Venezolana presta ayuda humanitaria a migrantes en la frontera de Serbia

LA HUMANIDAD · 27 MARZO, 2022 09:30

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Albany Andara Meza | @AlbanyAndara


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Lucrecia Cisneros se sienta a beber té con los refugiados de Asia frente a campamentos improvisados en Serbia, mientras ellos cuentan sus historias en distintos idiomas. Son personas jóvenes y de ojos cansados. Tienen una expresión que ha visto en otros rostros, a 9.314 kilómetros de distancia: el mismo gesto de dolor contenido de los caminantes venezolanos en su ruta por Sudamérica. 

Cisneros es periodista, nació en Caracas, la capital de Venezuela, y lleva poco más de tres semanas como voluntaria en Šid, un pequeño municipio del distrito de Sirmia, en Voivodina, dentro del territorio serbio al sureste de Europa. Allí ofrece alimentos, asistencia y una mano amiga a los migrantes que vienen de Siria, Afganistán, Irak, Pakistán, entre otros lugares del Oriente Medio. 

La labor de esta venezolana de 26 años forma parte de la iniciativa de No Name Kitchen, una ONG que opera especialmente en la rutas de los Balcanes y el Mediterráneo. 

«La organización distribuye ayuda humanitaria en los distintos países de la Unión Europea donde se concentran lo que aquí llaman ‘people on the move’ que nosotros en Venezuela llamamos ‘caminantes’, que están intentando huir de conflictos y llegar a Europa para pedir el estatus de refugiados», explicó Lucrecia a Efecto Cocuyo

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Los que escapan de Asia deben cruzar miles de kilómetro para ingresar a Europa e, incluso, hay algunos que tienen más de cinco años intentando entrar al continente. De acuerdo con la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, en 2021 al menos 60.541 desplazados atravesaron los Balcanes, lo que representó un 124% más que en 2020.

Espera a migrantes

Los Balcanes se volvieron famosos en 2015, cuando Europa se enfrentó a una de sus mayores crisis migratorias: 911.000 hombres, mujeres y niños entraron solo ese año, según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). La ruta conecta Grecia con Austria y pasa por Macedonia, Serbia, Croacia y Eslovenia (Hasta 2015, también incluía a Hungría). En total, comprende un aproximado de 1.518 kilómetros.

La masiva y descontrolada llegada de refugiados a estos países causó que los gobiernos activaran estrictos controles fronterizos. Esto trajo como consecuencia violaciones a los derechos de los caminantes por funcionarios de la policía estatal y la aparición de redes de tráfico humano. 

Las minas son otro de los obstáculos mortales. El Centro de Acción de Minas de Bosnia y Herzegovina asegura que hay unas 50.000 sin detonar que quedaron tras las guerras de finales del siglo XX.

«Escuchas muchos testimonios dolorosísimos de chamos que salieron de Afganistán con 18 años y tienen 25 años y todavía no han logrado llegar a la Unión Europea. Testimonios de violencia policial y los que cuentan cómo son contrabandeados a través de las fronteras. A estos últimos los contrabandistas los dividen por nacionalidades y les cobran distintos precios en función de la nacionalidad, el género y la edad», expresó Lucrecia. 

https://mobile.twitter.com/cisnerosrincon/status/1498225547528261633

En la periferia de Šid se han levantado campamentos improvisados donde llegan los migrantes exhaustos, antes de seguir a pie hacia el norte e intentar entrar en otros países. No Name Kitchen ha establecido dos puntos de entrega en el mismo municipio, donde los voluntarios acuden con insumos, dispuestos a oír solicitudes. 

«Uno llega y no es simplemente ‘vengo a entregarte unas cosas’. Te sientas a tomar el té con ellos, conversas y en el camino vas haciendo el resto del trabajo. Les preguntamos qué cosas necesitan. Muchas veces cuando intentan cruzar la frontera la policía les roba la ropa en pleno invierno, los zapatos se les van desgastando o pierden prendas en el camino. Entonces hacemos listas personalizadas con tallas y preparamos paquetes con donativos», explicó Cisneros.

