Los avatares del Doctor Sueño - Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 8 NOVIEMBRE, 2019 05:45

Los avatares del Doctor Sueño

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Fedosy Santaella

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“Flanagan se toma su tiempo. Su ritmo no es quinceañero ni para creciditos con urgencias millenials”

No es una obra maestra ni tampoco creo que nadie pretenda llevarla a la altura de The Shinning, pero Doctor Sleep (o Doctor Sueño) cumple con todo lo necesario. Le sobran cosas, algunas otras son bastante flojas, pero puedo decir que Doctor Sleep se resiste en su mayor parte a las solicitudes de estos tiempos en que todo se apetece masticadito.

 

No explica, por ejemplo, de dónde viene el resplandor, y ya esto, de entrada, es ganancia. Porque vamos, es ya cansón el ánimo de echarnos a perder con explicaciones las cosas maravillosas que realmente no necesitan ser explicadas, como la locura de Hannibal Lecter o el origen de La Fuerza, o hasta la naturaleza oscura del Guasón.

También es de agradecer que la cinta no abunde en sustos baratos de siluetas que pasan al fondo acompañadas de estridentes golpes de violín mientras vemos en primer plano el rostro atontado del protagonista o el más atontado aún de la siguiente víctima. Tampoco se complace en el mero mostrar de lo físicamente horrendo, que lo presenta, pero en su justa medida, cuando se asume como necesario, digamos.

Doctor Sleep tiene mucho de lo bueno del viejo Stephen King. Y claro, el susto es lo esencial, pero también está ese gran arte de hilvanar una obra coral que se mueve en tramas paralelas y de personajes que van, poco a poco, al gran encuentro, acompañados de cerca por el escritor que los vuelve empáticos para nosotros en su dolor, en sus conflictos, en su tragedia. Hasta Ewan McGregor, que nunca ha sido santo de mi devoción y cuyas actuaciones por lo general me resultan insuficientes y aburridas, esta vez, gracias al toque cercano del maestro King, cumple con su cometido y así nos llegamos a olvidar que es él, Ewan McGregor, quien está frente a la cámara intentando echar a perder las cosas con su actuación desganada.

Mike Flanagan, logra, sin duda capturar la esencia del maestro del terror. Pero tampoco es un advenedizo. Ni en el terror ni en Stephen King. Venido de filmes independientes, se dio a conocer, justamente, con el género que nos ocupa. Desde la independencia creativa de sus inicios nos regaló un terror sin concesiones. Absentia, en 2011, lo puso en la mira de los festivales y de las casas productoras. Por supuesto, se llevó algunos premios del circuito que celebra el terror. Dos años más tarde, en 2013, entregó Oculus, bajo la tutela del estudio Blum House, el mismo, para aquel momento, de Paranormal Activity (2010), Sinister (2012) y The Purge (2013), entre otros éxitos de horror. Oculus costó cinco millones de dólares e hizo una taquilla de cuarenta. Desde entonces, Flanagan no paró de trabajar el género y de hacerlo siempre bajo un estilo clásico, de espíritus malditos y casas embrujadas, sin trucos fáciles y siempre dándose su tiempo para contar las historias, que, por lo general, tienen elementos familiares. Así, por ejemplo, se encargó del drama familiar y de terror The Haunting of Hill House, serie que tuvo su lugar en Netflix, y que a mucha gente le recordó el estilo de Stephen King; tanto así, que hasta el maestro terminó dando opiniones favorables sobre ella. De hecho, volviendo a Doctor Sleep, no es la primera vez que Flanagan trabaja una historia de King. En 2017, también para Netflix, entregó Gerald’s Game, una poderosa y cruda adaptación de otra novela del maestro del terror.

Aunque sin duda el referente visual y retador es The Shining de Kubrick, muy inteligentemente, Flanagan —que también se hizo cargo del guion— ha optado no por parecerse a Kubrick sino por ser fiel a King en cuanto a la estructura de sus historias y la manera pausada pero ascendente al contar.

