Cientos de mujeres confirman haber vivido violencia obstétrica en Cuba

LA HUMANIDAD · 17 JULIO, 2022 12:20

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Claudia Padrón Cueto


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Durante el último año, Partos Rotos, una colaboración de periodistas independientes cubanas, estuvo investigando las experiencias de parto en la isla de las últimas décadas. Una de las conclusiones del proyecto es que muchas madres recuerdan el día en que dieron a luz como un episodio traumático, donde fueron violentadas, ignoradas y maltratadas.

Por primera vez, una investigación en Cuba agrupó 514 cuestionarios, que detallan partos en la isla desde los años 60 hasta el año 2021 (el 82% de las respuestas son de los últimos 21 años). Los formularios fueron respondidos por madres cubanas (algunas, con varias experiencias de parto, llenaron más de un formulario) de todo el país que dieron a luz en la isla. El 80% de las mujeres preguntadas se concentraron en tres provincias: La Habana, Camagüey y Pinar del Río.

De los 514 partos, el 60% fueron partos vaginales y el 40% cesáreas.

Los resultados de este proyecto no son una muestra representativa a nivel estadístico de la población de mujeres cubanas. Hay una sobrerrepresentación de La Habana y menor número de respuestas de otras provincias. Por tanto, los resultados que aquí expondremos no se pueden extrapolar ni generalizar como un reflejo de todas las experiencias de parto en el país.

Sin embargo, aclaramos que la muestra es aleatoria. No se seleccionaron mujeres que expresamente hubiesen tenido un parto traumático, sino madres que dieron a luz en Cuba y que tuvieran la disposición de responder. Partos Rotos trabajó con 13 mujeres que compartieron el cuestionario entre sus redes de contactos, y estas con otras mujeres hasta sobrepasar los 500 cuestionarios.

Aunque puede existir una predisposición de las embarazadas que vivieron violencia a responder el cuestionario, tanto periodistas como mujeres que aplicaron cuestionarios eligieron libremente a quién preguntar.

Para su tesis doctoral, uno de los pocos estudios sobre violencia obstétrica en Cuba, Daylis García Jordá abordó esta temática y concluyó, al igual que Partos Rotos, que en Cuba “rutinariamente” las embarazadas son sometidas a prácticas y a políticas que son “violencia física y de género”. Para su estudio la doctora entrevistó a 36 mujeres. Partos Rotos ha multiplicado por 14 esa cifra.

El análisis de los datos muestra que la violencia obstétrica en los salones es sistemática. Las mujeres suelen ser concebidas como cuerpos sin autonomía y sin derecho a decidir nada, y no reciben información sobre su estado o los procedimientos que les van a realizar. Tampoco pueden elegir en qué posición parir ni se les permite caminar. Además muchas son maltratadas física, psicológica y verbalmente.

La violencia obstétrica no es un fenómeno propiamente de Cuba, sino mundial, y que ocurre incluso en países con muchos más recursos. Al igual que otras violencias contra las mujeres, tiene su origen en el machismo. En los últimos años, y cada vez con más frecuencia, estas prácticas han sido denunciadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF.

Sin embargo, sigue siendo un tema ausente en el discurso oficial cubano que prefiere centrarse en ostentar una tasa baja de mortalidad infantil pero no le da la misma relevancia a la tasa de mortalidad materna o a otros indicadores que reflejen el grado de satisfacción de las madres con el trato recibido.

“No me informaron o pidieron consentimiento para ningún procedimiento: sueros, medicamentos, dilatación manual, espéculos… Solo me decían : ‘Niña coopera’”, relata una madre que dio a luz en el Hospital Materno Infantil Manuel Piti Fajardo.

Otras dos mujeres que dieron a luz en Camagüey y La Habana agregan: “En ocasiones preguntaba o llamaba a las enfermeras y no me contestaban. No levantaban ni la mirada para verte a los ojos”; “En el momento del parto le tomé la mano a un doctor y me la rechazó con desdén y asco”.

Muchas madres coinciden en que la falta de información y ser ignoradas fueron las muestras de violencia que más padecieron. Un 69% dijo que no recibió psicoprofilaxis, o sea, que no les explicaron cómo sería el proceso de embarazo, parto y la etapa posterior al alumbramiento.

