El bachaqueo y la política se dan la mano en Carabobo y Yaracuy en la #RutaDeLaEscasez

ECONOMÍA · 13 OCTUBRE, 2015 23:48

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Airam Fernandez | @airamfernandez


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Adrián Romero tiene 13 años y durante el último año ha descuidado el colegio. El martes 13 de octubre, a las 7:15 am, está sentado en un banco de plástico, con un suéter de capucha, un blue jean y una gorra para cubrirse del sol. Tiene al menos seis horas al frente de la cola de personas que esperan para comprar en el supermercado Kromi de la urbanización Prebo, en Valencia (Carabobo). Él no está allí por las compras de alimentos o productos regulados. Su tarea, casi a diario, es atender un puesto de café y chucherías y, si alguien necesita, alquilarle la silla.

-Llegué a la 1 de la madrugada con mi papá que salió a dar una vuelta- dice el chico.

-¿Y el colegio? Hoy es martes, el día feriado fue ayer- le preguntamos.

-No, no fui. Prefiero venir aquí. A clases voy cuando hay alguna evaluación o cuando tengo que entregar algo.

-¿Qué te dicen tus padres?

-Nada, que aprenda a ganarme la vida. Aquí hago diez mil bolos diarios con los cafecitos.

Ese supermercado, ubicado en un centro comercial y justo al frente de una hilera de casas del conjunto residencial, no abre sus puertas sino hasta las 8:00 am. Aún así, la gente llega de noche, como ocurre en algunos sitios en Caracas. Quieren asegurar la comida y todos quieren ser los primeros en comprar.

-Es así siempre- asegura Adrián y sonríe-. Aquí hemos visto peleas, nos ha caído lluvia, pero la gente no se va y nunca saben qué es lo que van a vender. Ya se acostumbraron.

La primera en llegar a la cola, una hora después de Adrián y su padre y el resto de los buhoneros que ofrecen más café, más chucherías, jugos y arepas, aguarda al lado de la reja metálica con su sombrilla. Lee el periódico y no quiere decir cómo se llama, pero sí dice a qué se dedica.

Todos los días madrugo para venir aquí. Este es mi trabajo– confiesa la mujer de 52 años-. Yo sí soy bien bachaquera, pero por necesidad.

Rodar por Valencia es tomar la misma foto. La cola del Bicentenario de la avenida Bolívar -el supermercado más grande de la red pública- se extiende dos cuadras a las 7:40 am. Al frente, un grupo de vecinos que niega pertenecer a algún partido político se para con carteles en medio de la calle cada vez que el semáforo se pone en rojo. Durante una hora, protestan por la escasez y por las colas que el Gobierno no ha podido erradicar. Luego se van a sus lugares de trabajo.

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En otro de estos locales, pero en El Trigal, la gente espera agolpada a una reja negra que debería abrir en cualquier momento. Mientras tanto, los encargados del supermercado reparten los números del día, que no pasan de 150. “Llegó papel, leche y detergente”, asegura la señora María Coronel, desde su puesto en la fila. Dice que se lo informó el vigilante. Ya la conocen, pues va todos los martes porque es su día para comprar, según el terminal de cédula.

Aquí uno se echa un día entero porque en la tarde sacan el pollo– cuenta esta señora, dedicada al trabajo doméstico en casas de familias, dos veces a la semana. Al supermercado llegó poco antes de las 6 am y de su casa, en el sector Plaza de Toro, al otro extremo de la ciudad, salió a las 4:30 am en un autobús.

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Rumbo a Puerto Cabello

Atrás quedó el clima cálido de Valencia, con sus 22º a pesar del picante sol mañanero. La vía que conduce a Puerto Cabello es una recta larga, sin huecos, que se recorre en 30 minutos. Un gran cartel con un mensaje para los bachaqueros, o para quien quiera denunciarlos, inaugura la ciudad, donde el alcalde Rafael Lacava decidió castigar a quienes revendieran productos con horas de servicio para barrer las calles, vestidos con bragas anaranjadas, cual presidiarios.

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Un kilómetro más adelante, las ventas de empanadas a orilla de la carretera dan la bienvenida a la costa. No faltan las quejas y se hacen más intensas con la temperatura a 30º. Las risas, en medio de la crisis, tampoco están ausentes.

-Con el aceite no hemos sufrido tanto porque lo compramos al mayor a la distribuidora Diana; nos lo venden por cajas. La harina sí la compramos más cara, a cualquier bachaquero que venga. Nos venden la paca a mil, ellos pasan por aquí siempre- cuenta Yudelkis Padrón, encargada de uno de los kioscos.

