De La Mancha a Caracas: Alonso Quijano también pelea contra la escasez y la falta de divisas

LA HUMANIDAD · 23 ABRIL, 2016 15:30

Ver más de

Julett Pineda Sleinan | @JulePineda


¿Cómo valoras esta información?

QUÉ CHÉVERE
QUÉ INDIGNANTE
QUÉ CHIMBO

El Quijote se perdió. No solo los anaqueles quedaron vacíos, sino también las estanterías. En el este y en el oeste de Caracas, en librerías viejas y nuevas, se ha vuelto uno de los más buscados. Para conseguir y ofrecer la obra más importante del castellano es necesario luchar contra un batallón de gigantes: la escasez, el alto costo de imprimir en Venezuela y la falta de divisas.

donquijote.

Los últimos vestigios de Cervantes quedan en las bibliotecas de familia y entre las pilas de libros usados de los quioscos de la avenida Fuerzas Armadas. Alonso Quijano también llega a la capital venezolana, saliendo de la madre patria y atravesando el Atlántico cual conquistador, solo que sin la recientemente creada tasa Dicom; las aventuras de caballería no son costeadas por los dólares preferenciales de la República. Usado o a dólar negro es la única manera de dar con el magro caballero. El Quijote sí se busca en Venezuela pero, al igual que otras cosas, aquí no se hace.

La ruta quijotesca en librerías y quioscos se ha ido desdibujando. Desde hace dos o tres años, la librería Templo Interno, en el Centro Plaza, no recibe un ejemplar para vender. “El Quijote es como una lata de leche de fórmula para bebé: todo el mundo lo busca y no hay”, aseguró Alexis Romero, quien ha estado al frente del local por 13 años.

“Anteriormente eran Alfaguara y Norma los que editaban el clásico en el país”, dijo. La última versión que tuvieron en las estanterías fue una de la Real Academia Española; sin embargo, aunque las repisas se han vaciado poco a poco, la demanda sigue siendo la misma. “De los 7 días de la semana, tres o cuatro viene alguien a preguntar por el Quijote”, agregó Romero, quien también es profesor universitario.

La situación no es muy distinta en la librería Alejandría de Paseo Las Mercedes, la única que ha sobrevivido de las tres franquicias. “La última edición que se llegó a recibir fue una que distribuyó Random House en 2009 y en 2010”, explicó Ricardo Ramírez, librero del lugar y profesor de Letras en la UCV. “Hay otro elemento que fue crucial, que es que quien publica esta edición completa de El Quijote, Alfaguara, se fue del país hace unos cuatro años aproximadamente. Lo que había en su momento, se vendió. Se agotó la existencia y no hubo reposición”, dijo.

De acuerdo con los libreros, imprimir las aventuras de caballería de El Quijote en suelo criollo ubicaría el valor del libro cerca de 25 mil bolívares. En un mes, el presupuesto y los costos pueden variar alrededor de 30%. Aun con esta situación, para Garcilaso Pumar, de la librería Lugar Común, en Altamira, sigue siendo económico editar en Venezuela en comparación con otros países.

En su local, aseguró Pumar, todo tipo de personas va a preguntar por Alonso Quijano y siempre que hay disponibilidad de los textos en la librería, se venden. Tres ediciones se asoman en las estanterías blancas de lugar: dos usadas y una nueva, editada por Juventud. “No es lo común que compremos libros usados”, precisó el dueño del local; sin embargo, desde hace dos años se han vuelto más frecuentes las visitas de quienes quieren vender sus libros porque se van del país o porque atraviesan un mal momento económico.

Para mantener la oferta editorial que tiene la Librería Estudios, en el colegio San Ignacio, hay que importar libros sin dólar preferencial. La cultura no tiene prioridad cuando se anuncia una falta de divisas: un ejemplar de El Quijote puede llegar a costar 18 mil bolívares. El local donde trabaja Jesús Santana fue el último en ofrecer uno de los santos griales de literatura de caballería y la envidia de los demás libreros: las aventuras de Alonso Quijano traducidas fielmente al castellano actual por Andrés Trappiello. Los ejemplares que recibió no tardó en venderlos. Eso sí, fuera de la tasa de dólar flotante, la obra se cotizó en 23 mil bolívares.

