Año escolar en pandemia: ¿qué opinan los niños?

LA HUMANIDAD · 29 AGOSTO, 2021 17:17

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Albany Andara Meza | @AlbanyAndara


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“A mí no me gusta hacer la tarea en mi casa. Mi mamá me pega mucho”, Michel lo susurra en confidencia, como si temiera que su madre lo escuchara y le sacudiese la regla de plástico en los brazos, como cuando le toca recitar la tabla de multiplicar y se equivoca en la del siete.

Es bajito, moreno, tiene nueve años. Está honestamente cansado de las matemáticas y del año escolar en pandemia. Se siente aliviado de que llegaran las vacaciones. 

Su frase se repite en distintos hogares venezolanos, desde que el coronavirus entró al país y las salas de las casas se convirtieron en aulas, en marzo de 2020. Después del decreto del gobierno sobre la suspensión de las actividades presenciales en el ámbito nacional para evitar la propagación del COVID-19, miles de padres se vieron obligados a comportarse como maestros para ayudar a sus hijos a aprender en cuarentena. Más de 27.000 planteles cerraron sus puertas en toda Venezuela. 

En casa, no tardaron en darse cuenta de las dificultades de las tareas y de las deficiencias que arrastraban los niños. Mientras tanto, en las escuelas se esforzaban por implementar planes y dinámicas nuevas para estudiar desde el hogar, con resultados poco fructíferos. 

María José López, la mamá de Michel Alejandro, admite que la paciencia se le escurre entre los dedos al intentar enseñarle a su hijo. Es manicurista, no maestra. 

“Me estreso tanto porque se distrae, porque llora, porque no retiene aunque lo haya leído hace cinco minutos, que le doy un tatequieto para ver si así reacciona. Yo no soy profesora. No tengo ese aguante”, comenta. Viven en la zona 5 de José Félix Ribas, al este de Caracas en Petare, y el niño asiste a una escuela cercana, la municipal Coromoto. 

Dos por dos. Cuatro por cuatro. Cinco por seis. Michel detesta las tablas de multiplicar. Acaba de terminar el tercer grado y reza porque el cuarto no le toque volver a pasarlo en cuarentena.

“Yo quiero volver al colegio. Extraño a mis amigos. Y no quiero que mi mamá me pegue y me grite más. Mi maestra no me pega. Me grita, pero no me pega”, expresa determinante. 

Testimonios parecidos se repiten a continuación. Son las opiniones de los principales protagonistas de la educación a distancia, a un mes de que comience un nuevo ciclo escolar.

Extrañar el recreo

Emely Contreras terminó el segundo nivel de preescolar en medio del alabo de sus maestras. En realidad, su excelente desempeño tiene que ver con la dedicación de su mamá, Margaret Romero. La niña estudia en el colegio Luis Beltrán Prieto Figueroa, en Los Ruices (en el municipio Sucre de Caracas), y pasó la mitad del 2020 y 2021 completando guías que Margaret entregaba puntualmente cada quince días. 

Las maestras pedían recortes, dibujos, pequeños proyectos plásticos y demás tareas adecuadas para una pequeña de cinco años. Sin embargo, Margaret decidió aplicar ella misma su propio plan educativo y, ahora, Emely puede tomar dictado, leer algunas palabras, escribir con claridad y sumar cifras sencillas. 

Año escolar en pandemia: ¿qué opinan los niños al respecto?

“No te creas, no ha sido fácil. A veces les tienes que dar un tanganazo para que presten atención. Eso ellos lo resienten. A mi me gustaría mandarlos al colegio. Les hace falta”, explica Romero. Es ama de casa, pero en el pasado fue docente suplente. Dice que la cantidad de tarea que le enviaron a sus hijos es monumental, pero que no sustituye a las clases presenciales. Afirma que la mayoría de los niños lo que hacen es apurarse a terminar la asignación, pero no aprenden nada si los padres no se enfocan en apoyarlos realmente. 

Igualmente, recuerda que el trabajo de manualidades es más de los representantes que de los niños. “Al final, ¿quién es el que termina haciendo las pancartas y maquetas?”, apunta.

Emely entorna sus enormes ojos cafés antes de contestar muy segura que lo que más extraña de su escuela. 

Año escolar en pandemia: ¿qué opinan los niños al respecto?

