Aquiles Báez siente que el corazón caraqueño "busca un alivio, un placebo de cariño" #Caracas451 - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 25 JULIO, 2018 15:08

Aquiles Báez siente que el corazón caraqueño «busca un alivio, un placebo de cariño» #Caracas451

Texto por Shari Avendaño | @shariavendano

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Había música en todos lados. En el Teatro Teresa Carreño se podían escuchar los ensayos de la orquesta infantil; en el Teatro María Auxiliadora de El Paraíso tocaba la orquesta de Aldemaro Romero y los domingos el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela se llenaba público, gracias a los conciertos de la Sinfónica.

Eso sin contar las fiestas que se organizaban en Caracas. Iba con “sus amigotes”, como su madre llamaba a los señores del grupo en el que tocaba a los 12 años. El guitarrista y presidente de la productora de música Guataca, Aquiles Báez, cuenta algunas de sus vivencias en la capital, que este miércoles 25 de julio cumple 451 años de fundada.

En aquel entonces interpretaba canciones del dúo Espin Guanipa, de Conny Méndez, Serenata Guayanesa, Cecilia Todd. “Para mi hay una imagen muy bonita de una Caracas tocada, que no es lo común, que me conecta con la música tradicional venezolana”, dice Báez.

De pequeño, cada vez que podía asistía a algún concierto. Iba y regresaba a su casa solo. Uno que atesora en memoria es el del maestro guitarrista Alirio Díaz en el auditorio de la Cantv, en la avenida Libertador de Caracas.

“Cuando yo empecé, tocaba cinco o seis veces a la semana de noche y me regresaba en carrito por puesto con la guitarra. Dime si puedes hacer eso ahorita. ¿Eso no es un cambio radical?”, pregunta el músico. Ya Caracas no es “la odalisca rendida a los pies del sultán enamorado”, como dice el poema de Juan Antonio Pérez Bonalde, que Báez siempre recuerda con cariño.

“Es duro porque uno la ama, pero es hostil. Caracas es ese espacio que convive con uno, a pesar de uno mismo. Es una fuerza intangible”, comenta. El guitarrista ha compuesto temas a la ciudad en varias oportunidades. En uno de ellos dice: “La ciudad se duerme, un cuchillo tiene, no le duele a nadie”. En otro declara: “Caracas, tu corazón está buscando un alivio, un placebo de pasión, un placebo de cariño”.

El Ávila te cambia

Báez extraña las caminatas por El Ávila de la adolescencia. Vivía en San Bernardino y subía todos los días por Zamorera.  Aún hoy, “abres la ventana, ves la montaña y ya eso te cambia”.

Antes era visitante asiduo de los “espacios de inmigrantes”. Cerca de la torre Británica, en Altamira, se podía probar la comida tradicional de Trinidad. En la ciudad había muchos restaurantes franceses e italianos. “En la Casa Italia de San Bernardino se comía increíble”. A la parroquia La Candelaria iba a degustar la gastronomía española.

En el restaurante del Hotel Unión, de Sabana Grande, se hacía la piña peruana, plato típico del país andino. Allí conoció el cajón peruano, un instrumento musical.

“A pesar de lo duro que estamos viviendo, hay muchas cosas que siguen siendo un oasis. Hay algo que todavía tiene mucha gente venezolana, que es esa conexión, empatía, amistad, ganas de llamarnos para echarnos un chiste”, afirma Báez.