabarismos de vida, sin quejarse y encima ufanarse de sus hazañas multitareas. Pero aún pudiendo con todo, la situación en que te pone tamaña pregunta no es justa.

Aún se vive con mucha culpa

A las que respondimos en su momento con un “prefiero mi carrera” tuvimos que pasar por el largo camino de las miradas desaprobadoras, de los mensajes culpabilizantes, del temor a que los hijos nos salieran delincuentes por no estar 24 horas a su lado, del divorcio, de las etiquetas de mala-madre y similares. Y caminar erguidas a pesar de todo ello, construyendo una infraestructura de apoyo que te ayudase con los niños y la casa (otras mujeres pobres, más pobres que tú, a quien contratas si consigues y tienes como pagarles) y aprendiendo a no darle valor a juicios que te quitan las ganas y el entusiasmo.

Antes, las mujeres aceptaban con sumisión “su lugar”. Luego, cuando empezaron a salir y a luchar por sus derechos a tener voz y voto, las enfrentaron y criticaron, pero ellas lo consiguieron. Ahora, cuando todo este movimiento de liberación luce indetenible, el mensaje patriarcal te hace saber que, si quieres salirte con la tuya, te va a costar enormes sacrificios y fuerte cuestionamiento social.

Estamos en transición: vivimos una ilusión de igualdad de género-unas sociedades más que otras-, pero aún se vive con mucha culpa los intentos de demostrar independencia y apropiamiento de cuerpo y acción. Pregunten a las que pasan de 30 y no se han casado, o a las que deciden no tener hijos, como les va con los apremios inquisidores que les hacen para que se metan pronto en el carril.

Condicionamiento cultural

Venimos de un sistema educativo que nos condiciona para que valores como la ambición, la aspiración al poder y el dinero, la fuerza y la independencia, correlacionen negativamente con ser mujer. Toda mujer que expone con firmeza sus deseos personales, al margen de su familia, se enfrenta a la norma patriarcal que la sujeta al espacio de lo privado, lo doméstico, lo reproductivo. Al espacio del silencio y la resignación como virtud. Mujer que habla, pide y reclama, pronto encuentra resistencia.

Pero esos son los valores que se precisan para triunfar en el mundo de los negocios. En gran medida por esta razón es que no estamos en las posiciones de poder político ni económico, ni en los foros o paneles de expertos, ni en las roscas o anillos de cooptación de poder. Usualmente esos son espacios exclusivamente masculinos, que viven una suerte de ‘Bro culture’ o cultura de club de chicos que termina por expulsar a las mujeres, como ha denunciado Jessica Bennett, periodista de ‘The New York Times’ en su libro ‘Feminist Fight Club‘.

La percepción del esfuerzo que muchas tienen acerca de lo que hay que hacer para penetrar, mantenerse y ascender en esas culturas es tan fuerte que desisten, marchándose a casa o estancándose en posiciones laborales de base muy precarias.

No más ponerte entre la espada y la pared

Ojalá muchas jóvenes sepan responder a tan cruel elección y decidir lo que consideren mejor para sí mismas, sin presiones ni culpas, sin hacer lo que se espera del sistema por estereotipos sexistas y tengan la fuerza para tener la vida que verdaderamente aspiren para sí mismas. Pero más importante aún, que las feministas podamos construir una sociedad donde esa pregunta cruel no se le haga más nunca a ninguna mujer, o por lo menos, se le haga en igualdad de condiciones a los hombres también.

* * *

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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