Ni la mayoría, ni la razón - Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 28 SEPTIEMBRE, 2019 05:30

Ni la mayoría, ni la razón

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Antonio José Monagas

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“Ni política ni jurídicamente, estos personajes actuaron a instancia del ordenamiento jurídico”

Organizar la identidad cultural del venezolano, pasa por ciertas y precisas consideraciones. Por razones de metodología, algunas buscan en la música respuestas a la pregunta que sobre el referido propósito es necesario hacerse. De esa manera, es posible descubrir indicios que dan cuenta de lo que recrea al venezolano. No sólo en su condición cultural y social. Asimismo, en la circunstancia que motiva la política como función y prospecto de vida.

Es así cuando desde la música, puede organizarse un discurso aprovechándose del ritmo y la letra de la canción. Por ejemplo, la que popularizara el maestro Billo Frómeta, del merengue criollo venezolano, intitulada Mosaico Criollo, sirve para vincular una voluntad de poder con el talante vocinglero y bonachón del venezolano. La misma, expone el disimulo como la facultad que encubre la actitud alborozada del venezolano en momentos especiales. Eso da cuenta de cómo manifiesta sus intenciones. En consecuencia la canción explica, cómo el venezolano busca reservarse ante condicionamientos sociales que pueden estorbarle. Y para lo cual, desfigura o exagera la realidad que tenga por delante. Así, el sonado merengue, canta: “por más que se tongonee / siempre se te ve el bojote”. Y seguidamente, repite: “ahí va el bojote”

Esta paráfrasis aplica igualmente en el ejercicio de la política. Sobre todo, cuando su praxis pretende asirse desde el autoritarismo o el totalitarismo. Particularmente, cuando el gobernante despótico asoma infames actitudes al momento de comportarse apegado al sarcasmo, al infundio, la intolerancia, la demagogia, la usurpación, la hipocresía, el envilecimiento, a la envidia, al resentimiento o al egoísmo.

Vale este exordio para ubicar al lector en torno al episodio representado, a manera de teatro chocarrero, por la bancada del oficialismo, denominada Polo Patriótico (¿patriótico?) la cual evadiendo crudas contradicciones legales y constitucionales, se hizo presente en la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional el pasado 24-S.

Las lecturas que del susodicho evento se desprenden, son variadas. Quizás, la primera inferencia que de tan grotesco hecho puede hacerse, es aquella que da cuenta del oscurantismo político que padece. Su conducta dejó ver un concepto de política que refleja la ideologización de obsoletos y contaminados criterios de dominación.

Dicha bancada, actuó sin comprender la razón del problema que su misma ofuscación ha potenciado. Los personajes que la integran, arrogándose un abusivo poder con la excusa de que son más “diputados” que los propios, creyéndose con poderes “plenipotenciarios”, no tuvieron el más mínimo respeto por lo que ordena la Constitución Nacional al dictaminar las funciones y condiciones de diputados electos en comicios democráticos.

El comportamiento mostrado por tan espurios diputados, igualmente reveló el desconocimiento del concepto de “República”, toda vez que convirtieron tan particular momento en un absoluto absurdo. Tan parecido a las realidades que pueden darse en medio de una extraña “dimensión desconocida”. Confundieron el simbolismo que entraña la institución legislativa que brinda espacio al Parlamento Nacional, con cualquier nauseabundo espacio.

Es bastante penoso que los susodichos diputados, por la avidez de retratarse en el salón de sesiones de la Asamblea Nacional (legítima), en el Palacio Federal, carezcan del conocimiento del texto constitucional. Sus artículos 191 y 148, impugnan actitudes desobedientes e ignominiosas como las que demostraron. Más, ufanándose del equivocado papel que absurdamente desempeñaban por orden del partido al cual está subordinado el régimen usurpador.

En la mitad de tan grueso problema no sólo político, sino también de naturaleza jurídica, lucen desconocidos los conceptos de “autonomía institucional” y de “separación de poderes” lo cual redunda en el agravamiento de la crisis que conlleva Venezuela. Y por ello, la tiene sumida en el más horrible atolladero que pueda referir la historia política contemporánea nacional.

Pero al mismo tiempo, tan deshonrosa, deshonesta e indigna situación, puso al descubierto la crasa contradicción que conspira contra la institucionalidad democrática. Y es que para el régimen, las prioridades políticas rebasan las limitaciones jurídicas lo cual desdice del “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia” que dictamina la Constitución de la República, en su segundo artículo.

Asimismo, cabe refutar la actitud envalentonada de la cuestionada bancada oficialista que hizo de ridículo con la transgresión expuesta. Pero que además, dejó al descubierto la erosión y degradación del poder constitucional venezolano. Y es que ni política ni jurídicamente, los personajes de marras actuaron a instancia del ordenamiento jurídico según el cual son establecidos los argumentos y causas que configuran la esencia del Estado venezolano. El mismo, fundamentado en la responsabilidad social vinculante con la ética pública y el pluralismo político.

Aunque ciertamente lo peor de todo, es que aparte de lo arriba acusado, fue una actuación tan empobrecida política e infame jurídicamente del mal llamado Polo Patriótico, que parafraseando la canción de Billo, puede decirse “por más que se pinten de legisladores, siempre se les ve el arrugado”. O también, “ahí va el bojote”. Pues está de bulto advertir, que fue una demostración de burlona inmoralidad. Porque por encima de todo, después del 5 diciembre de 2015, el aludido grupo parlamentario no tuvo y tampoco tiene ni la mayoría ni la razón.

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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