Recientemente salió publicada en el New York Times la investigación que realizaron dos periodistas sobre los casos de acoso sexual por parte de Harvey Weinstein. Quizás, su nombre no les suene familiar como me sucedió a mí, pero ¿qué tal si les digo que él es productor de películas y cofundador de Miramax, ganador de 6 Oscar, entre ellas las películas Shakespeare Enamorado y Pandillas de Nueva York?
A la investigación la titulan “Décadas de acusaciones de acoso sexual en contra de Harvey Weinstein”. Comentan las periodistas que algunas de las mujeres a las cuales entrevistaron les decían que habían estado esperando este momento por años. Lo más curioso es que un escándalo de esta magnitud, levanta acusaciones de no solo una, sino de varias mujeres, que empiezan a contar sus experiencias de acoso. Son los casos de Ambra Battilana, Laura Madden, Ashley Judd, Rose McGowan, entre otras.
Por mi parte, me atrevo a decir que he conocido a mujeres (incluyéndome) que han sufrido, así sea una vez en su vida, una situación de acoso laboral. El acoso sexual entendido como un acto o comportamiento de tipo sexual, que busque acercamiento no deseado, prevaliéndose de una situación de superioridad laboral, docente u otra, este acoso incluye insinuaciones sexuales indeseadas, solicitudes de favores sexuales, conducta física o verbal de tipo sexual. Es decir, ese jefe que te dice que vayas a su oficina, cierra la puerta y te dice que vayan por unos tragos a su casa para hablar de tu crecimiento profesional en la empresa. Ese profesor que pide favores sexuales para que pases la materia.
Pero las preguntas son varias ¿Por qué callamos? ¿Por qué lo ocultamos? ¿Por qué no hablamos? ¿Porque lo contamos en la intimidad con esa amiga que nos hace sentir cómodas y que promete no contárselo a nadie? Como dijo Ashley Judd, actriz, víctima del acoso de Harvey: “Las mujeres llevamos hablando de Harvey entre nosotras por mucho tiempo, ya es hora que la conversación sea pública”.
Sí, las mujeres llevamos muchos años callando el acoso sexual. Pero es que nosotras, las que lo sufrimos, no tenemos por qué sentirnos avergonzadas por conductas que no son nuestras. La vergüenza debe recaer siempre sobre el acosador y no sobre la víctima. Este es un discurso que hay que reforzar socialmente.
No es fácil hablar del acoso, no es fácil salir a decir que tu jefe, tu profesor, tu compañero de trabajo, la persona que puede darte tu próximo trabajo te ha acosado. Es de valientes, como dice Lena Dunham: “quien hable de sus experiencias de acoso es una mujer valiente”.
Estadísticas en los Estados Unidos, sobre una encuesta realizada a 2.235 mujeres, indican que una de cada tres mujeres ha sido acosada en su trabajo. Por otro lado, alrededor de 71% de las víctimas no reportan este acoso. Y si, algunos se preguntaran por qué sólo hablo de mujeres, es que en ambientes laborales el acoso es sufrido en su mayoría por las mujeres, siendo los hombres en su mayoría los perpetradores. Las estadísticas reflejan que solo 10% de los perpetradores son mujeres y un 17 a un 20% de las víctimas de este acoso son hombres.
Hablar del acoso sexual no sólo es de valientes, es que quién te va a creer a ti, contra un aparato diseñado para favorecer al que tiene poder, contra un aparato que ha naturalizado el acoso. Como comentaba una de las mujeres que trabajaba con Harvey, la que escribió un memo sobre la situación de acoso sexual constante por parte de Harvey a las mujeres en la empresa, es un tema de poder.
Ella lo dijo en su memo: “el balance de poder mío es 0, el de Harvey Weinstein: 10”. Quién te va a creer a ti, que seguro te lo estabas buscando yendo en falda o escotes ese día a la oficina o a la universidad. También tenemos un problema de conciencia, muchas veces nosotras mismas no sabemos identificar que ciertas situaciones constituyen acoso sexual.
Finalmente, como dice Ashley Judd, estoy contigo. A ti que has sufrido de acoso, te creo, si quieres denunciar: te apoyo y te invito a que lo hables.
***
Las opiniones emitidas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores.
