OPINIÓN · 14 AGOSTO, 2019 05:48

El inmenso potencial de incorporar a las mujeres a la economía

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Susana Reina | @feminismoinc

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En palabras de Klaus Schwab, fundador y Presidente Ejecutivo del Foro Económico Mundial, el mundo está siendo privado de un gran recurso sin explotar. Lo dijo refiriéndose al estado de los derechos de las mujeres en política, economía y educación, revelados en el último informe Global sobre Brechas de Género 2018. Si bien reconoce que hay avances, el panorama en general sigue siendo inquietante. 88 de los 149 países encuestados registraron mejoras en brecha salarial y representación política, pero también estiman que la brecha global tardará más de 200 años en cerrarse.

Idéntico mensaje recibí de las voces de expositores del más alto nivel en el Women Economic Forum Latinoamérica, al cual tuve la oportunidad de asistir del 1 al 3 agosto en Cartagena de Indias, tales como la Vicepresidenta de la República de Colombia Marta Lucía Ramírez, la Directora de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico​ (OCDE) y Sherpa del G20, Gabriela Ramos y del venezolano Rafael De La Cruz, ex-profesor IESA, ahora Gerente General del Departamento de Países del Grupo Andino y Representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Colombia, así como muchos otros expertos en finanzas y economía.

De sus intervenciones en el evento no quedan dudas: las mujeres seguimos sin ser consideradas un activo que ofrezca rendimientos económicos tangibles a nuestros países. El crecimiento económico y social que se registró en América Latina (AL) en los últimos diez años fue absolutamente desigual entre hombres y mujeres. Necesitamos un crecimiento distinto, dijeron a una voz los panelistas, uno más inclusivo, orientado al bienestar de todos por igual.

Algunos datos lapidarios

Los mejores países en equidad de género en la región, en palabras de la representante de OCDE, son Chile, Uruguay y Colombia. Los más atrasados Centroamérica y Haití, donde se registran bajas tasas de participación femenina y mucha violencia contra las mujeres. De Venezuela refirieron no tener cifras disponibles…

Las brechas de género en los países más poderosos del mundo son aún enormes, según reportan del G20, por lo cual la perspectiva para nuestra región es bastante desalentadora en esta materia. La participación de las mujeres en el mercado laboral en AL es del 50% mientras que la de los hombres es del 75%. A nivel mundial las mujeres ocupan el 29% de cargos de alto nivel, mientras que en AL es del 21%, pero al mismo tiempo, ellas devengan 21% de salario menor de los hombres.  La brecha salarial es innegable.

Estos datos son la punta de un iceberg que se sostiene por problemas aún no abordados a nivel de políticas públicas como la dificultad para conciliar corresponsablemente la carga doméstica, la baja valoración social de la economía de los cuidados y los estereotipos que reproducen la vieja división sexual del trabajo, que relega a las mujeres al espacio de lo doméstico.

La maternidad sigue siendo vista por las empresas como un obstáculo a la productividad y al compromiso de las mujeres con el empleo. En Colombia casi la mitad de las empresas no contrata mujeres que retornan al mercado de trabajo después de la licencia de gravidez. Dice el 70% de una muestra consultada por LG Consultores que la razón es porque “están desactualizadas”. Pero ¿cómo “actualizarse”?  Las mujeres pasan en promedio 5 horas diarias en labores del hogar como una segunda jornada laboral no remunerada, lo cual obviamente impide su crecimiento profesional.

Por otro lado, según el BID, solo un 2% de mujeres son dueñas de grandes empresas en AL. las empresas que logran fundar las mujeres son menos productivas por dos razones: reciben menos financiamiento y en su mayoría están en sectores de servicios de bajo rendimiento.  Los incentivos para la producción siguen favoreciendo más a los hombres. Por esta razón, fue una buena noticia dentro del evento, el lanzamiento de un Bono de Género para empresas que cierren brechas, el primero que se aporta para AL gracias a una alianza entre BID y Banitsmo, banco panameño. Una señal de que el camino va por el lado de los incentivos económicos.

Incorporar mujeres trae mejores resultados

Paradójicamente a estos resultados mostrados, los expertos certificaron que la incorporación masiva de mujeres al mercado laboral y la inversión mayoritaria en el sector femenino de la población traería rendimientos notables a la economía global: “si se redujese la brecha laboral se podría tener 100 millones de mujeres ingresando al mercado y seguramente mejor educadas que las generaciones pasadas. Está probado que la equidad de género aumenta el crecimiento y la competitividad”, dijo Gabriela Ramos.

Con sólo asegurar equidad de género, el Producto Interno Bruto de la región se incrementaría en un 34% para el 2025 según BID y la consultora global Mc Kinsey; además, emplear la diversidad de género se asocia con una probabilidad 21% mayor de superar la rentabilidad promedio de las industrias.

