Venezolanos han adoptado una "dieta de sobrevivencia" con graves efectos, advierten especialistas - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 17 MARZO, 2016 12:10

Venezolanos han adoptado una «dieta de sobrevivencia» con graves efectos, advierten especialistas

Texto por Mariel Lozada | @marielozadab

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“En uno o dos años vamos a ver índices importantes de aumento de anemias” y la estatura también se verá afectada: la próxima generación será más baja que sus padres. Así lo advierte Mariela Berrisbeitia, médico ocupacional con certificado en medicina de obesidad, quien recuerda que en la actualidad la altura promedio del venezolano es de 1.70,6 cms para los hombres y 1.53 cms para las mujeres.

Actualmente, el 75% de la dieta de los venezolanos consiste en carbohidratos. Así lo señala el informe del Observatorio Venezolano de la Salud (OVS) publicado el 14 de marzo de 2016, en donde también advierten que la ausencia de proteínas de alto valor biológico en la alimentación se traduce en el incremento de los casos de anemia en el país y que afecta el desarrollo de generaciones futuras.

Para Berrisbeitia, en los próximos años las cifras de deserción escolar aumentarán como consecuencia de la mala alimentación. “Un niño anémico no rinde, no se desarrolla y no logra progresar. Prefieren ponerlo a trabajar a que siga en el colegio, raspando”

El informe de la OVS señala que las proteínas (pescados, huevos, leguminosas o granos y las carnes) son el tipo de alimentos con mayores dificultades para su adquisición y los que han sufrido el impacto más alto de la inflación. Maritza Landaeta, miembro de la organización, especifica que la población de bajos recursos es la que se ve más afectada.

“El impacto que esto puede tener en la población y en el país es muy significativo. Un cerebro anémico es un cerebro que no aprende, un cerebro con muy bajas calorías es un cerebro que no aprende. Desde el punto de vista de salud pública, el país debe estar en un alto riesgo de tener ahorita niños con retardo de crecimiento por no consumir la cantidad de proteínas y calorías que necesitan para crecer y estar sanos, y también con problemas de desarrollo cognitivo por no tener una alimentación adecuada”, explica Landaeta.

Para la OVS el cambio de alimentación de los venezolanos es evidencia de la crisis existente en el país, que está impidiendo que se cumpla con el principio básico de la “seguridad alimentaria”, puesto que según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), la “seguridad alimentaria y nutricional” existe cuando “todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos, para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos, a fin de llevar una vida activa y sana”.

“Podría hablarse de inseguridad alimentaria para la mayoría de los venezolanos”, se lee en un comunicado de la organización.

Las consecuencias de esta crisis alimentaria y nutricional, asegura Landaeta de Jiménez, ya se están viendo. “Está aumentando la mortalidad materna, la mortalidad infantil y el porcentaje de niños con desnutrición. Ya es frecuente llegar a hospitales y ver niños con desnutrición grave y se estima que por cada niño que llega con desnutrición grave a un centro de salud, en su comunidad puedes tener 20 niños con una desnutrición moderada. Es decir, sí hay un problema de hambre y de nutrición cuando no hay pan para toda la población”, sostiene Landaeta de Jiménez.

Maritza Liendo, médico y coordinadora de medios de la  Fundación Bengoa, agrega que las madres sufren la crisis porque además de que les cuesta alimentar a sus hijos, prefieren darle comida a los niños que comer ellas, por lo que no consiguen llenar sus requerimientos nutricionales. “Les pregunto que cuándo le dan leche a sus hijos y me responden que cuando consiguen”, comenta.

Landaeta dice que se debe precisar los grupos poblacionales que requieren la mayor prioridad con la alimentación, que serían los niños lactantes, preescolares y escolares, las embarazadas y los ancianos; y a la vez establecer una estrategia de ciclos cortos de producción, que son aquellos alimentos que se producen en 3 meses (vegetales, hortalizas, tubérculos, huevos, pollo y pescados), como la forma para atender ese problema.

El Estado debe aportar los insumos para que esa producción se efectúe a escala nacional, “pues la crisis no se solventará en tres meses”, dice Landaeta. “Se debe establecer una estrategia alimentaria (…) orientada a suplir las calorías y nutrientes que la población necesita”.