OPINIÓN · 26 NOVIEMBRE, 2016 03:18

La ansiedad de Fidel Castro por el petróleo venezolano

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Edgardo González Medina

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El 23 de enero de 1959, a ventidos días de la caída de Batista, Fidel Castro visitó a Venezuela en busca de petróleo para Cuba, y es recibido en el aeropuerto por Luis Beltrán Prieto Figueroa y Wolfgang Larrazábal, expresidente de la Junta de Gobierno formada al derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez.  Una multitud de 30 mil personas lo esperaba.

A continuación extractos del libro Venezuela, capitalismo de estado, reforma y revolución, de Edgardo González Medina que narra esta historia.

Castro visita a Rómulo Betancourt y éste lo recibe con una frase: …”no han debido presentarse armados a Maiquetía”…

Fidel había llegado con la plana mayor del “Movimiento 26 de julio”, entre otros, Raúl Castro, el Che Guevara, y Camilo Cienfuegos.

Todos jóvenes, veían a Venezuela con gran entusiasmo.

Un año antes los venezolanos habían derrocado al dictador Pérez Jiménez, y durante 1958 prestaron ayuda económica y militar a la guerrilla, tanto el gobierno como los partidos de izquierda, entre ellos Acción Democrática.

Betancourt era enemigo de Fulgencio Batista y amigo de dirigentes cubanos como Manuel Urrutia, Oswaldo Dorticós y sobre todo de Raúl Roa, que fueron los dos primeros presidentes de Cuba y el último, el famoso embajador de Castro en la ONU durante la guerra fría.

Betancourt había sido protegido en Cuba durante el exilio, por el gobierno de Prío Socarrás, hasta el año 1952 en que este fue derrocado por el sargento Fulgencio Batista.

Inicialmente, para los cubanos Betancourt era el líder capaz de incidir en una estrategia de enfrentamiento contra los EE.UU, porque había sido uno de los principales dirigentes del Partido Comunista de Costa Rica y miembro del supuesto Buró del Caribe de la III Internacional.

Betancourt sin embargo le describe al líder cubano las enormes dificultades económicas que espera para Venezuela durante su gobierno, en particular el pago de la deuda externa, la confrontación contra la reacción medinista-perezjimenista, la amenaza del sector militar en su mayoría ansioso de retomar el poder, y también le expone la imposibilidad de que Venezuela le entregue petróleo a Cuba directamente, y sobre todo, lo difícil de que sea a crédito, debido al control que tenían las compañías trasnacionales sobre la producción y la comercialización del petróleo venezolano.89

En AD viene existiendo un sentimiento general de apoyo a los rebeldes cubanos. En 1959 la dirigencia adeca llegó a proponer un frente internacional de defensa de la revolución cubana. La política petrolera que planea el gobierno de Betancourt se basaría en un intento de desatar al país de una rigurosa posición en la división internacional del trabajo, que como consecuencia de la monoproducción ocupaba Venezuela.

Intercambiar con Cuba sobre la base de respectivas especializaciones productivas era para Betancourt algo desacertado dentro de una expectativa de diversificación económica latinoamericana planeada sobre la base de un modelo de sustitución de importaciones. Era más nacionalista intentar desamarrarse de la División Internacional, o al menos no asirse más.

Por el contrario Fidel se planteaba, por desconocimiento del tema económico que por necesidad, economías que giraban en torno a la producción especializada: Explotación de la caña, explotación del petróleo, que se complementarían con el intercambio en países de influencia de la Unión Soviética y Europa, contrario incluso a los planteamientos económicos del Che Guevara, quien luchó hasta última hora dentro de Cuba por la idea de la diversificación económica, siendo por ello objeto de presiones políticas de la URSS.

En el partido AD jamás se había planteado la unión o colaboración latinoamericana sobre la base de la especialización productiva, porque de ninguna forma puede ser favorable a un país hacer trueque de una materia extractiva por mercancías industriales, mucho menos en el caso del petróleo, una materia estratégica para las grandes potencias que controlaban su tecnología y comercialización.

