OPINIÓN · 9 JULIO, 2019 05:21

Hassine Abassi y las dificultades de la paz para Venezuela

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Francisco J. Sánchez | @reacin_vzla

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Hace unos pocos días tuvimos la oportunidad de recibir a Hassine Abassi, quien en el 2015 recibiera, junto con los miembros del cuarteto de Túnez, el premio Nobel de la Paz por sus labores políticas y de negociación en su país. Fue un esfuerzo coordinado de diferentes organizadores, entre ellos, la Red de Activismo e Investigación  por la Convivencia (REACIN), con la asesoría del Dr. Pedro Nikken; gentes que desde las profundas diferencias buscan generar una alternativa política con horizonte de pacificación y negociación en el país.

La historia del Cuarteto de Túnez en la búsqueda de negociaciones fue, como lo dijo el mismo Abassi, una experiencia que no busca ser un modelo aplicable a todos los países. En el proceso político que ellos vivieron, Túnez se vio en medio de un importante vacío de poder luego de que el dictador Ben Ali huyera del país. Para ellos en ese momento, tal y como narró Abassi, era necesario ver el espejo de los países vecinos, pues la mayoría estaban entrando en lo que conocemos como la primavera árabe (Egipto, Libia, Siria, Argelia, Marruecos, Yemen) países que terminarían con regímenes totalitarios o con conflictos entre factores fundamentalistas que provocarían violaciones masivas de los Derechos Humanos. Túnez no era excepción, pues las protestas para la salida de Ben Ali habían dejado más de 60 muertos.

La lectura del momento político y del entorno árabe los llevó a pensar que sería necesario negociar y pactar para que el país no terminara como sus vecinos. De allí que la labor del cuarteto –integrado por la unión de trabajadores, los empresarios, la liga de derechos humanos y el gremio de abogados- fue constituirse en un ente independiente para presionar a las fracciones políticas y así buscar un mutuo acuerdo.

Como diría el propio Abassi “tuvimos que decirnos a nosotros mismos que el futuro de Túnez era incierto; de allí nuestra consigna “Túnez está en peligro, Túnez está amenazada, sus intereses están amenazados, y su futuro es sombrío, por ello era necesario unirnos y dejar diferencias de lado”.

El señor Abassi, proveniente del mundo sindical, tuvo la valentía de compartir sus propias intuiciones sobre lo que veía en nuestro país. En un discurso dijo: “se me hace difícil creer que en pleno siglo XXI se adopten medidas que busquen solucionar una crisis humanitaria generando mayor crisis”; también se atrevió a decir “Ustedes tienen profundas diferencias ideológicas, pero aún no tienen a un partido con componentes fundamentalistas religiosos, ruego porque no lleguen a tener eso”. Así nos dejó claro lo que enfatizó una y otra vez: no venía a compartir un modelo, venía a narrar una experiencia.

De la risa escéptica al monopolio del sufrimiento

Luego de asistir a las reuniones para escuchar a Abassi, su experiencia no dejó de asombrarme. Pero a medida que más lo escuchaba, más me asombraban las reacciones de algunos los asistentes. Narrando lo vivido y sufrido en su país, Abassi mencionó la cifra inflacionaria a la que llegaron en momentos del conflicto político (5% de inflación anual), y la reacción de la audiencia fue soltar una enorme carcajada, interrumpiendo su narración. No quisiera caer en cánones morales sobre esto, las interrupciones pueden reflejar el clima del momento. Pero lo que sí me hizo pensar esta carcajada fue “¿Qué tipo de sufrimiento o experiencia dolorosa de otros será válida para nosotros los venezolanos? ¿Qué referentes podemos tomar como espejos para nuestro futuro? ¿Al creer que ninguna experiencia es tan dolorosa como la nuestra, cómo podemos estar en espera de una solución que venga del exterior?

