Delincuentes, sí. Policías, no - Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 15 JUNIO, 2019 05:47

Delincuentes, sí. Policías, no

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Leoncio Barrios | @Leonciobarrios

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A simple vista, el título de este artículo parece una aberración y lo es a todas luces.  Deja ver que, en Venezuela, como en otros países, ocurren atrocidades cuando de violencia policial se trata y que hay delincuentes “buenos”, los que ayudan a sus vecinos, y “malos, los que se llevan todo y a todos por delante.

La preocupante anécdota que inspira este texto es la protesta de un grupo de vecinos de un sector popular de Caracas, Petare, contra los abusos policiales que han sufrido. Prácticamente, una redundancia porque los procedimientos de la policía contra los pobres – su misma gente-  suelen ser abusivos, violentos.

Lo curioso del hecho es que al tiempo que protestaban los desmanes de la policía, hacían saber que, en su zona, era preferible la presencia de delincuentes o malandros, como los llamamos en Venezuela, que de la policía. Esa reacción no es nueva en ciertos sectores populares y, como decía, no es una aberración per se,  responden a dinámica de las comunidades.

Esa protesta reciente tiene dos caras y –me permito especular –una mano pelúa por atrás o, al menos una motivación ambigua.

El aparente motivo de la protesta  (y el deseable, aplaudible) es denunciar la violación de los Derechos Humanos por parte de funcionarios de uno de los cuerpos policiales que, en muy poco tiempo de creado, ha logrado el indignante record de asesinar en sus  procedimientos a centenares de jóvenes, casi todos en barrios pobres.

Según varias denuncias de organismos defensores de los Derechos Humanos, estos funcionarios actúan con exacerbada violencia bajo la sospecha o certeza -por delaciones-  que las víctimas son azotes no necesariamente o solo en su barrio, sino en la ciudad y actúan, sin piedad alguna, con sus víctimas.

El problema es que en esas actuaciones policiales no media proceso judicial alguno, ni respeto a los derechos humanos.  De arrase, “razzia”, se trata.  Pero de eso poco pudiera saber la gente del común. De lo que si sabe es que si esos muchachos son golpeados, heridos, detenidos, desaparecidos y hasta asesinados a la vista de todos, la cosa toma otro color.

Pero, además, si esos agentes policiales arrebatan o dañan las pocas propiedades materiales de la familia o los vecinos, la cosa se pone color de hormiga.

Y, por eso, entre otras razones, más que justificada la reciente protesta de un grupo de vecinos de Petare, aunque en otros sectores populares, inclusive de la misma zona,  hay sentimientos encontrados sobre estos procedimientos policiales.

Testimonios de vecinos de zonas altamente afectadas por malandros o delincuentes reconocen que después de una razzia policial del tipo que  esa comunidad protesta, la zona se fue calmando porque “la operación nos libró de delincuentes que nos tenían los negocios y la vida hecha piquitos”.

Igual, gente de otros sectores, no pobres, clase media y alta, digamos, que ha sido victima o consciente de la amenaza de la delincuencia, ve con buenos ojos que los policías encapuchados asesinen a los delincuentes o sospechen que sean.  Uno menos, piensan. Así de bárbara es la cosa y es que ante la amenaza de la vida y la propiedad, el correcto discurso de los Derechos Humanos poco cuenta, por más civilizada que sea la gente.

Pero volviendo a la protesta por los desmanes policiales hay que tener en cuenta que además de los inocentes que pagan junto a los pecadores, los delincuentes presos, heridos o muertos eran miembros de una comunidad, sus vecinos  los vieron crecer.

El hijo de la señora tal

Algunos de lo muertos serían mala conducta, sí; pero cada uno era hijo de la señora tal, fue compañero en la escuela, cuando no robaba o mataba, jugaba en la cancha de basket, bailaba. Y si, ese joven muerto ayudaba con el producto de sus fechorías a su familia, a sus amigos,  a la comunidad, era querido y cuando muere un ser querido, duele y si es en forma violenta, en manos de a policía, enardece.   El síndrome de Pablo Gavidia.

Del otro lado, están los funcionarios policiales que por más represivos, violentos, asesinos con carnet que sean, casi todos ellos también son miembros de comunidades pobres, hijos de la señora cual, fueron a la escuela del barrio, juegan  basket, van a fiestas, etc, etc.  Algunos, ayudan a los suyos jugando para los dos lados, pasando información o, inclusive, algunos, delinquiendo cuando no están de guardia.

El asunto es que los pasamontañas que les cubre el rostro les da licencia y los libra de culpa en asesinar y acometer otros desmanes, igual que los delincuentes informales que ellos persiguen y asesinan y así no vale, parece decir gente de algunas comunidades.

Foto: El Universal

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores

 

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