Temía Betancourt del proyecto de Cuba, que se encaminara a un rol inconsciente de retaguardia del capitalismo norteamericano, llevado a convertirse en un régimen que los EE.UU utilizarían para chantajear al resto de América Latina, y estaba seguro de que los EE.UU no solo le permitirían sino que inducirían finalmente a los cubanos a establecer un gobierno ligado a los intereses de la URSS.

Betancourt había concebido una estrategia donde promovía al Partido Comunista de Venezuela (PCV) en un rol de oposición radical activa, ligada a los intereses de la URSS, que pudiera ser exhibida como la demostración de que el comunista no era él, a pesar de que –o por ello mismo- preveía contradicciones esenciales con las trasnacionales petroleras y mineras que ocasionarían con toda seguridad fuertes presiones externas.

En esos momentos, AD era visto en los EE.UU como un temible partido revolucionario, y Betancourt frente a Castro vio claramente una oportunidad adicional de que las fuerzas más reaccionarias del continente le quitaran la vista de encima y voltearan hacia Cuba.

La presencia de un régimen comunista en América Latina ofrecía una oportunidad de intentar reformas demócrataburguesas que en otras circunstancias ni siquiera podían pensarse. Para los EE.UU, Rómulo Betancourt seguía siendo el líder de un partido marxista y el fundador del Partido Comunista de Costa Rica.

Betancourt le explicó a Castro que el Estado venezolano era dueño efectivamente de los yacimientos pero la producción y comercialización la controlaban las transnacionales petroleras debido a concesiones que habían obtenido años atrás en los gobiernos autoritarios de Gómez, Medina Angarita y Pérez Jiménez, y que si bien el nuevo gobierno iba a reiniciar una política de No más concesiones petroleras ni mineras, y  se trataría de convencer a los árabes para una alianza por la defensa de los precios, y que si a la vez se iba a fundar una empresa petrolera estatal;  también en las circunstancias del momento era imposible convenir un intercambio de gobierno a gobierno entre Venezuela y Cuba, porque Venezuela no podía nacionalizar en forma inmediata la industria, la cual representaba el 90% del ingreso fiscal y casi la totalidad del ingreso de divisas; mucho menos con la crisis financiera que ya se ha previsto por la gran fuga de capitales y la deuda dejada por Pérez Jiménez de unos 4.000 millones de dólares.

No es lo mismo, arguyó Betancourt, nacionalizar dos vetustas refinerías en Cuba que estatizar una producción que representa el 46% de las importaciones petroleras de los EE.UU. La misma Cuba recibía en ese momento petróleo de las transnacionales desde Venezuela.  Castro le había dicho a Betancourt que estatizaría las empresas batisteras y norteamericanas, y éste le recomendó –según afirmó en sus memorias- que lo hiciera indemnizándolas o con la promesa de indemnización para disminuir las consecuencias dentro de los EE.UU.

El encuentro había sido tenso pero amistoso.

Betancourt se dio cuenta que con una Cuba radicalizada y amenazante los EE.UU. estarían tan ocupados con ella que descuidarían las presiones que habían montado contra la política venezolana de no concesiones petroleras ni mineras, que había sido decretada en 1945 por Betancourt, suspendida por el dictador Pérez Jiménez.

El mismo Betancourt comentó tiempo luego que Castro no parecía escuchar los argumentos y seguía hablando de que Venezuela y Cuba debían aliarse para enfrentarse a los EE.UU, y concluye: “Allí di por terminada la reunión”.

Castro regresó a Cuba y sacó de la manga el as escondido del petróleo soviético, pacto que al firmarse en 1960 ocasionó que las transnacionales petroleras cortaran los suministros que venían haciendo desde los yacimientos venezolanos. México se negó a suministrar petróleo a Cuba, excepto una pequeña cuota, con el alegato de que su producción si acaso alcanzaba para su propio consumo, y se ha dicho que Canadá hizo lo propio.  Al cortarse los suministros, Castro amplió el pacto con la URSS para la totalidad de suministros petroleros de la isla.