Sí, la presencia de Kubrick es una sombra gigantesca, y Flanagan no la evita, aunque tampoco podía hacerlo, porque Danny adulto es nuestro protagonista y porque el hotel Overlook resulta el escenario final, donde, por supuesto, el homenaje a Kubrick se crece; y si bien el director no huye del gran cineasta y de su obra maestra, sí creo que consiguió el camino para hacer un trabajo propio e independiente. No faltará quien haga comparaciones y mentará sacrilegios, yo más bien creo que hay que ver Doctor Sleep, en buena parte y por lo ya dicho, como una obra que tiene vida propia.

La cinta de Flanagan se toma su tiempo. Su ritmo no es quinceañero ni para creciditos con urgencias millennials. Con todo, y quizás para no espantar a ese público, el final tiene una coda innecesaria que rumia demasiado con lo que las imágenes y las acciones dijeron. Pero ya sabemos, hemos vuelto a Esopo y a sus historias explicadas.

Rebeca Ferguson está muy bien en su rol de Rose the Hat, una mujer un tanto hippie (una vez más, y por la vía de Tarantino, los hippies reciben su buena dote de palos cinematográficos) de inquietante belleza cargada de un aire frío. Su belleza es tan inevitable que hasta la película hace referencia a ésta un par de veces. Al inicio, cuando la preciosa Snakebite Andi es hipnotizada, dirá, “Eres las mujer más bella que he visto”, y luego hacia el final, cuando Rose misma recalca que no sabe si es la última de su especie, pero sí la más bella.

Deja mucho que desear Henry Thomas en el rol de Jack Torrance, que es la vez, insoslayablemente, un papel en el que tiene que hacer también de Jack Nicholson. Thomas —el famoso Elliott de E.T. de Spielberg— ha trabajado ya con Flanagan en el puesto protagónico de The Haunting of Hill House, y ciertamente es un actor de talento, pero en su breve intervención como Jack Torrance (o como Jack Nicholson) no dio la altura. Es difícil pensar qué actor hubiera podido darle realmente ese nivel. No obstante, el diálogo entre McGregor y Thomas (entre Danny Torrance y Jack Torrance) en la barra luminosa del hotel Overlook es realmente magistral. Por su parte, la “casi” principiante (tiene un film anterior) Kyliegh Curran, en el rol de la poderosa chica resplandeciente Abra Stone, cumple su cometido yendo y viniendo con comodidad de la niña de trece años, encantadora e inocente, a la enigmática y poderosa rival de la oscura y envolvente Rose the Hat.

La banda sonora, que como sabemos era fundamental en los filmes de Kubrick, acá también se hace un espacio importante. Los Newton Brothers, que no han faltado a una sola convocatoria de Flanagan desde Oculus, hacen un trabajo impecable y trepidante.

Posiblemente Doctor Sleep dejará al público de las gradas descontento, pues no encontrará allí el terror facilón que gusta. De hecho, en mi función, unos cuantos se salieron de la sala, quizás considerando que la película era “lenta” y “aburrida”, dos adjetivos que en los últimos tiempos se utilizan con frecuencia para denigrar de una película, y que por lo general dejan más bien mal parados a quienes los esgrimen. Entre los fanáticos radicales de Kubrick —que saben mucho de cine y de The Shining— también imagino que no habrá mucha emoción y unos cuantos o muchos insultos.

Doctor Sleep, insisto, no es una obra maestra, tampoco una palomita de maíz con máscara y machete; es más bien un nuevo paso en la carrera de Flanagan, que esta vez intenta mantenerse a dos aguas entre un cine personal y una cartelera deseosa de productos fá presto. Tiene todo lo necesario, me parece; ahora, la pregunta sería, ¿todo lo necesario para quién? Quizás, una parte de los espectadores que pretende esta cinta ya pertenece al pasado, y quizás la otra sólo quiera tan sólo que la asusten con sangre y sobresaltos facilones. Ya lo dijo algún personaje del film: el mundo es un lugar hambriento. Y sí, con frecuencia, esa hambre es de pura comida chatarra.

* * *

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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