De acuerdo a cifras del BID, cuando hay una o más mujeres en las juntas directivas, los ingresos sobre capital son 44% más altos que cuando solo hay hombres en ellas: “estamos desaprovechando ese enorme potencial”, nos dijo Rafael de la Cruz. Pareciera entonces que pesan más las creencias machistas absurdas de quienes ostentan hoy el poder político y empresarial, que el bienestar de toda una población.

¿Y qué recomiendan los expertos para cerrar esta brecha?

Hablar de igualdad de género es un derecho humano, pero también hay que aprovechar las ventajas y habilidades de las mujeres para generar riqueza y prosperidad. No se trata solamente de un tema de justicia social, estamos hablando de desarrollo. Por ello, el tema de la inclusión requiere metas, recursos, indicadores, no sólo buenas intenciones y marketing rosa.

No por casualidad se está poniendo foco en la investigación y levantamiento de datos sobre género para que se tomen las decisiones correctas. Hoy se cuenta con data proveniente del Índice Global de la Brecha de Género del FEM, el Índice de Instituciones Sociales y Género de OCDE, Índice de Desigualdad de Género del PNUD, el Índice de Oportunidades Económicas de la Mujer de The Economist, el Índice de Género ODS de Equal Measures, entre otros. Esto es fundamental porque sin datos confiables no hay evidencias de la discriminación, ni base para cambiar la realidad de las mujeres.

Desde OCDE están pidiendo fomular políticas muy claras sobre los permisos de paternidad extendida, invertir en guarderías de calidad, defender las medidas de afirmación positiva como las cuotas en ámbitos públicos y privados y eliminar leyes discriminatorias contras las mujeres.

Pero con mayor énfasis, el trabajo que toca hacer es educativo. Lo que impide avanzar más rápido en igualdad de género es la concepción machista sobre lo que un hombre y una mujer deben hacer en la sociedad. Es preciso romper los estereotipos sexistas que impiden a muchas niñas a estudiar y trabajar en sectores mejor remunerados como ciencia, tecnología y economía digital. Apenas el 11% de las mujeres de la región se está formando en las carreras “STEM” (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés).

Educación de calidad para niñas y mujeres, trabajo sobre nuevas masculinidades, regulaciones legales con perspectiva de género, incentivos financieros, tributarios y sociales a las empresas que cierren gaps de manera seria y sostenida, apertura a las cuotas de participación femenina como medida de transición para equiparar desniveles, son parte de la agenda pública que urge abordar de inmediato para dar el necesario cambio.

Tarea pendiente

Es preciso además, que los empleadores tomen conciencia de sus propios sesgos de género y revisen cuan inclusivos son en las prácticas empresariales diarias. Más allá de los discursos pro-inclusión, la igualdad de género debe estar en el “core business” de todas las empresas.

Divulguemos estos hallazgos. Quizás es mera desinformación de los actores públicos y privados que toman decisiones y la creencia de que las feministas somos unas exageradas, lo que impide que avancemos más rápido. Más eventos como estos en todos los países, por favor.

* * *

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

Fotos:  Susana Reina

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Idéntico mensaje recibí de las voces de expositores del más alto nivel en el Women Economic Forum Latinoamérica, al cual tuve la oportunidad de asistir del 1 al 3 agosto en Cartagena de Indias, tales como la Vicepresidenta de la República de Colombia Marta Lucía Ramírez, la Directora de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico​ (OCDE) y Sherpa del G20, Gabriela Ramos y del venezolano Rafael De La Cruz, ex-profesor IESA, ahora Gerente General del Departamento de Países del Grupo Andino y Representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Colombia, así como muchos otros expertos en finanzas y economía.

De sus intervenciones en el evento no quedan dudas: las mujeres seguimos sin ser consideradas un activo que ofrezca rendimientos económicos tangibles a nuestros países. El crecimiento económico y social que se registró en América Latina (AL) en los últimos diez años fue absolutamente desigual entre hombres y mujeres. Necesitamos un crecimiento distinto, dijeron a una voz los panelistas, uno más inclusivo, orientado al bienestar de todos por igual.

Algunos datos lapidarios

Los mejores países en equidad de género en la región, en palabras de la representante de OCDE, son Chile, Uruguay y Colombia. Los más atrasados Centroamérica y Haití, donde se registran bajas tasas de participación femenina y mucha violencia contra las mujeres. De Venezuela refirieron no tener cifras disponibles…

Las brechas de género en los países más poderosos del mundo son aún enormes, según reportan del G20, por lo cual la perspectiva para nuestra región es bastante desalentadora en esta materia. La participación de las mujeres en el mercado laboral en AL es del 50% mientras que la de los hombres es del 75%. A nivel mundial las mujeres ocupan el 29% de cargos de alto nivel, mientras que en AL es del 21%, pero al mismo tiempo, ellas devengan 21% de salario menor de los hombres.  La brecha salarial es innegable.

Estos datos son la punta de un iceberg que se sostiene por problemas aún no abordados a nivel de políticas públicas como la dificultad para conciliar corresponsablemente la carga doméstica, la baja valoración social de la economía de los cuidados y los estereotipos que reproducen la vieja división sexual del trabajo, que relega a las mujeres al espacio de lo doméstico.

