«La cuarentena me dio ese empuje», relatos de aprendizajes durante la pandemia

LA HUMANIDAD · 19 JULIO, 2020 16:00

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María Victoria Fermín Kancev | @vickyfermin


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La cuarentena, para prevenir el contagio masivo del COVID-19, obligó a muchos a cambiar sus rutinas y dinámicas.

Algunas personas vieron en estas circunstancias la ocasión de concretar proyectos para los que en el pasado no había tiempo. Para otros, el enfoque está en aprender algo nuevo y sentir que se aprovechan los días, las semanas y los meses mientras pasa la pandemia.

La licenciada en educación inicial Daniela Riobueno, del estado Miranda, había llegado a imaginarse tiempo atrás cómo ofrecer sus conocimientos en línea.

«La cuarentena me dio ese empuje. Extrañaba a mis niños, no los quería dejar en el aire y los papás tenían muchas dudas sobre su nuevo rol en el proceso de enseñanza», cuenta a Efecto Cocuyo.

La joven de 25 años de edad, egresada del Instituto Pedagógico de Caracas, decidió crear la página en Facebook Maestra en Casa Vzla. Desde ahí ofrece asesorías sobre herramientas pedagógicas para los representantes.

También imparte tareas dirigidas, refuerzo de contenidos, guía en actividades recreativas, clases de inglés para niños y traducciones de inglés a español y viceversa.

«Me he sentido muy bien. Me ha permitido seguir ejerciendo la carrera. También es una oportunidad de distraerme de que no puedo ir a mi trabajo sino solo salir a hacer compras generales… Me hace sentir una libertad, que estoy volviendo a una paulatina normalidad», dice.

Dulce negocio

Para los esposos Jesús Ascanio y Sandra Moncada la cuarentena ha sido «más llevadera» al comenzar una negocio de venta de postres por Instagram.

Él es ingeniero electrónico pero también tiene estudios de cocina y pastelería en Europa. El ser chef lo había hecho a un lado por atender otros negocios.

«En este encierro me puse a practicar y practicar porque voy a dar clases en una academia en Los Naranjos. Se nos ocurrió sacar unos productos a la venta y han tenido bastante aceptación», explica. Su plato principal el babka, un pan trenzado de chocolate y canela.

Sandra, que es ingeniera en sistemas, ahora se encarga de las redes sociales. Juntos aún trabajan en sacar adelante su emprendimiento y atender a un niño pequeño y un perro en casa.

«La ventaja es mientras te mantengas ocupado no te va a afectar tanto emocionalmente (la cuarentena)», opina Jesús de 37 años de edad.

Un experimento familiar

Melissa de López es educadora de profesión y tiene en casa un plotter de corte. Usaba la máquina para hacer diseños personales, para sus hijos y estudiantes.

Poco antes de que a pandemia del COVID-19 tocara el país, su suegra Mariela se mudó de Mérida a Caracas. Llegó con su máquina de coser y ganas de ver qué se inventaba con su nuera.

«Por ahí surgió Tikismiqui, de la necesidad de ocuparnos, de ser útiles de no enloquecer en casa», bromea la madre de un niño de 3 años de edad y un bebé de ocho meses.

La palabra Tikismiqui es usada por la familia de su esposo, que se ha convertido en el administrador del negocio, para expresar cuando sientes ansiedad, cuando no puedes estar tranquilo.

La docente de 36 años asegura que sus creaciones y el negocio han sido «un experimento familiar» y un aprendizaje para todos, pero que funcionó bien porque lograron trabajar en equipo y apoyarse entre sí. «Somos como una tribu«.

«A todo le decimos que sí, lo que sea que podamos coser o personalizar, nosotros decimos que sí y después vemos cómo resolvemos», dice.

Cocina y pintura

Una de las vecinas de Silvia Rivas, licenciada en geografía, se dedicaba a hacer pan. La joven de 30 años le había comentado a principios de año que, un día, cuando realizara sus preparaciones le avisara y así ella podría aprender.

El confinamiento la oportunidad perfecta. Aprendió a hacer pan de hamburguesa, panes dulces, masa de pizzas y, más recientemente, helados caseros.

«Los cursos me han permitido aprovechar este tiempo en algo útil y que me gusta. Que tiene un beneficio para mi y porque con lo que preparo puedo compartir con mi familia», explica.

A Soraya Rojas, comunicadora social, siempre le había gustado el dibujo. La cuarentena le he permitido desarrollar técnicas de pintura: acuarelas, creyones y acrílicos.

«Como no tengo que gastar tiempo yendo y viniendo en el transporte, apenas dejo de trabajar en casa me pongo a dibujar porque me relaja. Veo en Internet muchos dibujos de plantas y botánica, trato de copiarlos», cuenta.

Además, la joven de 25 años de edad, hace esfuerzos para publicar algunas de sus ilustraciones en sus redes sociales. «Cuando dibujo siento que camino aún cuando el mundo está parado», expresa.