Aunque los libros están caros, la gente ahorra para poder darse un gusto”, aseguró Santana, “cuando yo pido libros, usualmente es para un cliente que conozco y sé que le gustará. Adicionalmente, pido otro para la tienda”.

Cuando uno pregunta por El Quijote debajo del puente de las Fuerzas Armadas, la respuesta no es «no hay», sino “¿Qué edición busca?”. Contrario a los contados ejemplares que tienen las librerías, los quioscos con pilas de libros se han convertido en los depósitos de lo que había en las bibliotecas de familia. Para niños o adultos, estudiantes de Letras, impresos aquí o afuera, de editoriales ya extintas e incluso con cuestionarios y ejercicios de compresión lectora por detrás, entre cajas y cestas de plástico se refugian las páginas de la más famosa novela de caballería.

Tengo como cuatro ediciones distintas. En buenas épocas he llegado a tener hasta 8”, dice un hombre, sobrado, como sabiendo de la escasez que viven las librerías. De los seis stands consultados por Efecto Cocuyo en el lugar, en tres había existencia de las aventuras del caballero. El puente de la avenida Fuerzas Armadas se convirtió en la redoma de Petare de la cultura.

En el stand de Javier Colmenares, la versión más barata de la locura de Alonso Quijano es la de Editores Mexicanos Unidos, distribuida por Terra editores, cotizada en 700 bolívares. La más cara es la de El Nacional, que se ubica en unos 3 mil. En su momento, la más costosa fue una edición de dos tomos, “bien bonita, con tapa dura de color blanco. En aquel entonces, hace un año, un comprador se la llevó por 5 mil bolívares. “Hoy no la vendería por menos de 50 mil”, precisó Colmenares.

Un sello con el nombre Franklin González y una cédula de identidad reclaman al propietario original de una edición de Don Quijote de la Mancha, apilada cerca de textos escolares de física. Muchas de las obras no están rayadas ni tienen anotaciones. Si no fuera por el polvo o por las esquinas dobladas, pasarían por libros nuevos, casi intactos.

[metaslider id=46036]

Dos puestos más allá, cercano a la Urdaneta, está Jorge Atencio, quien lleva unos 13 años trabajando entre el smog, el corneteo y las páginas llenas de polillas que le traen clientes. “He llegado a tener ediciones del Quijote de hasta cuatro tomos”, dijo, para impresionar. Luego recitó las primeras líneas, henchido de orgullo. “Yo diría que fue la primera novela de ciencia ficción que se creó, porque nadie pelea con molinos de viento”, remató.

No obstante, para los libreros, todo los días se libra una batalla, se cierra una librería y se mantiene “el acto de fe” de seguir trabajando en un entorno que se ha vuelto cada vez más hostil para la cultura. “Nos podemos reír mucho, pero hay mucha crueldad en El Quijote. Yo siento que nos estamos convirtiendo en una sociedad tan cruel como la que atravesó Alonso Quijano en su momento”, explicó Ricardo Ramírez, de Alejandría.

Sin embargo, Ramírez también rescata de la novela la nobleza del caballero y la dicotomía entre la locura y la cordura: “Está ese afán que es un ideal que para muchos es una manifestación de locura. Por lo menos, seguir viviendo aquí: para algunos es irracional; pero si para todos lo fuera, vámonos todos”.

Para ninguno de los libreros es sorpresa que no se consiga el libro más traducido de la lengua castellana, ni siquiera en el 400º aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes. Después de todo, si falta la comida, es de esperarse que también falten los libros. “Esa es la ruta del Quijote en Venezuela: los molinos de viento y los monstruos”, finalizó Alexis Romero, de Templo Interno.