Emergencia humanitaria compleja está provocando un daño irreversible, alerta Susana Raffalli

LA HUMANIDAD · 10 DICIEMBRE, 2020 17:29

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Ibis Leon | @ibisL


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Emergencia humanitaria. “Lo que nos preocupa es la irreversibilidad del daño social que estamos viviendo. Las familias se saltan días sin comer, recurren a la informalidad, vemos deserción escolar, liquidación de bienes, endeudamiento, desmembramiento familiar y desplazamiento humano a gran escala”, alertó la nutricionista Susana Raffalli en el foro Prospectiva Venezuela 2021 del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Ucab, este jueves 10 de diciembre.

La especialista en gestión de seguridad alimentaria y asesora de Cáritas Venezuela advirtió que de no haber cambios políticos en el país la emergencia humanitaria compleja pasará a ser una emergencia humanitaria enconada, sin pronóstico de mejora, y la precariedad humanitaria pasará a ser «la nueva normalidad».

Raffalli subrayó que ya se están generando en el país nuevos marcadores de desigualdad y nuevas violencias como la esclavitud moderna, el tráfico humano, la prostitución, el trabajo infantil y el suicidio como consecuencia del drama alimentario que vive el venezolano.

Según el Programa Mundial de Alimentos, en el país hay más de 9 millones de venezolanos en situación de inseguridad alimentaria. Pero la vocera de Caritas estima que más de 14 millones de personas están en condiciones de necesidad extrema.

Destacó que Venezuela figura entre las 10 peores emergencias alimentarias del mundo, espacio que comparte con Etiopía, Sudán, Siria, Nigeria, Haití, Afganistán, República Democrática del Congo y Yemen. Pero es el único país que entra en la lista por causas distintas a las de una guerra o un desastre natural.

Sanciones, persecución y pandemia

Raffalli también señaló que las organizaciones humanitarias se enfrentan a las limitaciones que imponen la pandemia de COVID-19, la persecución de organismos del Estado, y los efectos de las sanciones impuestas por Estados Unidos.

Antes de la pandemia, Cáritas atendía mensualmente a 2.550 niños, esta cifra cayó a 538 niños por el impacto del COVID-19 y la escasez de gasolina. Actualmente atienden a más de 3.000 niños cada mes.

Sobre las sanciones aseguró que han influido en las limitaciones para acceder a la gasolina y han complicado las operaciones financieras de los actores humanitarios.