OPINIÓN · 3 MAYO, 2017 10:15

La irresponsable y demagógica decisión del presidente Maduro

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Reinaldo Quijada

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Uno ha perdido la capacidad de asombro de todo lo que puede hacer un grupo de personas para mantenerse en el poder y seguir usufructuando de él… No hablamos de «políticos» porque nunca hemos considerado que el Presidente Maduro lo es, son personas que han hecho de la política un ejercicio inescrupuloso de ella para el beneficio personal.

Sin duda vivimos en un mundo en decadencia, basta con ver los inmensos casos de corrupción en las democracias europeas o en EE.UU, donde los valores y los principios vienen en retroceso; la dignidad, el honor o la austeridad han casi desaparecido de la escena política, pero es difícil identificar, en la historia reciente de la humanidad, un caso como el nuestro. La irresponsabilidad y la demagogia mandando, sin importar el costo, ni medir las consecuencias. Incluso se puede llegar a incendiar un país y eso poco importa.

El Presidente Maduro dijo en Miraflores, el 1 de mayo de 2017, «que hay que nombrar las cosas como son»; hagámoslo entonces. Es nuestra opinión, como él hace uso de la suya. Y lo hacemos desde la acera del proceso revolucionario, de los logros iniciales que alcanzó el Presidente Chávez, desde la inclusión social, desde la defensa de la soberanía nacional. Desde la defensa de las Misiones Sociales.

Cuando tuve la oportunidad de ser miembro de la Dirección Nacional de Clase Media en Positivo, en los años 2003 – 2006, y fui miembro de la cúpula del Comando Ayacucho, pude conocer directamente a la mayor parte de nuestra dirigencia actual, y en ese entonces decía a las personas más allegadas a mí: «tan deprimente que es una reunión del Comando Ayacucho, tan gratificante que es una reunión en una comunidad». Uno se sentía a gusto con las discusiones profundas que se daban en cualquier comunidad, con el pueblo, motivadas por el desarrollo del naciente proceso revolucionario, y asqueado con el espectáculo de ese grupo de supuestos dirigentes revolucionarios.

En esos años siempre prevaleció el liderazgo de Chávez para orientar y poner orden. Los venezolanos recordamos cómo el Presidente Chávez los reprendía en público, cómo llegó a decir que la Reforma Constitucional del año 2007 se perdió porque muchos gobernadores y alcaldes no la apoyaron. No querían perder espacios de poder a favor del poder popular. ¡Esa es nuestra dirigencia! ¡Chávez estuvo entrampado en ella! No en balde, un hombre, de excepción, en medio de tanta mediocridad, como lo fue el Gral. Alberto Müller Rojas llegó a señalar que Chávez estaba rodeado de un «nido de alacranes».

Un político, con algún sentido de trascendencia, de trascendencia histórica, tiene igualmente un sentido de responsabilidad personal para entender los tiempos que está viviendo. Una capacidad para valorar sus logros y sus fracasos. Y, muy importante, una capacidad para entender sus errores y enmendar el rumbo, al igual que medir las consecuencias de sus acciones. Todo esto es totalmente ajeno al Presidente Maduro. Viola permanentemente la CRBV, principal legado de Chávez, o no ejecuta su contenido, y pretende adicionarle programas y conquistas sociales cuando la gobernabilidad está comprometida y la gestión económica es un desastre. El Presidente Maduro está condenando al proceso revolucionario, al proceso de emancipación que inició el Comandante Chávez, al fracaso más estruendoso, llevándose al país por delante, y al pueblo.

Esta extemporánea convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente no es el único acto de absoluta irresponsabilidad política, lo es también la inmensa y permanente emisión de dinero inorgánico, que ya hemos denunciado, y que ha venido generando una descomunal inflación. Y es un acto de absoluta demagogia decir que se está protegiendo al pueblo. ¿Alguien en el país, ha oído al Presidente Maduro hacer un llamado a la reducción del gasto público, y no decimos del gasto social prioritario, que debe preservarse, sino del gasto suntuario? ¿Le ha hablado al país con sinceridad de la crisis que vivimos? ¿Ha hecho algo, aunque sea parcial, para enfrentar la inmensa corrupción o el uso dispendioso de los recursos públicos? ¿Tiene su gobierno la capacidad para garantizar al menos el abastecimiento de un (1) rubro alimenticio, uno solo, por ejemplo, el suministro de la harina de trigo para la producción de pan? «Nombremos las cosas como son», como pide el Presidente Maduro.

Constitucionalmente, basado en el artículo 348 de la CRBV, el Presidente de la Republica puede tomar la iniciativa de convocar una Asamblea Nacional Constituyente. La Constitución lo ampara, la ética no. La legitimidad popular tampoco cuando su aceptación está por el suelo. ¿O eso no es evidente en cualquier autobús o cola, en cualquier barrio o calle? La constituyente que está convocando el Presidente Maduro no es «originaria», sino «derivada» (es él quien la convoca) porque la «originaria» es cuando la convoca el pueblo (artículo 347 de la CRBV). Y uno se pregunta: ¿Si el Presidente Maduro cree y defiende tanto al pueblo, como él lo afirma, por qué no le pregunta al pueblo si está o no de acuerdo con la convocatoria de una Asamblea Constituyente? El Presidente Chávez lo hizo, cuando el 25 de abril de 1999, se realizó el Referendo Consultivo Nacional y se le hizo la pregunta al pueblo: «¿Está de acuerdo usted en convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el propósito de transformar el Estado y crear un nuevo ordenamiento jurídico que permita el funcionamiento efectivo de una Democracia Social y Participativa?» ¿Tendrá el Presidente Maduro la valentía y honestidad de hacerlo? Lo dudamos.

