Así se vivió la cola del Bicentenario de Plaza Venezuela desde adentro (+Fotos) - Efecto Cocuyo

ECONOMÍA · 1 AGOSTO, 2015 22:12

Así se vivió la cola del Bicentenario de Plaza Venezuela desde adentro (+Fotos)

Texto por Efecto Cocuyo

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Entre la noche de este viernes 31 de julio y la mañana de este sábado 1ero de agosto, Guillermo Gil y su familia hicieron 12 horas de cola para comprar comida. Llegaron a las puertas del abasto Bicentenario de Plaza Venezuela a las 10 de la noche y salieron con su mercado cerca de las 10:20 am del día siguiente. “Nos fuimos sin adquirir margarina, carne, o pasta porque no había”, comentó Gil. A las 11:10 am el equipo de Efecto Cocuyo empezó la travesía y entró al establecimiento para vivir la intimidad de una cola kilométrica.los mangos

En verdad son más de cinco colas las que se realizan para poder comprar en ese hipermercado gubernamental. La primera se hizo, bajo el sol, en la calle que da hacia la estación de Metro de Zona Rental y no duró más de diez minutos. El señor Gil advirtió que antes de que abriera el local, mientras él se encontraba allí, esa fila llegaba hasta la avenida Los Mangos a 500 metros de la entrada peatonal del establecimiento.

El par de funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) que resguardaba la reja inicial dejó pasar al cúmulo de gente rápido a eso de las 11:30am . En la acera del frente, recostados sobre una reja, 3 grupos de policías vigilaban que todo estuviese bajo control. Dos patrullas policiales estaban estacionadas frente a ellos y un aproximado de 15 funcionarios andaban de un lado a otro.

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La segunda puerta, que se encuentra a unos 20 metros más adelante, estaba vigilada también por Guardias Nacionales Bolivarianos (GNB). Con caras serias hablaban entre ellos. “Que nos vean aquí para que no se les ocurra volverse locos”, expresó uno de ellos. La gente en la cola recordaba, mientras tanto, el episodio vivido este viernes en San Félix: “Esto está así porque como saquearon en Bolívar, tienen miedo de que la gente haga lo mismo aquí”, soltó una señora que promedia los 50 años.

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Una vez bajo techo la gente caminaba rápido para obtener el mejor puesto en esta tercera cola. Un GNB gritaba para que se pegaran a la pared y advertía que estaban sancionando (reteniendo) a quienes se coleaban. Ese trayecto culminaba en el estacionamiento, donde el zigzag de personas parecía no tener ni principio ni fin. “Es un reto a la paciencia”, según exclamaba una anciana.

señorUn hombre de 89 años sin dentadura, de apariencia delicada y que tenía una gorra estampada con el rostro de Hugo Chávez, no logró pasar con anticipación. A partir de este sábado se eliminó el acceso preferencial para embarazadas y ancianos en ese comercio según comentó un funcionario en la puerta. Ancianos, adultos y niños, se desplazaban lentamente según indican los funcionarios. El viejito, más tarde, consigió sentarse en una de las pocas sillas que ahora están disponibles en el lugar. En febrero esa fila no se hacía de pie ya que habían desplegadas cientos de sillas blancas. Según cuentan los asiduos compradores de ese lugar, la gente las dañó y fueron retiradas hace unos dos meses.

 

La espera

La gente andaba con cansancio y en poco tiempo el hambre, o la ansiedad, les pegaba. En esta ocasión había venta de platanitos de a dos por 50 bolívares, helados tipo chupi-chupi, aguas saborizadas, y café. Los niños jugaban entre ellos y desesperaban a sus padres que solo podían hablar con quienes tenían cerca. Este sábado no paraban las quejas: “Si se meten con la Polar y estos se mudan a Colombia definitivamente, el cerro va a bajar a Miraflores a sacar a ese loquito”, expresó un hombre de 32 años.


Por su parte, una señora de 55 años llamada Judith, reiteraba su decepción: “Me duele mi país, me duele lo que le hacen”, se lamentó. Entre ambos recordaban el Caracazo, advertían al gobierno que no debía meterse con la comida porque esto generaría que el pueblo se alzara. “No va a haber tanque que pueda contra un pueblo arrecho”, decía el hombre.IMG_20150801_115632

Funcionarios del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) se paseaban por la cola verificando la tonalidad de las cédulas de los presentes. De ser amarillas (de extranjero) iban a revisión.

