"Si nos unimos todos podemos tener un país normal", dice esposa de preso político #MujeresQueLuchan - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 8 MARZO, 2018 08:18

«Si nos unimos todos podemos tener un país normal», dice esposa de preso político #MujeresQueLuchan

Texto por Lucrecia Cisneros Rincón

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El 15 de mayo de 2014 era jueves. Como de costumbre, Ruperto Sánchez dejó su casa en Maracay luego de despedirse de su esposa e hijos y se dirigió hacia Fuerte Tiuna, en Caracas. Kerlyn Sánchez esperaba la llamada de su esposo desde las 9 de la mañana, avisando que había llegado bien. Al mediodía, aún no la había recibido.

«Lo empecé a llamar y su celular estaba apagado», recuerda su esposa. Luego de buscar a sus hijos de 9 y 14 años y almorzar con ellos, decide buscar en internet cómo se encuentra la Autopista Regional del Centro. Entre las noticias, consigue un accidente de tránsito, y en la foto, un hombre en el suelo con una vestimenta parecida a la de su esposo: «creí que había pasado una desgracia«.

A las 4 de la tarde, entre llantos y con la angustiosa necesidad de salir a buscarlo hacia Caracas, recibe una llamada de un número desconocido. «La Dirección de Contrainteligencia (DGCIM) me detuvo», le escucha decir a Ruperto desde el otro lado de la línea.

El Teniente de la Aviación fue acusado de instigación a rebelión militar. Para Kerlyn no hay espacio para el llanto. «De mi fortaleza dependen mis hijos y mi marido», asegura. El 5 de mayo de 2015, casi un año después, fue condenado a siete años y tres meses de prisión. Es decir, hasta julio de 2022. Para entonces, su hija menor ya será mayor de edad.

Desde que lo trasladaron hace casi 3 años a La Pica, en Maturín (estado Monagas), cada vez lo ven menos. «Los primeros años lo veía cada 15 días, luego una vez al mes», el 06 de marzo su esposa cumplo 2 meses sin verlo, y sus hijos, casi 3. «Me toca luchar, no me canso, si tengo un día triste trato que pase rápido», contó en una entrevista a Efecto Cocuyo

Con una enorme sonrisa, como rememorando la mirada de su esposo cuando la ve, dice que «la visita es la medicina del corazón», pero cuenta que las requisas son humillantes. «A mi hija, que es menor de edad, la obligan a subir su camisa y bajar su pantalón, a veces me pregunta: ‘¿yo soy mala? ¿por qué nos tratan así?’. Pero si no lo permitimos luego de un viaje de 10 horas, no lo podemos ver».

«Quiero la libertad de todos los presos políticos, no solo de Ruperto; por eso participo casi todos los días, hablo donde me permitan manifestar lo que nos sucede», dijo con convicción. La familia del Teniente es una más de las 234 familias que pasan por esta injusticia. «Lo importante es que no se olvide a los presos y que la sociedad se solidarice con la causa».

Para Kerlyn como para muchas otras mujeres que luchan por la justicia y la libertad de los venezolanos, su motor es su esposo preso, el sufrimiento de sus hijos y su propio dolor. «Me levanto todos los días a inyectar la esperanza a la gente, estoy convencida que si nos unimos todos podemos tener un país normal«.

Hasta mayo de 2014, Kerlyn se había dedicado toda su vida a la odontología y Ruperto a la Constitución. Ahora, la realidad es distinta, «vendo cosas, hago lo que puedo para sobrevivir», explica luego de un largo silencio.

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