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Recientemente salió publicada en el New York Times la investigación que realizaron dos periodistas sobre los casos de acoso sexual por parte de Harvey Weinstein. Quizás, su nombre no les suene familiar como me sucedió a mí, pero ¿qué tal si les digo que él es productor de películas y cofundador de Miramax, ganador de 6 Oscar, entre ellas las películas Shakespeare Enamorado y Pandillas de Nueva York?
A la investigación la titulan “Décadas de acusaciones de acoso sexual en contra de Harvey Weinstein”. Comentan las periodistas que algunas de las mujeres a las cuales entrevistaron les decían que habían estado esperando este momento por años. Lo más curioso es que un escándalo de esta magnitud, levanta acusaciones de no solo una, sino de varias mujeres, que empiezan a contar sus experiencias de acoso. Son los casos de Ambra Battilana, Laura Madden, Ashley Judd, Rose McGowan, entre otras.
Por mi parte, me atrevo a decir que he conocido a mujeres (incluyéndome) que han sufrido, así sea una vez en su vida, una situación de acoso laboral. El acoso sexual entendido como un acto o comportamiento de tipo sexual, que busque acercamiento no deseado, prevaliéndose de una situación de superioridad laboral, docente u otra, este acoso incluye insinuaciones sexuales indeseadas, solicitudes de favores sexuales, conducta física o verbal de tipo sexual. Es decir, ese jefe que te dice que vayas a su oficina, cierra la puerta y te dice que vayan por unos tragos a su casa para hablar de tu crecimiento profesional en la empresa. Ese profesor que pide favores sexuales para que pases la materia.
Pero las preguntas son varias ¿Por qué callamos? ¿Por qué lo ocultamos? ¿Por qué no hablamos? ¿Porque lo contamos en la intimidad con esa amiga que nos hace sentir cómodas y que promete no contárselo a nadie? Como dijo Ashley Judd, actriz, víctima del acoso de Harvey: “Las mujeres llevamos hablando de Harvey entre nosotras por mucho tiempo, ya es hora que la conversación sea pública”.
Sí, las mujeres llevamos muchos años callando el acoso sexual. Pero es que nosotras, las que lo sufrimos, no tenemos por qué sentirnos avergonzadas por conductas que no son nuestras. La vergüenza debe recaer siempre sobre el acosador y no sobre la víctima. Este es un discurso que hay que reforzar socialmente.
No es fácil hablar del acoso, no es fácil salir a decir que tu jefe, tu profesor, tu compañero de trabajo, la persona que puede darte tu próximo trabajo te ha acosado. Es de valientes, como dice Lena Dunham: “quien hable de sus experiencias de acoso es una mujer valiente”.
Estadísticas en los Estados Unidos, sobre una encuesta realizada a 2.235 mujeres, indican que una de cada tres mujeres ha sido acosada en su trabajo. Por otro lado, alrededor de 71% de las víctimas no reportan este acoso. Y si, algunos se preguntaran por qué sólo hablo de mujeres, es que en ambientes laborales el acoso es sufrido en su mayoría por las mujeres, siendo los hombres en su mayoría los perpetradores. Las estadísticas reflejan que solo 10% de los perpetradores son mujeres y un 17 a un 20% de las víctimas de este acoso son hombres.
Hablar del acoso sexual no sólo es de valientes, es que quién te va a creer a ti, contra un aparato diseñado para favorecer al que tiene poder, contra un aparato que ha naturalizado el acoso. Como comentaba una de las mujeres que trabajaba con Harvey, la que escribió un memo sobre la situación de acoso sexual constante por parte de Harvey a las mujeres en la empresa, es un tema de poder.
Ella lo dijo en su memo: “el balance de poder mío es 0, el de Harvey Weinstein: 10”. Quién te va a creer a ti, que seguro te lo estabas buscando yendo en falda o escotes ese día a la oficina o a la universidad. También tenemos un problema de conciencia, muchas veces nosotras mismas no sabemos identificar que ciertas situaciones constituyen acoso sexual.
Finalmente, como dice Ashley Judd, estoy contigo. A ti que has sufrido de acoso, te creo, si quieres denunciar: te apoyo y te invito a que lo hables.
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Las opiniones emitidas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores.