«Muy duro ver a personas llorar de impotencia por falta de medicamento», testimonios de médicos

LA HUMANIDAD · 16 MARZO, 2016 21:03

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Maria Laura Chang | @marilachang


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Frustración, impotencia y tristeza: así se resume el sentir de profesionales de la salud ante la falta de insumos básicos o medicamentos fundamentales para el tratamiento de los pacientes. La situación ya no solo se vive en hospitales de la red pública, sino que llegó a clínicas privadas y limitó el campo de acción a los médicos venezolanos. “Es algo que enferma. No es justo, no es correcto. Genera mucha rabia e indignación tener que decirle al paciente que si no conseguimos ‘esto’ se va a morir”, refiere Iván Machado, jefe del Servicio de Cardiología en el Hospital Clínico Universitario (HCU).

Pero esto se replica en cada centro de salud y en todas las especialidades, porque las fallas de medicamentos son generalizadas. La Federación Farmacéutica Venezolana habla de 85% de escasez de medicinas en todo el país. Insumos para cirugías mínimas, desde suturas, tubos hasta inyectadoras, o reactivos para realizar exámenes básicos tampoco están a disposición del personal médico. “Solo nos queda referir a otros centros,  pero parte el corazón ver el llanto de una madre que ya ha paseado por ocho clínicas sin conseguir una nebulización para su hijo con una crisis de asma”, explica Sol Rivas, pediatra del Centro Médico de Caracas.

El internista Roberto Ochoa también expresa la frustración que implica referir a un paciente: “He dejado de hospitalizar a pacientes porque no hay antibiótico y te hablo de Clínicas Caracas, que es de las más grandes. Nos queda llamar y enviarlos a otra que sí los tenga”. En medicina interna otro de los dramas, que refiere Ochoa, es el que tienen los pacientes que, al no conseguir sus medicamentos, deben cambiar de tratamiento.

Otra de las tragedias es posponer una cirugía de emergencia por la falta de un insumo lo que le genera este sentimiento de inutilidad a los profesionales. Ese escenario lo vive a diario Elías Nakhal, profesor de Cirugía 3 en el HCU y especialista del Instituto La Florida.

Describe cómo le ha tocado suspender intervenciones o postergarlas hasta que se consiga lo necesario. “Uno sabe que una apendicitis se tiene que operar o hay riesgo mortal, al igual que una cirugía oncológica, uno no puede esperar seis meses a que crezca el tumor”, dice.  La interacción con los familiares es lo que más le afecta, según refiere Nakhal. “Es muy deprimente ver a los parientes llorar de impotencia, escucharlos preguntarse ‘¿qué he hecho para merecer esto?’ Pero uno calla, comprende y busca solución”, indica.

En cirugía ha habido una involución, la falta de diversidad de los insumos, la disminución de los implementos con los que cuenta han influido en su trabajo. Nakhal no programa operaciones hasta no tener todo lo indicado por lo que la muerte directa de unos de sus pacientes no le ha tocado la puerta. “Igual uno sabe que la tardanza de una operación puede llevar a eso y es fuerte”, sentencia y asegura que la molestia es mayor cuando se concibe que haya un mercado informal.

“Tenemos que excusarnos muchas veces con ellos (los pacientes), porque no contamos con algo, como si fuera nuestra culpa,  y al salir hay buhoneros que sí lo tienen o en mercadolibre.  Allí pon autosuturadores, implementos, los tienen, pero está ahí la paradoja”, subraya.

Caos y violencia

Sol Rivas prestó servicio en pediatría del Hospital Dr. José Ignacio Baldó (El Algodonal) hasta finales de 2015. Las fallas en insumos e infraestructura era tan graves que le imposibilitaban brindar una atención a sus pacientes. “Me fui, con todo el dolor del alma, luego de estar 10 años en el hospital”, explica y asegura que su trabajo allí, poder  ayudar a aquellos niños que llegaban tan necesitados de atención, era lo que la llenaba como persona. Incluso, en algún momento llegó a pedir muestras a laboratorios y a hacer jornadas de desparasitación, pero “todo cambió”.

“Cambió el contexto, la agresión, la violencia”, dice con un dejo de tristeza. Familiares de los pacientes reaccionan cada vez más agresivos y al no poderles ayudar todo era peor. Luego de dos situaciones violentas dentro del hospital sintió que era el momento de dejarlo. Pero esta situación, en menor medida, también alcanza a centros privados, según refiere la profesional. “Llego a una emergencia abarrotada, el caos, la gente violenta, madres desesperadas porque tienen hijos con fiebre y cuando le dices que no podrás resolver su problema, que no tienes el medicamento, que no lo puedes recibir, te atacan sin ser tú responsable”, manifiesta.

Iván Marcano nunca olvidará la muerte de uno de sus pacientes a quien debió posponerle una cirugía en la arteria aorta del corazón. “Lo operé de adolescente y ocho años después volvió al clínico, porque tenía dolor en el pecho. Tenía la aorta cuatro veces más grande de su tamaño normal y con riesgo de romperse. Se mandó para su casa porque no había material y días después supe que había muerto, mientras daba catecismo”, cuenta con pesar y recuerda todo lo que lloraron los médicos al conversar con su viuda.

Para el galeno, es urgente que se acepte que lo que ocurre es una crisis humanitaria y “mientras el país no recupera la capacidad productiva”, considera necesario que el Gobierno nacional lo declare. “Son vidas humanas las que están en peligro y nosotros debemos velar por nuestro pacientes”, apunta.