Y una vez ingresadas, casi el 80% de los cuestionarios recopilados apuntan a que las madres no fueron informadas sobre su estado de salud durante el parto. Solo el 52% confirmó que le pidieron consentimiento para todos los procedimientos que realizaron a ellas y a sus bebés durante el parto.

¿Qué nos contaron las madres?

“Trataron de dilatarme a la fuerza y ​​estaba con dolor. Me culparon por no poder parir. Me dijeron ‘cochina’. Le dijeron a mi familia que no quería cooperar. Me pegaron en la cara. Me sentí humillada. No quería repetir esa experiencia. Lo consideré el peor momento de mi vida” respondió a nuestro cuestionario una madre que dio a luz en el Hospital General Docente Universitario Martín Chang Puga de Nuevitas, Camagüey.

Cientos de mujeres confirmaron que hay un panorama de violencia hacia ellas dentro del sistema de salud. Un 41% afirmó haber sufrido algún episodio de violencia verbal o psicológica, mientras que otro 17% no se consideró víctima de este tipo de violencia aunque describió haber padecido prácticas que sí son consideradas violencia obstétrica.

Esto es una evidencia que apunta a que las mujeres han naturalizado ser maltratadas como un proceso indisoluble del acto de dar a luz y que no reciben la información sobre qué es un parto humanizado y/o cuáles son sus derechos. La obstétrica no solo es una de las violencias más invisibilizadas, sino también una de las más naturalizadas.

Según pudimos confirmar con los testimonios, las manifestaciones más comunes de maltratos fueron: ignorar a las embarazadas y no atender a sus pedidos, negarles servicios como el uso de analgésicos, y no llamarlas por su nombre sino por calificativos que ellas consideraban ofensivos o irrespetuosos (negra, gorda, etc). Gritarles, culparlas por algún inconveniente y hablarles de modo grosero también son episodios frecuentes.

En el país, con hospitales carentes y que no satisfacen la demanda, los médicos/as suelen acelerar los partos para facilitar su trabajo en detrimento del curso natural de un proceso fisiológico. Al menos en los testimonios recogidos por esta investigación, el uso de la episiotomía, un corte en el perineo que facilita el parto, parece ser indiscriminado en los hospitales cubanos, a la par que se realizan procedimientos obsoletos que pueden afectar la salud de la madre y su bebé. La prioridad parece ser que la gestante dé a luz rápido, aunque sea violentada en el proceso.

“No tenían que picarme porque tenía espacio y lo hicieron. Yo sé que tenía espacio porque escuché cuando el jefe del equipo médico los regañaba”, corrobora una madre que dio a luz en el Hospital Universitario Ginecobstétrico Eusebio Hernández Pérez

Un 76% de las madres que tuvieron un parto vaginal afirmó que se les practicó una episiotomía. De ellas a solo el 21 % le pidieron consentimiento y al 73% no le aplicaron anestesia para cortarlas.

Por otra parte, un 44% sufrió la maniobra de Kristeller, un procedimiento que consiste en apretar a la embarazada por las costillas y exprimirla para conducir al bebé al canal de parto, incluso se pueden llegar a subir sobre ellas. Tal maniobra es desaconsejada por la OMS desde 2014, pero en Cuba se sigue practicando.

Además, la mayoría de las madres (el 86%) aseguró que se le negaron analgésicos cuando los pidieron. Las madres cubanas deben atravesar la agonía que puede representar un parto sin que se les ayude a aliviar el dolor o reciban muestras de empatía. Incluso lo deben padecer solas. Un 83% de las mujeres que respondieron nuestro cuestionario no pudo estar acompañada durante el parto.

Aproximadamente al 61% de las gestantes no les permitió tener contacto con su hijo o hija al nacer y al 58% no le permitieron caminar para facilitar su labor de parto. Esto también es violencia obstétrica.

Tras el proceso del parto, algunas aseguraron haber sufrido anemia (16%), infecciones (10%), e incontinencia urinaria (7%). Sin embargo, fueron más frecuentes las secuelas emocionales como miedo a un nuevo embarazo (30%), visualizar imágenes repetitivas de su parto (30%), cambios de humor (25%), dificultad para dormir (24%), miedo a volver a enfrentarse al sistema de salud cubano (23%) y depresión posparto (14%).