La ansiedad por el petróleo venezolano le viene a Castro desde esa época.

Fuente:  González Medina, E.: (2007) Venezuela, capitalismo de estado, reforma y revolución. Edición electrónica gratuita. Texto completo en www.eumed.net/libros/2007a/244/

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A continuación extractos del libro Venezuela, capitalismo de estado, reforma y revolución, de Edgardo González Medina que narra esta historia.

Castro visita a Rómulo Betancourt y éste lo recibe con una frase: …”no han debido presentarse armados a Maiquetía”…

Fidel había llegado con la plana mayor del “Movimiento 26 de julio”, entre otros, Raúl Castro, el Che Guevara, y Camilo Cienfuegos.

Todos jóvenes, veían a Venezuela con gran entusiasmo.

Un año antes los venezolanos habían derrocado al dictador Pérez Jiménez, y durante 1958 prestaron ayuda económica y militar a la guerrilla, tanto el gobierno como los partidos de izquierda, entre ellos Acción Democrática.

Betancourt era enemigo de Fulgencio Batista y amigo de dirigentes cubanos como Manuel Urrutia, Oswaldo Dorticós y sobre todo de Raúl Roa, que fueron los dos primeros presidentes de Cuba y el último, el famoso embajador de Castro en la ONU durante la guerra fría.

Betancourt había sido protegido en Cuba durante el exilio, por el gobierno de Prío Socarrás, hasta el año 1952 en que este fue derrocado por el sargento Fulgencio Batista.

Inicialmente, para los cubanos Betancourt era el líder capaz de incidir en una estrategia de enfrentamiento contra los EE.UU, porque había sido uno de los principales dirigentes del Partido Comunista de Costa Rica y miembro del supuesto Buró del Caribe de la III Internacional.

Betancourt sin embargo le describe al líder cubano las enormes dificultades económicas que espera para Venezuela durante su gobierno, en particular el pago de la deuda externa, la confrontación contra la reacción medinista-perezjimenista, la amenaza del sector militar en su mayoría ansioso de retomar el poder, y también le expone la imposibilidad de que Venezuela le entregue petróleo a Cuba directamente, y sobre todo, lo difícil de que sea a crédito, debido al control que tenían las compañías trasnacionales sobre la producción y la comercialización del petróleo venezolano.89

En AD viene existiendo un sentimiento general de apoyo a los rebeldes cubanos. En 1959 la dirigencia adeca llegó a proponer un frente internacional de defensa de la revolución cubana. La política petrolera que planea el gobierno de Betancourt se basaría en un intento de desatar al país de una rigurosa posición en la división internacional del trabajo, que como consecuencia de la monoproducción ocupaba Venezuela.

Intercambiar con Cuba sobre la base de respectivas especializaciones productivas era para Betancourt algo desacertado dentro de una expectativa de diversificación económica latinoamericana planeada sobre la base de un modelo de sustitución de importaciones. Era más nacionalista intentar desamarrarse de la División Internacional, o al menos no asirse más.

Por el contrario Fidel se planteaba, por desconocimiento del tema económico que por necesidad, economías que giraban en torno a la producción especializada: Explotación de la caña, explotación del petróleo, que se complementarían con el intercambio en países de influencia de la Unión Soviética y Europa, contrario incluso a los planteamientos económicos del Che Guevara, quien luchó hasta última hora dentro de Cuba por la idea de la diversificación económica, siendo por ello objeto de presiones políticas de la URSS.

En el partido AD jamás se había planteado la unión o colaboración latinoamericana sobre la base de la especialización productiva, porque de ninguna forma puede ser favorable a un país hacer trueque de una materia extractiva por mercancías industriales, mucho menos en el caso del petróleo, una materia estratégica para las grandes potencias que controlaban su tecnología y comercialización.

Temía Betancourt del proyecto de Cuba, que se encaminara a un rol inconsciente de retaguardia del capitalismo norteamericano, llevado a convertirse en un régimen que los EE.UU utilizarían para chantajear al resto de América Latina, y estaba seguro de que los EE.UU no solo le permitirían sino que inducirían finalmente a los cubanos a establecer un gobierno ligado a los intereses de la URSS.

