Volcán Cumbre Vieja: temor por el futuro de La Palma

INTERNACIONALES · 11 NOVIEMBRE, 2021 16:21

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 Es una despedida difícil. Después de 20 años, Leonardo Rodríguez empaca sus cosas. Abandonará su hogar, la isla española de La Palma. Junto a su pareja y sus dos gatos, este cocinero comenzará a fin de mes una nueva vida en Granada, en el continente.

Allí ya tiene un trabajo, a diferencia de la pizzería en Jedey, donde tenía un puesto hasta ahora, y donde hace semanas no hay movimiento. El lugar queda al pie del volcán Cumbre Vieja, igual que la casa que habían arrendado. Pero ahí ya no se puede estar. Un área de seis kilómetros a la redonda fue evacuada y se prohibió el ingreso al lugar. La lava está demasiado cerca.

«Hablé con mi jefa. Oficialmente a comienzos de diciembre se cierra el local. El volcán no para, hoy hubo de nuevo erupciones violentas. Una colega y yo tuvimos que dejar el trabajo», contó Rodríguez a DW.

Nuevo comienzo contra la propia voluntad

En realidad, él y su novia planeaban comprar una casa. Partir de cero no estaba para nada en sus planes. Hasta que el 19 de septiembre el volcán entró en erupción y, desde entonces, ha destruido 1.500 casas. Semejante cifra ya se hace visible en el mercado inmobiliario.

Leonardo Rodríguez ya no encuentra casa, al igual que muchos. Cada vez más personas deciden irse de La Palma, dice Rodríguez. Entre ellas su hermana, que se trasladó a Tenerife. No hay trabajo, no hay lugares para vivir y la gente ya no quiere depender de las ayudas estatales, como el mismo Leonardo hacía hasta ahora.

«Mañana tengo una cita en la Cruz Roja, que reparte una especie de crédito con el que se puede comprar combustible o ir al supermercado. Todo, excepto alcohol, ropa y trabajo», explica. «Son entre 150 y 200 euros», agrega. En total, el gobierno español ha prometido ayudas por más de 3.250 millones de euros, en directo beneficio de los habitantes de la isla.

Esto implica nuevas casas, infraestructura y pagos compensatorios a empresas. El problema es que el dinero llega a cuentagotas, y hasta ahora el gobierno local solo ha podido repartir una parte de los fondos prometidos en viviendas para los evacuados y ayudas psicológicas. O en nuevos sistema de riego para proveer a las plantaciones de bananas. Muchos se quejan de que la ayuda financiera tarda demasiado debido a que su entrega es demasiado burocrática.

Demasiada burocracia

Oliver Martín trabaja habitualmente en turismo, pero en estos días se está dedicando a ayudar a los más afectados. Con la pala, quita ceniza, ofrece su automóvil para encargos. Conoce a gente que ha presentado sus casos a las autoridades varias veces, y sigue esperando que lleguen los pagos. No tienen dinero ni para comprarse un café. Por supuesto que las donaciones de organizaciones de ayuda alivian la carga.

Pero La Palma ha cambiado casi de la noche a la mañana, dice: «Mucha gente puede ver en las calles los rostros marcados por el dolor y la tristeza. Y eso que en La Palma siempre nos hemos visto como un pueblo feliz. Pero no es posible ser feliz en estos momentos».

Martín también está preocupado por la actividad del volcán, que no cesa. Su hija Violeta está enterrada en un cementerio de Tazacorte. Uno de los ríos de lava corre a solo medio kilómetro de la tumba. La familia ha podido visitar pocas veces la tumba en los últimos días, y solo con permisos especiales. La idea de que su hija pueda quedar atrapada bajo la lava para siempre lo desgarra. «Eso sería como perderla por segunda vez», dice.

Normalmente, él visita la tumba de Violenta a diario, y habla con su hija muerta. Ahora él y otros piden a las autoridades que muevan las tumbas. Pero eso es difícil, porque deben pasar al menos cinco años para realizar ese procedimiento, y Violeta falleció en 2018.

«En situaciones excepcionales existen vacíos legales. En caso extremo, un juez podría decidir. Y si un juez lo permite, el ayuntamiento también lo hará», explica. Eso, siempre y cuando el proceso no sea demasiado lento. Martín sabe muy bien que los trámites exigen paciencia. Debido a la discapacidad de su hija, así como la de su hijo Eric, Martín y su esposa a menudo han tenido que pelear hasta por las cosas más pequeñas. Además, el flujo de lava podría acelerarse en cualquier momento.

«Estamos muy inquietos. Y nos sentimos impotentes. Pero una cosa tenemos clara: si no se toma una decisión a tiempo y llegamos a ver cómo la lava cubre el cementerio… sé muy bien que entonces seré yo quien vaya hasta allá y desentierre los restos de mi hija», advierte.

El volcán marca la vida de los palmeros a todo nivel. Y a toda hora. Mientras conversábamos con él, Leonardo Rodríguez recibió mensajes de amigos suyos de Jedey, al pie del volcán. Cumbre Vieja está haciendo ruidos «como la última vez que hubo una gran explosión». Así, es imposible que baje la tensión por la histórica erupción de este año.