“Me tuvieron 28 horas en trabajo de parto. Me correspondía una cesárea de antemano programada, pero me obligaron a parir. Me quedé con seis de hemoglobina, casi muerta. Pasé tres meses en silla de ruedas, sin contar que mi bebé nació cianótica. Solo puedo decir que tuve más embarazos y ninguno lo tuve por miedo a vivir de nuevo lo mismo”, respondió a nuestro cuestionario una madre que dio a luz en 1998 en el Hospital Maternidad de Línea.

Casi 20 años después, en 2017, otra mujer cubana salió del hospital Ramón González Coro con pánico a tener nuevos embarazos. “No quería tener más hijos: veía el embarazo como la peor enfermedad que me podía ocurrir. Durante mucho tiempo me daba terror un embarazo; veía a los niños en la calle y solo pensaba en el dolor de sus madres. Nunca más vi el embarazo de una forma linda, romántica, sino como una pesadilla, una bomba de tiempo que explota durante el parto”.

¿Por qué esta investigación?

Los medios de propaganda cubanos suelen resaltar la baja tasa de mortalidad infantil y los logros del programa materno infantil (PAMI), pero no se publicitan otros indicadores de calidad de la atención y/o bienestar de las madres. Esta falta de información precisamente da pie a que se cuestione si existe o no el fenómeno de la violencia obstétrica en Cuba.

Esto es relevante si contemplamos que la propia Revista Cubana de Obstetricia y Ginecología reconoció en un artículo de 2018 que, dada la poca información que existe, no podía asegurarse que no haya partos humanizados, ni crueldad durante el proceso. “La insuficiencia de estudios en Cuba respecto al tema imposibilita proporcionar datos reales o aproximados del manejo del parto humanizado. Sigue siendo necesario el desarrollo de investigaciones de corte cualitativo y trabajos de campo que estimen las características de la atención”, apuntó el artículo.

La base de datos que hemos construido, -y esperamos seguir ampliando- puede ser un primer paso para suplir ese vacío de información y mostrar, que, en efecto, han sido violentadas, al menos, cientos de mujeres en los hospitales cubanos. El sistema de salud de la isla, si bien se preocupa por la tasa de mortalidad infantil, no tiene en cuenta a las mujeres, sus experiencias y sus necesidades.

Lea la investigación completa en este link

LA HUMANIDAD · 15 AGOSTO, 2022

Cientos de mujeres confirman haber vivido violencia obstétrica en Cuba

Texto por Claudia Padrón Cueto

Durante el último año, Partos Rotos, una colaboración de periodistas independientes cubanas, estuvo investigando las experiencias de parto en la isla de las últimas décadas. Una de las conclusiones del proyecto es que muchas madres recuerdan el día en que dieron a luz como un episodio traumático, donde fueron violentadas, ignoradas y maltratadas.

Por primera vez, una investigación en Cuba agrupó 514 cuestionarios, que detallan partos en la isla desde los años 60 hasta el año 2021 (el 82% de las respuestas son de los últimos 21 años). Los formularios fueron respondidos por madres cubanas (algunas, con varias experiencias de parto, llenaron más de un formulario) de todo el país que dieron a luz en la isla. El 80% de las mujeres preguntadas se concentraron en tres provincias: La Habana, Camagüey y Pinar del Río.

De los 514 partos, el 60% fueron partos vaginales y el 40% cesáreas.

Los resultados de este proyecto no son una muestra representativa a nivel estadístico de la población de mujeres cubanas. Hay una sobrerrepresentación de La Habana y menor número de respuestas de otras provincias. Por tanto, los resultados que aquí expondremos no se pueden extrapolar ni generalizar como un reflejo de todas las experiencias de parto en el país.

Sin embargo, aclaramos que la muestra es aleatoria. No se seleccionaron mujeres que expresamente hubiesen tenido un parto traumático, sino madres que dieron a luz en Cuba y que tuvieran la disposición de responder. Partos Rotos trabajó con 13 mujeres que compartieron el cuestionario entre sus redes de contactos, y estas con otras mujeres hasta sobrepasar los 500 cuestionarios.

Aunque puede existir una predisposición de las embarazadas que vivieron violencia a responder el cuestionario, tanto periodistas como mujeres que aplicaron cuestionarios eligieron libremente a quién preguntar.