-¿Y cómo hacen con la comida para llevar a sus casas?

Ay, mija…Trueque, yo intercambio con mis hermanas, para poder vivir. O también me toca a veces con los bachaqueros- cuenta la mujer, quien trabaja a diario desde las 6:00 am hasta las 12:00 del día, justo cuando las colas en los supermercados están en su máximo esplendor.

-¿Tienes hijos?

-Sí, pero pequeños no, sino ya me los hubiese comido- y suelta una carcajada.

-¿Problemas con algunos servicios?

-La luz no. El agua ni me preguntes, está peor que la comida. Yo vivo aquí cerca en la entrada y hace más de cuatro meses el servicio no llega. Bueno, ayer llegó un poquito, pero la semana pasada tuve que comprar dos cisternas cada una en 900 bolívares.

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Ese martes a media mañana, Puerto Cabello estaba convulsionada. En un distribuidor, cerca de 300 habitantes del poblado rural de Patanemo, trancaban la calle para protestar y reclamar a la Gobernación alguna solución para el transporte público, del que nunca han gozado. Aunque en el corazón de la ciudad no se vio ninguna cola entre las 10:30 y las 11:30 am, sí hubo mucha gente merodeando, dispersa, al frente de los locales. Muchos aseguraron que las filas en los supermercados se han reducido desde principios de septiembre, por otra ocurrencia del alcalde Lacava: las tiendas grandes, una vez que reciban la mercancía, deben repartirla a los bodegueros de las diferentes comunidades, para que nadie tenga que trasladarse y pararse en una cola.

A las 11:09 am, la perfumería Sandrita, ubicada en pleno centro, recibía cargamentos de desodorante y crema dental. Afuera, cual zamuros, los habitantes caminaban de un lado a otro, iban y venían, ocupaban toda la acera en su pulular, como si estuvieran esperando alguna señal.

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-Se me van de aquí, ya saben que primero llamamos a los bodegueros para que vengan y luego si queda algo, lo vendemos al público- ordenó una empleada. Nadie le hizo caso. No se movieron, solo se retiraron un poco y, al cabo de unos minutos, volvieron.

Adiós, Carabobo. Hola, Yaracuy

Un decreto emitido por el gobernador del estado Yaracuy, Julio León Heredia, prohibió a las personas hacer cola frente a los comercios para comprar alimentos antes de las 7:00 de la mañana.

-Después de esa hora, las colas se forman como por arte de magia- dice Rubén Machado, mientras espera a las 2:10 pm en uno de los comercios chinos, que está cerrado, pues en los pueblos venezolanos todos los locales cierran cuando es hora de almuerzo y abren cerca de las 3:00 pm.

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-¿Es así en todo el estado?

-Al menos en Nirgua sí. Que acabaran con las colas de noche, ok. Pero igual están en el día y nos interrumpen el trabajo. Por eso muchos acudimos con los bachaqueros.

-¿Hay algún lugar, algún mercado popular donde revendan la mercancía?

-No, aquí todos se conocen. Todos sabemos de alguien que revenda o sino tenemos un amigo que conoce a alguien, y así.

En ese municipio de 44 mil habitantes, según el censo del Instituto Nacional de Estadística (INE) del año 2011, no sólo hacen cola para comprar comida y productos de higiene, cuenta Zuleima Navas, quien tuvo que pedir permiso en el colegio donde trabaja para ver qué traía el camión de la mercancía. Las filas también se hacen para comprar cemento o algún material de construcción y aquí priva el tema político. Al menos es así en Construrama, un local ubicado a cuatro cuadras del único Pdval que hay en el pueblo y que además está cerrado, a las 3:00 pm del martes 13.

Nirgua Cemento

Una joven que espera su turno en la fila, con sus documentos y las fotos de la casa que quiere construir, relata lo que hay que hacer para poder comprar diez sacos de cemento:

-¿Alguien les avisó que llegó el cemento o llega siempre?

-No, tienes que hacer la solicitud con las Ubch (Unidades de Batalla Bolívar–Chávez) y ellos te avisan cuando llegue para que tu vengas a hacer la cola.

-¿Cuándo hiciste tu solicitud?

-Mi mamá la hizo el 1 de septiembre.

-¿Y cuándo les avisaron que llegó?

-Hoy en la mañana.

-¿Y por qué las Ubch? ¿Hay que estar inscrito en el Psuv?

-Sí, como todo ahorita en este país.