“El parque. El recreo. A mi maestra. Quiero estar más en el colegio”, recita sin duda. Su hermano mayor, Monnet Contreras, la secunda. El año escolar en pandemia fue agotador para él. Tiene 11 años y ya está harto de buscar la información que necesita desde el teléfono de su mamá o en casas ajenas. No cuenta con computadora o un celular propio. La dinámica fue la misma de su hermana: entregar guías enteras con asignaciones y ejercicios cada 15 días.

“Extraño a mis amigos en el receso, a mi profe y al Internet. Allá hay Internet gratis”, se encoge de hombros y sonríe. “Ya no quiero otro año igual al que pasó”.  

Sin luz ni Internet

Luis Espejo se ha acostumbrado a que su mamá lo pellizque cada vez que abre los cuadernos, desde el año pasado. 

“Es porque tengo la letra fea. Pero es mejor que mi papá, que me mete un lepe cuando vamos a dividir”, explica. Culminó quinto grado y espera volver a clases presenciales muy pronto. Espejo vive en La California, a unos cinco kilómetros aproximados de su colegio en el municipio Chacao. 

Sin embargo, la poca paciencia de sus padres no es el único problema del niño de 10 años. Sin Internet de ABA Cantv desde hace ocho meses, buscar y enviar las tareas es un proceso difícil. De acuerdo con el Observatorio Venezolano de los Servicios Públicos (Ovsp), para el primer trimestre de 2021, 63.3 % de los hogares venezolanos no contaba con acceso a internet.

“Mi mamá me busca la tarea en la oficina o yo lo hago desde mi teléfono. A veces lo conecto con el cable a la computadora. Pero eso me gasta datos”, explica. Es usuario de Digitel y la recarga mínima es de 2.500.000,00 bolívares. Su madre le transfiere 5.000.000,00 bolívares (poco más de 1 dólar al cambio), cuando no puede ayudarlo a investigar. 

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Las fallas de electricidad, agudizadas en 2021, también juegan en contra.

“El problema es cuando se va la luz, porque también se va la señal. Entonces tengo que esperar para poder terminar. Esto no me gusta. Yo quiero ir al colegio otra vez”, expresa Luis. Hace dos años que no juega fútbol, su deporte favorito, y añora educación física como nunca. 

La crisis eléctrica en Venezuela alcanzó su pico con el apagón ocurrido durante el mes de marzo de 2019. Desde entonces, el servicio de electricidad presenta recurrentes deficiencias en el Distrito Metropolitano de Caracas y el resto del país. Esto se ha vuelto la principal piedra en el camino de los estudiantes venezolanos, sobre todo durante el año escolar en pandemia. 

Cuando le preguntas si aprendió algo con las dinámicas de la educación a distancia, Luis no lo piensa.

“No. Bueno… no”, contesta sin sopesarlo mucho. 

Con violencia no se aprende

Sobre este tema, Abel Saraiba, coordinador del Servicio Psicológico de Cecodap (Centros Comunitarios de Aprendizaje), advierte que nadie aprende con miedo o dolor. Y lamenta que las prácticas violentas como forma de disciplinar estén arraigadas en la sociedad venezolana.  

“Queremos que el niño aprenda a leer, pero, en vez de estimularlo para que la lectura sea un proceso agradable, entonces le castigamos, gritamos y pegamos, creyendo que de esa manera lo va a hacer mejor. Y esto explica por qué para muchas personas estudiar, leer o aprender es percibido como una actividad pesada o molesta”, comenta. 

Según el psicólogo, lo que produce esta forma de actuar con los niños es desmotivación hacia los logros académicos, debido a que se relacionan con momentos hostiles

“Lo que pasa es que a las dinámicas ya complejas en Venezuela se suma la necesidad de transformar la casa en una escuela. Lo cual es una realidad muy difícil de alcanzar, porque los papás en su mayoría no son maestros. Inclusive, aquellos papás que son maestros no necesariamente son los maestros de sus hijos”, expresó.

Cree que es necesario reconocer que el proceso de aprendizaje de cada niño es individual y que puede implicar éxitos, pero también fracasos. Y estos últimos también forman parte de la experiencia académica. 

Para Saraiba, la situación actual ha generado fuertes frustraciones y molestias, que llevan a que los niños sientan un gran rechazo por las actividades en líneas y añoranza por volver a la escuela. 

Mamá y papá sin paciencia

“Mi mamá no me tiene paciencia, por eso me mandó para allá”, dice Fabián Meza. A sus siete años, es sumamente honesto y claro. Señala a la casa de su vecina en un sector de La Bandera, al oeste de Caracas. La señora Yeilin decidió convertir su pequeña salita rosa en un salón improvisado, para ofrecer tareas dirigidas a los niños de los alrededores. 