Para su tesis doctoral, uno de los pocos estudios sobre violencia obstétrica en Cuba, Daylis García Jordá abordó esta temática y concluyó, al igual que Partos Rotos, que en Cuba “rutinariamente” las embarazadas son sometidas a prácticas y a políticas que son “violencia física y de género”. Para su estudio la doctora entrevistó a 36 mujeres. Partos Rotos ha multiplicado por 14 esa cifra.

El análisis de los datos muestra que la violencia obstétrica en los salones es sistemática. Las mujeres suelen ser concebidas como cuerpos sin autonomía y sin derecho a decidir nada, y no reciben información sobre su estado o los procedimientos que les van a realizar. Tampoco pueden elegir en qué posición parir ni se les permite caminar. Además muchas son maltratadas física, psicológica y verbalmente.

La violencia obstétrica no es un fenómeno propiamente de Cuba, sino mundial, y que ocurre incluso en países con muchos más recursos. Al igual que otras violencias contra las mujeres, tiene su origen en el machismo. En los últimos años, y cada vez con más frecuencia, estas prácticas han sido denunciadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF.

Sin embargo, sigue siendo un tema ausente en el discurso oficial cubano que prefiere centrarse en ostentar una tasa baja de mortalidad infantil pero no le da la misma relevancia a la tasa de mortalidad materna o a otros indicadores que reflejen el grado de satisfacción de las madres con el trato recibido.

“No me informaron o pidieron consentimiento para ningún procedimiento: sueros, medicamentos, dilatación manual, espéculos… Solo me decían : ‘Niña coopera’”, relata una madre que dio a luz en el Hospital Materno Infantil Manuel Piti Fajardo.

Otras dos mujeres que dieron a luz en Camagüey y La Habana agregan: “En ocasiones preguntaba o llamaba a las enfermeras y no me contestaban. No levantaban ni la mirada para verte a los ojos”; “En el momento del parto le tomé la mano a un doctor y me la rechazó con desdén y asco”.

Muchas madres coinciden en que la falta de información y ser ignoradas fueron las muestras de violencia que más padecieron. Un 69% dijo que no recibió psicoprofilaxis, o sea, que no les explicaron cómo sería el proceso de embarazo, parto y la etapa posterior al alumbramiento.

Y una vez ingresadas, casi el 80% de los cuestionarios recopilados apuntan a que las madres no fueron informadas sobre su estado de salud durante el parto. Solo el 52% confirmó que le pidieron consentimiento para todos los procedimientos que realizaron a ellas y a sus bebés durante el parto.

¿Qué nos contaron las madres?

“Trataron de dilatarme a la fuerza y ​​estaba con dolor. Me culparon por no poder parir. Me dijeron ‘cochina’. Le dijeron a mi familia que no quería cooperar. Me pegaron en la cara. Me sentí humillada. No quería repetir esa experiencia. Lo consideré el peor momento de mi vida” respondió a nuestro cuestionario una madre que dio a luz en el Hospital General Docente Universitario Martín Chang Puga de Nuevitas, Camagüey.

Cientos de mujeres confirmaron que hay un panorama de violencia hacia ellas dentro del sistema de salud. Un 41% afirmó haber sufrido algún episodio de violencia verbal o psicológica, mientras que otro 17% no se consideró víctima de este tipo de violencia aunque describió haber padecido prácticas que sí son consideradas violencia obstétrica.

Esto es una evidencia que apunta a que las mujeres han naturalizado ser maltratadas como un proceso indisoluble del acto de dar a luz y que no reciben la información sobre qué es un parto humanizado y/o cuáles son sus derechos. La obstétrica no solo es una de las violencias más invisibilizadas, sino también una de las más naturalizadas.

Según pudimos confirmar con los testimonios, las manifestaciones más comunes de maltratos fueron: ignorar a las embarazadas y no atender a sus pedidos, negarles servicios como el uso de analgésicos, y no llamarlas por su nombre sino por calificativos que ellas consideraban ofensivos o irrespetuosos (negra, gorda, etc). Gritarles, culparlas por algún inconveniente y hablarles de modo grosero también son episodios frecuentes.

En el país, con hospitales carentes y que no satisfacen la demanda, los médicos/as suelen acelerar los partos para facilitar su trabajo en detrimento del curso natural de un proceso fisiológico. Al menos en los testimonios recogidos por esta investigación, el uso de la episiotomía, un corte en el perineo que facilita el parto, parece ser indiscriminado en los hospitales cubanos, a la par que se realizan procedimientos obsoletos que pueden afectar la salud de la madre y su bebé. La prioridad parece ser que la gestante dé a luz rápido, aunque sea violentada en el proceso.