Uno escribe, lo admitimos, desde la tristeza y la indignación pero con la obligación, la convicción y el compromiso de seguir adelante. Por el país, por el pueblo venezolano. Por la recuperación de la dimensión moral de la política.

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Sin duda vivimos en un mundo en decadencia, basta con ver los inmensos casos de corrupción en las democracias europeas o en EE.UU, donde los valores y los principios vienen en retroceso; la dignidad, el honor o la austeridad han casi desaparecido de la escena política, pero es difícil identificar, en la historia reciente de la humanidad, un caso como el nuestro. La irresponsabilidad y la demagogia mandando, sin importar el costo, ni medir las consecuencias. Incluso se puede llegar a incendiar un país y eso poco importa.

El Presidente Maduro dijo en Miraflores, el 1 de mayo de 2017, «que hay que nombrar las cosas como son»; hagámoslo entonces. Es nuestra opinión, como él hace uso de la suya. Y lo hacemos desde la acera del proceso revolucionario, de los logros iniciales que alcanzó el Presidente Chávez, desde la inclusión social, desde la defensa de la soberanía nacional. Desde la defensa de las Misiones Sociales.

Cuando tuve la oportunidad de ser miembro de la Dirección Nacional de Clase Media en Positivo, en los años 2003 – 2006, y fui miembro de la cúpula del Comando Ayacucho, pude conocer directamente a la mayor parte de nuestra dirigencia actual, y en ese entonces decía a las personas más allegadas a mí: «tan deprimente que es una reunión del Comando Ayacucho, tan gratificante que es una reunión en una comunidad». Uno se sentía a gusto con las discusiones profundas que se daban en cualquier comunidad, con el pueblo, motivadas por el desarrollo del naciente proceso revolucionario, y asqueado con el espectáculo de ese grupo de supuestos dirigentes revolucionarios.

En esos años siempre prevaleció el liderazgo de Chávez para orientar y poner orden. Los venezolanos recordamos cómo el Presidente Chávez los reprendía en público, cómo llegó a decir que la Reforma Constitucional del año 2007 se perdió porque muchos gobernadores y alcaldes no la apoyaron. No querían perder espacios de poder a favor del poder popular. ¡Esa es nuestra dirigencia! ¡Chávez estuvo entrampado en ella! No en balde, un hombre, de excepción, en medio de tanta mediocridad, como lo fue el Gral. Alberto Müller Rojas llegó a señalar que Chávez estaba rodeado de un «nido de alacranes».

Un político, con algún sentido de trascendencia, de trascendencia histórica, tiene igualmente un sentido de responsabilidad personal para entender los tiempos que está viviendo. Una capacidad para valorar sus logros y sus fracasos. Y, muy importante, una capacidad para entender sus errores y enmendar el rumbo, al igual que medir las consecuencias de sus acciones. Todo esto es totalmente ajeno al Presidente Maduro. Viola permanentemente la CRBV, principal legado de Chávez, o no ejecuta su contenido, y pretende adicionarle programas y conquistas sociales cuando la gobernabilidad está comprometida y la gestión económica es un desastre. El Presidente Maduro está condenando al proceso revolucionario, al proceso de emancipación que inició el Comandante Chávez, al fracaso más estruendoso, llevándose al país por delante, y al pueblo.

Esta extemporánea convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente no es el único acto de absoluta irresponsabilidad política, lo es también la inmensa y permanente emisión de dinero inorgánico, que ya hemos denunciado, y que ha venido generando una descomunal inflación. Y es un acto de absoluta demagogia decir que se está protegiendo al pueblo. ¿Alguien en el país, ha oído al Presidente Maduro hacer un llamado a la reducción del gasto público, y no decimos del gasto social prioritario, que debe preservarse, sino del gasto suntuario? ¿Le ha hablado al país con sinceridad de la crisis que vivimos? ¿Ha hecho algo, aunque sea parcial, para enfrentar la inmensa corrupción o el uso dispendioso de los recursos públicos? ¿Tiene su gobierno la capacidad para garantizar al menos el abastecimiento de un (1) rubro alimenticio, uno solo, por ejemplo, el suministro de la harina de trigo para la producción de pan? «Nombremos las cosas como son», como pide el Presidente Maduro.

Constitucionalmente, basado en el artículo 348 de la CRBV, el Presidente de la Republica puede tomar la iniciativa de convocar una Asamblea Nacional Constituyente. La Constitución lo ampara, la ética no. La legitimidad popular tampoco cuando su aceptación está por el suelo. ¿O eso no es evidente en cualquier autobús o cola, en cualquier barrio o calle? La constituyente que está convocando el Presidente Maduro no es «originaria», sino «derivada» (es él quien la convoca) porque la «originaria» es cuando la convoca el pueblo (artículo 347 de la CRBV). Y uno se pregunta: ¿Si el Presidente Maduro cree y defiende tanto al pueblo, como él lo afirma, por qué no le pregunta al pueblo si está o no de acuerdo con la convocatoria de una Asamblea Constituyente? El Presidente Chávez lo hizo, cuando el 25 de abril de 1999, se realizó el Referendo Consultivo Nacional y se le hizo la pregunta al pueblo: «¿Está de acuerdo usted en convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el propósito de transformar el Estado y crear un nuevo ordenamiento jurídico que permita el funcionamiento efectivo de una Democracia Social y Participativa?» ¿Tendrá el Presidente Maduro la valentía y honestidad de hacerlo? Lo dudamos.

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