"Incomunicados con el mundo" en los pueblos orientales #AsíVivenLaCuarentena - Efecto Cocuyo

CORONAVIRUS · 16 AGOSTO, 2020 18:51

“Incomunicados con el mundo” en los pueblos orientales #AsíVivenLaCuarentena

Texto por Ronny Rodríguez Rosas | @ronnyrodriguez

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Playas prohibidas, el centro comercial cerrado y no tener Directv, al menos hasta el viernes 14 de agosto, son algunas de las realidades que viven los residentes de los pueblos orientales.

Johangela Bellorín reside en el sector de Guaca a unos 20 kilómetros de Carúpano, estado Sucre. Tiene una niña de tres años y entre las calamidades que afrontan por la cuarentena estaba la imposibilidad de tener televisión por suscripción.

Cuando el 19 de mayo AT&T cesó las operaciones de Directv, para ella supuso un problema adicional. La poca distracción para su pequeña con la transmisión de comiquitas quedó en el aire.

Bellorín debió ingeniárselas para ponerle los dibujos animados que están colgados en Internet o juegos en el teléfono móvil.

¿Te ha cambiado la vida con la cuarentena por la pandemia del coronavirus?

—Claro que ha cambiado en su totalidad, Anteriormente trabajaba haciendo helados y tortas. Iba diariamente al mercado, además también en la visitas a familiares que viven lejos. Ya no se puede hacer por el problema de la gasolina y por evitar tener contacto con demás personas, dice vía Whatsapp.

Hasta hacer las compras, en medio de un creciente número de casos en el estado Sucre, donde hasta este sábado 15 de agosto se reportaban 1.372 contagios positivos de COVID-19, supone una carrera de obstáculos.

El estado Sucre estuvo hasta el lunes 10 de agosto sin suministro de gasolina por el aumento de los contagios en julio y hasta el transporte público tenía prohibido movilizar pasajeros. Bellorín debe usar camiones y el domingo pasado fue detenido en una alcabala una de esas unidades en la que iba. Al chofer lo multaron y, afortunadamente, los usuarios no debieron regresar caminando.

Las reuniones en las plazas u otros lugares públicos quedaron en el pasado. Desde hace cinco meses por el confinamiento, los encuentros de vecinos ya son parte de la historia. Irse un fin de semana a la playa supone cárcel si son sorprendidos por la Policía de Sucre. Sin embargo, Bellorín dijo que hay personas que se arriesgan y van a los balnearios.

En la entidad oriental, como en muchas regiones del país, las fallas de gas doméstico se han agravado después de la cuarentena. La joven debió comprar una cocina eléctrica, pero la mayoría de sus vecinos cocina con leña por la larga espera para la reposición de las bombonas de gas.

“No hay gas en lo absoluto, la mayoría de los vecinos cocinan con leña, y el resto han comprado cocinitas eléctricas”, contó.

En Güiria “estamos incomunicados con el mundo”

En Güiria, Luzcianis Piñango no creía en el coronavirus. “Antes pensaba que era mentira, pero ya veo que sí es verdad”, sostuvo.

Una de sus mayores alegrías desde el pasado viernes 14 de agosto es el regreso de la señal de Directv a la casa de sus padres y a la de ella. Por mensajes de texto o de Whatsapp informaron la noticia. Y aunque la señal llegó primero a una de las dos casas, celebraron el poder entretenerse después de tres meses sin el servicio.

“Muchacho, en este pueblo de vaina y los puntos de ventas funcionan porque no son de internet. Pero en Río Salado no hay nada de eso. Tenemos meses esperando el gas, la señal de datos nada de nada,  teléfono fijo hace años dejó de existir”, resaltó.

Dijo que en el hospital Andrés Gutiérrez Solís no hay insumos si ocurre alguna emergencia. En Sucre, de los casos confirmados, solo hay 298 activos. De los siete que tenía el municipio Valdez, todos están recuperados, según la información del gobierno regional.

Pero la cuarentena se cumple a medias en lugares públicos como el mercado, donde la gente no respeta el distanciamiento y hay muchas personas en las calles.

Con la salida de Directv quedaron incomunicados, solo se informaban por cadenas de Whatsapp o entre sus familias, narró Luzcianis.

!Aquí nos informamos por cadena de WhatsApp y cuando la familia de uno le avisa y más nada, estamos desinformados e incomunicados con el mundo”, pero eso cambió hace 48 horas.

Elisa no puede abrazar a sus familiares

En Azagua, una población del municipio Punceres, estado Monagas, *Elisa lamenta no poder abrazar a sus familiares. En esta localidad, que se encuentra en la troncal 10, en la carretera nacional Maturín-Caripito, las horas son valiosas.

