Los 1.533 kilómetros de Johnny Aliendres, el joven que siempre sonríe - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 21 FEBRERO, 2019 10:07

Los 1.533 kilómetros de Johnny Aliendres, el joven que siempre sonríe

Texto por Ivan Reyes | @IvanEReyes

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Johnny Aliendres es de piel tostada; tiene 16 años; viste de franela gris, pantalón negro y tiene un morral bastante deteriorado.

El martes 12 de febrero salió de su casa en San Félix (Bolívar) con destino a Lima, Perú. No conoce físicamente a las personas que lo invitaron al país. Solo por Facebook. Pero asegura que “cualquier cosa es mejor que vivir en Venezuela”.

Fue el día de la juventud venezolana cuando Johnny salió de su casa para no volver. El joven, de tan solo 16 años, se despidió de su padre, pero no de su madre.

“A mi mamá tengo meses sin verla. Ella se fue a trabajar para las minas y no hablo mucho con ella”, recordó Johnny cuando le preguntamos por su madre. “De mi padre sí me despedí; cuando le dije que me iba me dijo que me cuidara mucho, pero no intentó detenerme”, sentenció.

Luego de varios meses de trabajo y algunas donaciones de su familia, Johnny pudo reunir 500 dólares para emprender su viaje a Lima, Perú. Salió de San Félix el martes 12 de febrero, mientras en el país se realizaban multitudinarias marchas y concentraciones en apoyo a Juan Guaidó y a la Asamblea Nacional.

Sin embargo, Johnny tenía otra marcha. Una personal. Viajó 374 kilómetros en carro de San Félix a Barcelona, capital del estado Anzoátegui. Le tocó hacer noche en un hotel y se acostó a dormir. A los pocos minutos se dio cuenta que habían entrado a su habitación y, tras un leve forcejeo, vio cómo se llevaron su bolso con todas las cosas dentro.

“Me quitaron los 500 dólares y sentí que me quería regresar. Sin ese dinero era poco lo que podía hacer”, contó Johnny mientras caminaba por el borde de la carretera La Donjuana. “Le pedí ayuda a la policía. Les rogué y al día siguiente apareció el bolso, pero sin el dinero”, recordó el guayanés.

A pesar de esto, el joven de 16 años siguió su camino y tomó un autobús desde Barcelona hasta San Cristóbal. De esos 1.046 kilómetros recorridos, Johnny relató cómo fue ver Caracas por primera vez en su vida.

“Yo nunca había pasado por ahí y es tremenda ciudad. Se ve bien bonita. Algún día volveré, eso espero”, recordó el muchacho.

“Aquí voy y aquí sigo”

El calor se hacía más fuerte conforme se acercaba el mediodía del domingo 17 de febrero. A pesar de las condiciones climáticas y del largo recorrido a pie, Johnny Aliendres no paraba de hablar y tampoco paraba de sonreír.

“Yo me vine solo y en el camino me he conseguido gente. Algunos se quedan, algunos siguen. Yo voy por mi cuenta y si la gente es chévere me quedo con ellos”, dijo Johnny tras separarse de un grupo de personas que se consiguió a la altura de Los Patios, un municipio de la ciudad de Cúcuta.

El bolso de Aliendres se veía gastado y bastante deteriorado. Sin embargo, parecía aguantar el rebotar de la caminata. Dentro del morral solo había algunas prendas de ropa. Johnny confesó que su principal miedo era el frío pues no estaba preparado.

“No traje nada de ropa para el frío. No tengo chaqueta ni suéter. El frío será mi reto más grande”, comentó el joven mientras caminaba a paso firme.

Johnny paró cerca de Los Vados para orinar al borde la vía, cerca del río Pamplonita. Tras vaciar su vejiga siguió su camino y nunca paró.

Llegó al refugio Yo soy Jesús, fundado en septiembre de 2018 y ubicado justo en la bifurcación que lleva a unos hacia Chinacota y a otros hacia Pamplona. Johnny paró en ese lugar; comió arroz con caraotas rojas y carne, bebió agua e’ panela y se recostó de una pared para reposar.

Johnny Aliendres pamplona febrero 2019

Johnny al llegar al refugio Yo soy Jesús al borde de la carretera Donjuana

“No sabes el tiempo que tenía sin comer así: tan sabroso y tan completo”, dijo Johnny con una sonrisa que dejó ver su felicidad a pesar del cansancio. Después de todo, ya había caminado 29 kilómetros ese domingo, 17 de febrero.

Pamplona y el inicio del frío

Johnny durmió en el refugio Yo soy Jesús y en la madrugada del lunes 18 de febrero partió nuevamente. Ya había conseguido un grupo nuevo de personas, era más grande y ya se gastaban bromas a pesar de casi no conocerse.

Caminó 43,8 kilómetros hasta llegar a la entrada de Pamplona y comenzar a sentir cómo bajaba la temperatura. La ciudad colombiana con nombre español tiene más de 2.500 metros de altura, notablemente diferente a los 714 metros que tiene el refugio donde pasó la noche el muchacho guayanés.

Lo vi sentarse a reposar, con la misma franela gris y el mismo bolso gastado. Pero también tenía la misma sonrisa, aunque ya su piel estaba mucho más tostada. Johnny se sentó en la entrada de Pamplona a eso de las 11:45 de la mañana, cuando ofreció el siguiente testimonio:

Johnny confesó haber tenido suerte, pues en la salida del refugio Yo soy Jesús, un carro se paró y les dio la cola a él y a otras personas que estaban en una ruta similar. “Tuvimos suerte porque hasta nos dieron comida y nos trataron bien”, recordó antes de que su nuevo grupo le bromeara por estar sentado mientras ofrecía su relato para un video. El joven ya había recorrido 1.533 kilómetros desde su salida de San Félix aquel martes, 12 de febrero.

Sin embargo, todavía le quedaban unos 3.515 kilómetros para llegar a Lima, Perú. Para el 18 de febrero, Johnny ya había caminado lo equivalente a 12.775 campos de fútbol (de 120 metros), y había subido más de 420 metros de altura sobre el nivel del mar a 2.290 metros. A pesar de ese desgaste, su ánimo seguía intacto.

“Espérenme ahí vale, que estoy hablando aquí con un pana”, le dijo Johnny a los demás venezolanos que ya querían seguir caminando pues les tocaba atravesar el páramo de Santurbán para poder bajar hacia Bucaramanga.

Johnny se puso de pie y, alegremente siguió su camino con sus similares. Pero antes, todos juntos se tomaron una fotografía, como si fuesen una familia.

Johnny Aliendres pamplona febrero 2019

Johnny (izquierda) junto a su nuevo grupo de amigos