“No tenían que picarme porque tenía espacio y lo hicieron. Yo sé que tenía espacio porque escuché cuando el jefe del equipo médico los regañaba”, corrobora una madre que dio a luz en el Hospital Universitario Ginecobstétrico Eusebio Hernández Pérez

Un 76% de las madres que tuvieron un parto vaginal afirmó que se les practicó una episiotomía. De ellas a solo el 21 % le pidieron consentimiento y al 73% no le aplicaron anestesia para cortarlas.

Por otra parte, un 44% sufrió la maniobra de Kristeller, un procedimiento que consiste en apretar a la embarazada por las costillas y exprimirla para conducir al bebé al canal de parto, incluso se pueden llegar a subir sobre ellas. Tal maniobra es desaconsejada por la OMS desde 2014, pero en Cuba se sigue practicando.

Además, la mayoría de las madres (el 86%) aseguró que se le negaron analgésicos cuando los pidieron. Las madres cubanas deben atravesar la agonía que puede representar un parto sin que se les ayude a aliviar el dolor o reciban muestras de empatía. Incluso lo deben padecer solas. Un 83% de las mujeres que respondieron nuestro cuestionario no pudo estar acompañada durante el parto.

Aproximadamente al 61% de las gestantes no les permitió tener contacto con su hijo o hija al nacer y al 58% no le permitieron caminar para facilitar su labor de parto. Esto también es violencia obstétrica.

Tras el proceso del parto, algunas aseguraron haber sufrido anemia (16%), infecciones (10%), e incontinencia urinaria (7%). Sin embargo, fueron más frecuentes las secuelas emocionales como miedo a un nuevo embarazo (30%), visualizar imágenes repetitivas de su parto (30%), cambios de humor (25%), dificultad para dormir (24%), miedo a volver a enfrentarse al sistema de salud cubano (23%) y depresión posparto (14%).

“Me tuvieron 28 horas en trabajo de parto. Me correspondía una cesárea de antemano programada, pero me obligaron a parir. Me quedé con seis de hemoglobina, casi muerta. Pasé tres meses en silla de ruedas, sin contar que mi bebé nació cianótica. Solo puedo decir que tuve más embarazos y ninguno lo tuve por miedo a vivir de nuevo lo mismo”, respondió a nuestro cuestionario una madre que dio a luz en 1998 en el Hospital Maternidad de Línea.

Casi 20 años después, en 2017, otra mujer cubana salió del hospital Ramón González Coro con pánico a tener nuevos embarazos. “No quería tener más hijos: veía el embarazo como la peor enfermedad que me podía ocurrir. Durante mucho tiempo me daba terror un embarazo; veía a los niños en la calle y solo pensaba en el dolor de sus madres. Nunca más vi el embarazo de una forma linda, romántica, sino como una pesadilla, una bomba de tiempo que explota durante el parto”.

¿Por qué esta investigación?

Los medios de propaganda cubanos suelen resaltar la baja tasa de mortalidad infantil y los logros del programa materno infantil (PAMI), pero no se publicitan otros indicadores de calidad de la atención y/o bienestar de las madres. Esta falta de información precisamente da pie a que se cuestione si existe o no el fenómeno de la violencia obstétrica en Cuba.

Esto es relevante si contemplamos que la propia Revista Cubana de Obstetricia y Ginecología reconoció en un artículo de 2018 que, dada la poca información que existe, no podía asegurarse que no haya partos humanizados, ni crueldad durante el proceso. “La insuficiencia de estudios en Cuba respecto al tema imposibilita proporcionar datos reales o aproximados del manejo del parto humanizado. Sigue siendo necesario el desarrollo de investigaciones de corte cualitativo y trabajos de campo que estimen las características de la atención”, apuntó el artículo.

La base de datos que hemos construido, -y esperamos seguir ampliando- puede ser un primer paso para suplir ese vacío de información y mostrar, que, en efecto, han sido violentadas, al menos, cientos de mujeres en los hospitales cubanos. El sistema de salud de la isla, si bien se preocupa por la tasa de mortalidad infantil, no tiene en cuenta a las mujeres, sus experiencias y sus necesidades.

Lea la investigación completa en este link

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