Los residentes se las deben ingeniar para comprar todo lo necesario en el hogar entre las 6:00 am y las 11:00 de la mañana, el horario establecido para adquirir productos esenciales.

Elisa, nombre ficticio para proteger su identidad, se queja porque en los comercios las personas no guardan el distanciamiento físico ni usan correctamente la mascarilla.

“Tenemos que ingeniárnoslas poder comprar lo más rápido posible, sobre todos los que vivimos lejos de la ciudad”, cuenta. Azagua queda a 13 kilómetros de Quiriquire, capital del municipio, donde está la mayor actividad comercial de esta zona.

A este municipio lo separan 37,3 kilómetros de Maturín, la capital de Monagas. Pero, la escasez de gasolina y de unidades de transporte público imposibilitan los traslados entre las dos zonas. En cuarentena radical es peor, el aislamiento es más severo y las personas tienen menos tiempo para comprar los productos.

Como pasa en Guaca, a Azagua no han llegado brigadas de protección o desinfección como las que se ven en el canal del estado Venezolana de Televisión. Los vecinos se organizan para saber si alguien ajeno a la comunidad llegó de improvisto o si es algún residente que retorna después de cierto tiempo. Lo invitan a ir al CDI Luis Fernando Veras Betancourt o el hospital Nicolás Giannini que está en el centro de Quiriquire.

De ciudad petrolera a “pueblo fantasma”

En Caripito, también en Monagas, el municipio Bolívar rememora cuando fue la ciudad más importante de la región oriental en las dos primeras décadas del Siglo XX. Hasta la legendaria aviadora estadounidense Amelia Earhart aterrizó en Cachipo, el único campo de la aviación que existía en todo ese territorio.

Pero, eso es historia. Hoy, en medio de la cuarentena por el nuevo coronavirus y el aumento de casos en Monagas, que pasó de los 500 contagios positivos confirmados, *Sofía debe lidiar con las fallas de gas doméstico, los cortes eléctricos y estar todo el día en casa.

Aunque cuando se flexibiliza la cuarentena “pareciera que no existiera el virus en esa semana”, en el confinamiento radical solo pueden ir al mercado municipal dos veces por semana, los días martes y jueves, de 8:00 am a 12:00 del mediodía.

Pero esos no son los dolores de cabeza de Sofía, quien reside en el sector Los Mangos.

“Padecemos como todos en el país el mal servicio de agua. El gas doméstico no llega desde hace tres meses; la electricidad se puede decir que falla a diario va y viene. La señal telefónica con solo pestañear la luz se va”.

Informarse también se dificulta. Tanto en Guaca, Azagua y Caripito, los consultados dicen que usan sus redes sociales. En el caso de Sofía tiene televisión por cable, pero la señal es irregular.

Contó que en el hospital Darío Márquez de Caripito, ubicado en plena troncal 10, ha habido “muchas personas mal diagnosticadas” por COVID-19. El primer caso fue en este sector fue el de un adolescente de 14 años el 24 de junio.

Con incredulidad los vecinos aceptaron el caso, sobre todo porque hasta la misma gobernadora monaguense, Yelitza Santaella, dijo que no había tenido contacto con algún caso positivo o sospechoso y poco salía de su vivienda.

Sin embargo, Santaella especuló sobre ese contagio: “Tenemos la duda que alguien pudo haber llegado del extranjero e ingresó por trocha, por lo que llegó hasta esta población y visitó la casa donde reside el muchacho”.

En Caripito uno de los eventos que más congrega al pueblo es la Semana Santa en Vivo, la representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Desde el año 1967 une a toda la población, que se engalana para presenciar la actuación de los mismos residentes del sector. Este 2020 fue suspendida por la pandemia del coronavirus.

Lo mismo que ir a los ríos o balnearios cercanos a los que tradicionalmente se iba los fines de semana, donde se compartía un sancocho a las orillas del río.

“En su vida diaria, la gente se para, pasa dos horas en una parada para ir al mercado. No hay transporte, solo pocas unidades, o se suben a una perrera (camiones improvisados)”.

Se queja porque los revendedores en las llamadas mesitas expenden con precios altos los productos de primera necesidad. Conversar entre vecinos frente a las puertas de las casas tampoco se puede hacer y la falta de alumbrado público también los obliga a “encerrarse” desde temprano.

Una de las pocas distracciones que había era la chocolatería. Los pobladores iban a comer helados, golfeados y por supuesto a comprar chocolate, que se hace del cacao que se cultiva en Caripito.

Foto: Hablame 24