Betancourt había concebido una estrategia donde promovía al Partido Comunista de Venezuela (PCV) en un rol de oposición radical activa, ligada a los intereses de la URSS, que pudiera ser exhibida como la demostración de que el comunista no era él, a pesar de que –o por ello mismo- preveía contradicciones esenciales con las trasnacionales petroleras y mineras que ocasionarían con toda seguridad fuertes presiones externas.

En esos momentos, AD era visto en los EE.UU como un temible partido revolucionario, y Betancourt frente a Castro vio claramente una oportunidad adicional de que las fuerzas más reaccionarias del continente le quitaran la vista de encima y voltearan hacia Cuba.

La presencia de un régimen comunista en América Latina ofrecía una oportunidad de intentar reformas demócrataburguesas que en otras circunstancias ni siquiera podían pensarse. Para los EE.UU, Rómulo Betancourt seguía siendo el líder de un partido marxista y el fundador del Partido Comunista de Costa Rica.

Betancourt le explicó a Castro que el Estado venezolano era dueño efectivamente de los yacimientos pero la producción y comercialización la controlaban las transnacionales petroleras debido a concesiones que habían obtenido años atrás en los gobiernos autoritarios de Gómez, Medina Angarita y Pérez Jiménez, y que si bien el nuevo gobierno iba a reiniciar una política de No más concesiones petroleras ni mineras, y  se trataría de convencer a los árabes para una alianza por la defensa de los precios, y que si a la vez se iba a fundar una empresa petrolera estatal;  también en las circunstancias del momento era imposible convenir un intercambio de gobierno a gobierno entre Venezuela y Cuba, porque Venezuela no podía nacionalizar en forma inmediata la industria, la cual representaba el 90% del ingreso fiscal y casi la totalidad del ingreso de divisas; mucho menos con la crisis financiera que ya se ha previsto por la gran fuga de capitales y la deuda dejada por Pérez Jiménez de unos 4.000 millones de dólares.

No es lo mismo, arguyó Betancourt, nacionalizar dos vetustas refinerías en Cuba que estatizar una producción que representa el 46% de las importaciones petroleras de los EE.UU. La misma Cuba recibía en ese momento petróleo de las transnacionales desde Venezuela.  Castro le había dicho a Betancourt que estatizaría las empresas batisteras y norteamericanas, y éste le recomendó –según afirmó en sus memorias- que lo hiciera indemnizándolas o con la promesa de indemnización para disminuir las consecuencias dentro de los EE.UU.

El encuentro había sido tenso pero amistoso.

Betancourt se dio cuenta que con una Cuba radicalizada y amenazante los EE.UU. estarían tan ocupados con ella que descuidarían las presiones que habían montado contra la política venezolana de no concesiones petroleras ni mineras, que había sido decretada en 1945 por Betancourt, suspendida por el dictador Pérez Jiménez.

El mismo Betancourt comentó tiempo luego que Castro no parecía escuchar los argumentos y seguía hablando de que Venezuela y Cuba debían aliarse para enfrentarse a los EE.UU, y concluye: “Allí di por terminada la reunión”.

Castro regresó a Cuba y sacó de la manga el as escondido del petróleo soviético, pacto que al firmarse en 1960 ocasionó que las transnacionales petroleras cortaran los suministros que venían haciendo desde los yacimientos venezolanos. México se negó a suministrar petróleo a Cuba, excepto una pequeña cuota, con el alegato de que su producción si acaso alcanzaba para su propio consumo, y se ha dicho que Canadá hizo lo propio.  Al cortarse los suministros, Castro amplió el pacto con la URSS para la totalidad de suministros petroleros de la isla.

La ansiedad por el petróleo venezolano le viene a Castro desde esa época.

Fuente:  González Medina, E.: (2007) Venezuela, capitalismo de estado, reforma y revolución. Edición electrónica gratuita. Texto completo en www.eumed.net/libros/2007a/244/

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