Fabián pasó para segundo grado. Sus padres son enfermeros y el trabajo apenas les deja tiempo y serenidad para sentarse con el chico a completar oraciones. 

“Llegan cansados”, señala Fabián con simpleza. Frente a la pregunta de si ha aprendido algo en su año escolar en pandemia, alza los hombros y tuerce el gesto. “Creo que sí”, responde. 

Al otro lado de la ciudad, en Palo Verde, Sebastián Soler es el único de los niños entrevistados que dice que le da igual volver a clases presenciales en Los Glaciares o continuar estudiando en casa. Cumplió seis años el último abril.

“Mi mamá no me pega. Me gusta hacer tarea con ella. No con mi papá. Cuando me equivoco, mi papá me borra todo y hay que hacerlo de nuevo”, frunce el ceño Sebastián. Extraña a sus compañeritos, pero no le hace falta despertarse temprano ni ponerse el uniforme. 

Suleidy Uzcatia se ríe cuando lo escucha. Ella es su mamá y se siente menos relajada que él. Es quien tiene que tomar las fotos de las tareas y grabarlo leyendo el libro de Mi Jardín, para que las maestras vean el progreso en casa. 

“A veces llora. No quiere hacer nada. Se distrae y hay que armarse de tanta paciencia. Yo si lo mandaría para su escuela. Da miedo, pero ya es tiempo. La gente se está vacunando”, comenta. 

Los retos de la educación a distancia

“Lo que es insustituible en la experiencia de la escuela es el vínculo: el contacto con otros niños, con los profesores, con un adulto significativo que se interesa por el desarrollo del estudiante. Y eso es probablemente lo que más echan de menos los niños y adolescentes en este momento”, explicó Abel Saraiba.

Señaló que los padres, por las mismas condiciones precarias generadas por la pandemia, cada vez tienen menos tiempo para explorar la parte emocional de sus hijos. También destacó lo complejo que es eso para algunos niños que comienzan o finalizan una nueva etapa. Por ejemplo, los que entran a un primer grado o terminan el sexto, para ingresar al bachillerato. 

“Puede representar un gran sentimiento de pérdida. Porque son momentos que no se dan como se esperaba”. 

El psicólogo dice que los padres deben apoyar a sus hijos y no convertirse en policías persecutores: lo ideal es volverse un equipo de trabajo para enfrentar los retos de la educación remota. 

“Creo que es clave no solo estar pendiente de si el chamo entrega o no entrega las tareas, sino que también nos demos el espacio para preguntarle cómo se siente. A veces nos concentramos demasiado en la meta, y no le prestamos atención al proceso. Aplica para tanto en un contexto a distancia como presencial”, apuntó.

¿Volverán las clases presenciales? 

De acuerdo con Raquel Figueroa, especialista en políticas educativas y dirigente sindical de la Federación Colegio de Profesores de Venezuela, 95% de las escuelas en el ámbito nacional no se encuentran en condiciones para recibir a los niños en octubre, como ya habría planteado el gobierno en julio de 2021

“Es necesario y es urgente que en Venezuela se inicie el proceso escolar presencial. Pero eso requiere unas mínimas condiciones. Y las primera condición fundamental es que todos los docentes sean vacunados. Y ahorita, menos de 10 % de la población estudiantil y docente está vacunada”, explicó Figueroa a Efecto Cocuyo

La falta de materiales pedagógicos es solo otra de las problemáticas a la que se enfrentan maestros y profesores. 

“Está la pizarra, pero no la tiza. Por darte un ejemplo”, dijo Figueroa. 

En el sondeo realizado por Efecto Cocuyo en julio, se reflejaron los graves problemas de infraestructura y servicios públicos que sufren los abandonados centros educativos. En la misma línea, el Sindicato Venezolano de Maestros del Distrito Capital (Sinvema) afirma que los mismos no están capacitados para iniciar un nuevo ciclo. 

La docente recordó que, a raíz de las fuertes lluvias ocurridas en el país en las últimas semanas, colegios en los estados Mérida y Yaracuy se han visto seriamente dañados. Finalizó resaltando la falta de especialistas y la deserción docente, que alcanza hasta 50% en la actualidad. 

“¿En un mes resolver el grave problema de los planteles? No creo que el Estado vaya a hacerlo”, expresó.

 

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