Paralelismos

La mayoría de los refugiados afganos y sirios que conocen a Lucrecia no saben dónde queda Venezuela, así que ella debe ubicar al país en un mapa. Es la única venezolana entre los voluntarios de Šid. Les cuenta que al otro lado del planeta también hay cientos de miles de caminantes que arriesgan su vida en otro continente, huyendo de la grave crisis humanitaria de su país.

«Mi cerebro está muchas veces haciendo el paralelismo entre lo que ellos están viviendo aquí y los que viven los caminantes venezolanos atravesando Latinoamérica», señaló la periodista. Hasta la fecha, 6.041.690 de connacionales han abandonado el país, según datos de la Plataforma Regional de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V).

Šid es una localidad pequeña de no más de 40.000 habitantes. Sus inviernos son rudos, duran hasta marzo y pueden matar un hombre en las calles, como se reportó en diciembre de 2018. El viento gélido recorre las avenidas durante varios meses. En ese período, los refugiados terminan temblando dentro de delgadas tiendas de campaña, sin baños limpios o acceso a agua potable.

A los pobladores, la mayoría serbios, no parecen agradarles los extranjeros. Reconocen de inmediato a las organizaciones no gubernamentales y suelen doblarles el precio de insumos como medicinas o comida, porque intuyen que son destinados a los migrantes. Tampoco se comportan solidarios con estos últimos: los delatan con la policía con peligrosa frecuencia, lo que obliga a los caminantes a esconderse en los bosques, a la intemperie.

Ayuda humanitaria en Šid

No Name Kitchen les dona alimentos, productos de higiene e insumos de primeros auxilios a los migrantes. Algunos voluntarios se ofrecen a acompañar a los enfermos a hospitales locales. 

«Es porque no los atienden si van solos. Dependiendo del punto, preparamos unas duchas. Nos llevamos dos botellones con 30 litros de agua templada, unos sistemas de duchas portátiles y un motorcito que alguien nos donó. Con eso ofrecemos duchas: pero te podrás imaginar que si la temperatura alrededor está por debajo de los 0 grados no hay mucha gente que se quiera duchar», contó Lucrecia. 

Venezolana presta ayuda humanitaria a migrantes en la frontera de Serbia
Lucrecia explica que la ONG lleva duchas portátiles a los migrantes de Asia, además de productos de higiene personal y primeros auxilios básicos. Foto: Cortesía.

«Cuando estamos allí les preguntamos si tienen ropa que quieran lavar. Ellos nos entregan su ropa sucia, la marcamos con su nombre, la lavamos, la secamos, la doblamos y se la volvemos a llevar dos días después», apuntó.

Explica que, en medio de la tragedia, se siente feliz cuando algún refugiado le escribe al teléfono, informándole que pudo llegar a salvo a Italia o Eslovenia, por ejemplo.

«Eso es muy bonito, es como la alegría. Pocas veces en esta labor te consigues una historia con un buen final», comentó.

Ayuda a migrantes 

Sean de Venezuela, Siria, Afganistán, Palestina, Irak y, más recientemente, de Ucrania, todos los refugiados tienen algo en común: han sido forzados a abandonar hogares, familias, planes y vidas. Cientos deambulan por caminos peligrosos, a la espera de ser aceptados en algún país para empezar de nuevo.

Cisneros recuerda que migrar es un derecho humano que debe ser respetado. Destaca que la Unión Europea se ha mostrado discriminatoria al aceptar a tres millones de ucranianos que escapan del conflicto con Rusia, de acuerdo con datos de Acnur, a pesar de que les han negado la entrada a otras nacionalidades. 

«Se aplaude la decisión de la UE de facilitar la entrada de refugiados ucranianos a la región. Pero, ¿por qué es una medida selectiva y discriminatoria? ¿Por qué se le niega la entrada a los refugiados afganos, sirios, iraquíes? ¿Por qué hay fondos solo para algunos?», puntualizó.

Hasta la fecha, Acnur señala que hay 5,6 millones de refugiados sirios y 2,7 millones afganos alrededor del mundo. «Más de 82,4 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a huir de sus hogares. Entre ellas hay 26,4 millones de personas refugiadas, más de la mitad menores de 18 años», establece el organismo en su página oficial.