Tuvimos a un nobel de la paz en frente, esperando a que generáramos diálogo con su experiencia y no fue fácil para nosotros entenderlo. Ante algunas intervenciones sobre lo que ellos hicieron, Abassi respondió “Es imposible ir a un diálogo anhelando que el otro desaparezca. No sean tacaños con Venezuela. Piensen en el país primero, pongan los intereses personales, partidistas o internacionales de lado”. O frente a varias intervenciones que revelaban el temor y la desconfianza de los asistentes a implicarse en iniciativas que se relacionaran con el diálogo o la negociación, Abassi ripostó rápidamente: “¡con esa actitud entonces no van a lograr nada!”. Agregando de inmediato que nos arriesguemos; que nuestro país lo vale, que todos somos venezolanos y merecemos vivir en nuestro país y en democracia.

Pareciera imposible priorizar el horizonte o futuro de Venezuela si creemos tener el monopolio del sufrimiento del mundo. Siendo así, no habrá referente que pueda hablarnos por no haber sufrido tanto como nosotros.

No hay política genérica

La experiencia de Abassi nos dio un claro mensaje y nos ilustró  cómo los que conformaron este cuarteto mostraron una importante capacidad de establecer el bien común como prioridad, dejando de lado sus intereses personales, gremiales o ideológicos, a sabiendas que el horizonte del país podía parecerse al de sus países vecinos.

“La política es el arte de lo posible” dice Peter Sloterdijk, y escuchando a Abassi era imposible dejar de pensar: ¿qué organización o grupo de organizaciones podrían asumir un rol así en el país, evitando ser etiquetados, quizás de “colaboracionistas” o exigiéndoles una “toma de posición”? Creo que apostar por la vía política y buscar el cese de tanto sufrimiento es una clara toma de posición.

“La pugna entre los chavismos y las oposiciones; entre la hegemonía comunicacional y el atropello de las redes sociales” como destacó el Dr. Pedro Nikken al final del foro, nos exige construir la alternativa que sea capaz de pensar un país en el horizonte.

Sabemos que los problemas sociales van a recrudecer, sabemos que habrá más migración, sabemos también por la experiencia histórica que las intervenciones extranjeras dejan desolación, lo que no hemos sabido hacer durante los últimos años es representar a la mayoría de las y los venezolanos y sus enormes necesidades sociales. Privan las pugnas políticas sobre las urgencias de la población. Entonces, tendremos que recordarnos que costo político no es igual a costo humano. Que la movilización no se origina espontáneamente como los sesgos históricos continúan repitiendo. Tendremos que convencernos de que la vía política será la alternativa, para los que aún queden en el país. Que no hay soluciones mágicas a lo que vivimos. Y que para negociar, como nos dijo Abassi, “no podemos esperar la eliminación del otro, pues es con ese otro con quien debemos pactar”.

 

* * *

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores

 

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Como diría el propio Abassi “tuvimos que decirnos a nosotros mismos que el futuro de Túnez era incierto; de allí nuestra consigna “Túnez está en peligro, Túnez está amenazada, sus intereses están amenazados, y su futuro es sombrío, por ello era necesario unirnos y dejar diferencias de lado”.

El señor Abassi, proveniente del mundo sindical, tuvo la valentía de compartir sus propias intuiciones sobre lo que veía en nuestro país. En un discurso dijo: “se me hace difícil creer que en pleno siglo XXI se adopten medidas que busquen solucionar una crisis humanitaria generando mayor crisis”; también se atrevió a decir “Ustedes tienen profundas diferencias ideológicas, pero aún no tienen a un partido con componentes fundamentalistas religiosos, ruego porque no lleguen a tener eso”. Así nos dejó claro lo que enfatizó una y otra vez: no venía a compartir un modelo, venía a narrar una experiencia.

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Sabemos que los problemas sociales van a recrudecer, sabemos que habrá más migración, sabemos también por la experiencia histórica que las intervenciones extranjeras dejan desolación, lo que no hemos sabido hacer durante los últimos años es representar a la mayoría de las y los venezolanos y sus enormes necesidades sociales. Privan las pugnas políticas sobre las urgencias de la población. Entonces, tendremos que recordarnos que costo político no es igual a costo humano. Que la movilización no se origina espontáneamente como los sesgos históricos continúan repitiendo. Tendremos que convencernos de que la vía política será la alternativa, para los que aún queden en el país. Que no hay soluciones mágicas a lo que vivimos. Y que para negociar, como nos dijo Abassi, “no podemos esperar la eliminación del otro, pues es con ese otro con quien debemos pactar”.

 

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