La maternidad sigue siendo vista por las empresas como un obstáculo a la productividad y al compromiso de las mujeres con el empleo. En Colombia casi la mitad de las empresas no contrata mujeres que retornan al mercado de trabajo después de la licencia de gravidez. Dice el 70% de una muestra consultada por LG Consultores que la razón es porque “están desactualizadas”. Pero ¿cómo “actualizarse”?  Las mujeres pasan en promedio 5 horas diarias en labores del hogar como una segunda jornada laboral no remunerada, lo cual obviamente impide su crecimiento profesional.

Por otro lado, según el BID, solo un 2% de mujeres son dueñas de grandes empresas en AL. las empresas que logran fundar las mujeres son menos productivas por dos razones: reciben menos financiamiento y en su mayoría están en sectores de servicios de bajo rendimiento.  Los incentivos para la producción siguen favoreciendo más a los hombres. Por esta razón, fue una buena noticia dentro del evento, el lanzamiento de un Bono de Género para empresas que cierren brechas, el primero que se aporta para AL gracias a una alianza entre BID y Banitsmo, banco panameño. Una señal de que el camino va por el lado de los incentivos económicos.

Incorporar mujeres trae mejores resultados

Paradójicamente a estos resultados mostrados, los expertos certificaron que la incorporación masiva de mujeres al mercado laboral y la inversión mayoritaria en el sector femenino de la población traería rendimientos notables a la economía global: “si se redujese la brecha laboral se podría tener 100 millones de mujeres ingresando al mercado y seguramente mejor educadas que las generaciones pasadas. Está probado que la equidad de género aumenta el crecimiento y la competitividad”, dijo Gabriela Ramos.

Con sólo asegurar equidad de género, el Producto Interno Bruto de la región se incrementaría en un 34% para el 2025 según BID y la consultora global Mc Kinsey; además, emplear la diversidad de género se asocia con una probabilidad 21% mayor de superar la rentabilidad promedio de las industrias.

De acuerdo a cifras del BID, cuando hay una o más mujeres en las juntas directivas, los ingresos sobre capital son 44% más altos que cuando solo hay hombres en ellas: “estamos desaprovechando ese enorme potencial”, nos dijo Rafael de la Cruz. Pareciera entonces que pesan más las creencias machistas absurdas de quienes ostentan hoy el poder político y empresarial, que el bienestar de toda una población.

¿Y qué recomiendan los expertos para cerrar esta brecha?

Hablar de igualdad de género es un derecho humano, pero también hay que aprovechar las ventajas y habilidades de las mujeres para generar riqueza y prosperidad. No se trata solamente de un tema de justicia social, estamos hablando de desarrollo. Por ello, el tema de la inclusión requiere metas, recursos, indicadores, no sólo buenas intenciones y marketing rosa.

No por casualidad se está poniendo foco en la investigación y levantamiento de datos sobre género para que se tomen las decisiones correctas. Hoy se cuenta con data proveniente del Índice Global de la Brecha de Género del FEM, el Índice de Instituciones Sociales y Género de OCDE, Índice de Desigualdad de Género del PNUD, el Índice de Oportunidades Económicas de la Mujer de The Economist, el Índice de Género ODS de Equal Measures, entre otros. Esto es fundamental porque sin datos confiables no hay evidencias de la discriminación, ni base para cambiar la realidad de las mujeres.

Desde OCDE están pidiendo fomular políticas muy claras sobre los permisos de paternidad extendida, invertir en guarderías de calidad, defender las medidas de afirmación positiva como las cuotas en ámbitos públicos y privados y eliminar leyes discriminatorias contras las mujeres.

Pero con mayor énfasis, el trabajo que toca hacer es educativo. Lo que impide avanzar más rápido en igualdad de género es la concepción machista sobre lo que un hombre y una mujer deben hacer en la sociedad. Es preciso romper los estereotipos sexistas que impiden a muchas niñas a estudiar y trabajar en sectores mejor remunerados como ciencia, tecnología y economía digital. Apenas el 11% de las mujeres de la región se está formando en las carreras “STEM” (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés).

Educación de calidad para niñas y mujeres, trabajo sobre nuevas masculinidades, regulaciones legales con perspectiva de género, incentivos financieros, tributarios y sociales a las empresas que cierren gaps de manera seria y sostenida, apertura a las cuotas de participación femenina como medida de transición para equiparar desniveles, son parte de la agenda pública que urge abordar de inmediato para dar el necesario cambio.

Tarea pendiente

Es preciso además, que los empleadores tomen conciencia de sus propios sesgos de género y revisen cuan inclusivos son en las prácticas empresariales diarias. Más allá de los discursos pro-inclusión, la igualdad de género debe estar en el “core business” de todas las empresas.

Divulguemos estos hallazgos. Quizás es mera desinformación de los actores públicos y privados que toman decisiones y la creencia de que las feministas somos unas exageradas, lo que impide que avancemos más rápido. Más eventos como estos en todos los países, por favor.

* * *

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

Fotos:  Susana Reina

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