 

La visita del ministro

La mañana de este sábado, según reseñó Venezolana de Televisión, el ministro de Alimentación  Carlos Osorio asistió a ese mismo establecimiento. En las declaraciones que brindó no hizo mención a las largas colas que se formaron desde las 4 de la tarde del día anterior, según informó Guillermo Gil. Apuntó, en cambio, que ese viernes habían atendido a un aproximado de 8 mil personas en ese establecimiento y que la soberanía alimentaria iba en marcha.

Guillermo Gil, estuvo presente mientras ocurría la visita y contó como toda la cola fue dirigida rigurosamente por la policía y la guardia.”Otras veces que hemos ido no hay tanta organización, pero ahí nos dimos cuenta era porque el ministro Osorio estaba allí”, dijo.

IMG_20150801_145436 También comentó que VTV no filmó en ningún momento los estantes vacíos, que sí había, y que en cambio hizo tomas de carritos llenos. “Durante el recorrido sigue en la misma cola en la que vino y usted va agarrando los productos en ese orden, pero el problema es que no hay la cantidad de carritos para todos los que dejan pasar”, afirmó.

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La verdadera entrada

Abajo cerraron las puertas del centro comercial a las 1:00pm. No dejarían entrar a más nadie. Cerca de las 2:30 pm el equipo cruzó la puerta del estacionamiento. Las pasarelas adornadas con los característicos ojos de Chávez no funcionaban y había que subir en el mismo orden por la escalera. Al llegar al tope un guardia indicaba dónde ubicarse, como si fuera una nueva cola. Era la misma gente pero en un ambiente distinto. El olor a humedad desapareció y vino el de comida de la feria. Los escudos antimotín de la PNB reposaban sobre una de las santamarías que estaban cerradas.

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La cercanía de la verdadera entrada hacía que la gente dejara de quejarse por la situación país, pero las piernas empezaban a fallar. Se guardaban puestos los unos a los otros para sentarse en los banquitos, se compraban cafés y compartían las galleticas que llevaban en la cartera. “Ay mija, y la cola de adentro es peor”, afirmaba Judith.

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Luego de una hora más se logró subir al último piso. El guardia dejó pasar a un grupo numeroso y al llegar finalmente había que hacer otra fila más. La guerra para conseguir carritos empezaba desde allí. Eran muy pocos los que tenían esta suerte. Al entrar, quienes estuvieron cerca durante más de cinco horas se esfumaron. Un gentío abrumador, con carros llenos, trancaban el paso de los nuevos, solo quedaba seguir la corriente.

Durante el trayecto se identificaron hasta cinco marcas de arroz blanco, azúcar en grandes cantidades y café. Lo más ansiado por la gente era el pollo, que estaba distribuido en unas neveras que no enfriaban mucho. Los muchachos de limpieza secaban el piso del agua que botaban y hasta un pollo sin bolsa se posaba sobre los demás. “¿Conseguiste un pollo grande?”, le preguntó en tono irónico un guardia a un hombre que pasaba molesto. Las quejas del tamaño y la calidad de los animales abundaban.

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Dentro del supermercado había una cola extra para obtener productos de la perfumería (Champú y desodorante) y otra para adquirir los jugos pasteurizados. La fila para cancelar era complicada. Había una para todo el mundo y no se veía el final. Un grupo de jóvenes con camisas que tenían impreso el mensaje “Chávez te lo juro mi voto es pa Maduro”, guiaban a la gente mientras que los efectivos de seguridad estaban en la boca de algunas cajas controlando los malentendidos.

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El equipo de Efecto Cocuyo no pudo esperar a hacer la cola para cancelar y se marchó sin ningún producto.Preguntó a varios presentes la cantidad de tiempo que les tomó la compra y cuánto gastaron. El promedio de horas en el sitio de las seis personas consultadas fue de 7 horas y media y del monto invertido no superaba los 2 mil bolívares. Allí acababa la desesperación.

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Incluso para ir al baño, había que esperar en cola