46 grados en España: bienvenidos a los nuevos veranos

INTERNACIONALES · 17 JULIO, 2022 15:51

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Víctor Domínguez no tiene mucho tiempo para hablar. Con su equipo de rescatistas acaban de ser enviados a un incendio recién desatado en Casas de Miravete (Extremadura), a unos 215 kilómetros al suroeste de Madrid.

A las 2:00 a.m. deben ser evacuadas 66 personas. Necesitan albergue, agua, comida y apoyo psicológico. «La gente está muy nerviosa, tuvieron que evacuar y dejar todo atrás y ver un incendio enorme amenazando a su pueblo», explica Domínguez.

«Nos sentimos impotentes»

Domínguez también estuvo en Ladrillar, donde 4.000 hectáreas fueron devoradas por las llamas. «Ha sido una semana muy difícil. Las temperaturas son demasiado altas. El viento cambia constantemente de dirección», dice. «A veces nos sentimos impotentes. No podemos cambiar las condiciones meteorológicas», añade.

España vive este julio su segunda ola de calor. Las temperaturas han llegado hasta los 46 grados, con la canícula al máximo por varios días, incluso más de una semana. La primera ola llegó en junio, una fecha inusualmente temprana para este tipo de fenómenos.

Uno de los primeros incendios destruyó 30.000 hectáreas en la reserva natural Sierra de la Culebra, una región que no solo es el último reducto del lobo en Europa occidental, sino también es muy relevante para la agricultura y el turismo.

Hace poco, el servicio meteorológico Aemet dio a conocer estudios sobre las temperaturas en las últimas décadas. La meteoróloga Beatriz Hervella está muy preocupada.

«Tenemos que analizar bien el impacto del cambio climático, pero la temperatura media en España ha aumentado», observa.

En el verano, esto se siente con claridad. Actualmente, el calor se extiende seis semanas más que en la década de 1980. Y en los últimos 10 años, el número de olas de calor se ha duplicado.

Este cambio no solo implica sequías extremas, sino también se incrementa el peligro de incendios forestales y los riesgos para la salud. En España mueren todos los años al menos 1.300 personas debido a las olas de calor.

La experiencia ha demostrado que la primera ola es la más peligrosa, apunta Hervella. «El cuerpo aún no está adaptado al calor y las personas vulnerables o las que padecen enfermedades crónicas no pueden soportar el estrés. Mueren antes, pese a que podrían haber vivido más años. Por eso es importante entender que en la primera ola de calor hay que ser más cuidadosos».

Calles vacías

En Olivenza, no lejos de Portugal, la comunidad ha sido bautizada como «el sartén». No es para menor: la temperatura récord en la zona llegó a los 45,4 grados. Por eso acá las calles suelen estar vacías. Si no es necesario, no sales de casa, a no ser que sea muy temprano en la mañana o tarde en la noche.

Juan Pablo Marredo trabaja en construcción. Si bien opina que «el verano es el mismo de siempre», él y sus compañeros dejan de trabajar antes de las 03:00 p.m. Bajo el sol de la tarde es sencillamente imposible seguir adelante. Un poco más allá, en la carnicería de Mar Cayado, el aire acondicionado funciona al máximo.

«Ya estamos cansados, hace cuatro días que hace este calor», explica. Cayado está preocupada, en todo caso, por la cuenta de la electricidad. «Después de todo, tengo que mantener el aire acondicionado encendido más tiempo en la tienda, y también en mi apartamento, por supuesto».

Olivenza muestra resiliencia, a pesar de que los incendios en el norte de Extremadura y en otras regiones de España muestran un escenario aterrador. Domínguez dice que el equipo ya está agotado. «Han sido días largos. Y te toca el corazón cuando ves los rostros de las personas afectadas», sostiene.

Pese a todo, los gestos de gratitud lo abruman. «Cuando como bombero recibes una botella de agua fría, sabes que tu trabajo vale algo, y seguirás adelante sin importar el costo». (dzc/rr)

INTERNACIONALES · 16 AGOSTO, 2022

46 grados en España: bienvenidos a los nuevos veranos

Texto por Deutsche Welle
Foto por DW

Víctor Domínguez no tiene mucho tiempo para hablar. Con su equipo de rescatistas acaban de ser enviados a un incendio recién desatado en Casas de Miravete (Extremadura), a unos 215 kilómetros al suroeste de Madrid.

A las 2:00 a.m. deben ser evacuadas 66 personas. Necesitan albergue, agua, comida y apoyo psicológico. «La gente está muy nerviosa, tuvieron que evacuar y dejar todo atrás y ver un incendio enorme amenazando a su pueblo», explica Domínguez.

«Nos sentimos impotentes»

Domínguez también estuvo en Ladrillar, donde 4.000 hectáreas fueron devoradas por las llamas. «Ha sido una semana muy difícil. Las temperaturas son demasiado altas. El viento cambia constantemente de dirección», dice. «A veces nos sentimos impotentes. No podemos cambiar las condiciones meteorológicas», añade.

España vive este julio su segunda ola de calor. Las temperaturas han llegado hasta los 46 grados, con la canícula al máximo por varios días, incluso más de una semana. La primera ola llegó en junio, una fecha inusualmente temprana para este tipo de fenómenos.

Uno de los primeros incendios destruyó 30.000 hectáreas en la reserva natural Sierra de la Culebra, una región que no solo es el último reducto del lobo en Europa occidental, sino también es muy relevante para la agricultura y el turismo.

Hace poco, el servicio meteorológico Aemet dio a conocer estudios sobre las temperaturas en las últimas décadas. La meteoróloga Beatriz Hervella está muy preocupada.

«Tenemos que analizar bien el impacto del cambio climático, pero la temperatura media en España ha aumentado», observa.

En el verano, esto se siente con claridad. Actualmente, el calor se extiende seis semanas más que en la década de 1980. Y en los últimos 10 años, el número de olas de calor se ha duplicado.

Este cambio no solo implica sequías extremas, sino también se incrementa el peligro de incendios forestales y los riesgos para la salud. En España mueren todos los años al menos 1.300 personas debido a las olas de calor.

La experiencia ha demostrado que la primera ola es la más peligrosa, apunta Hervella. «El cuerpo aún no está adaptado al calor y las personas vulnerables o las que padecen enfermedades crónicas no pueden soportar el estrés. Mueren antes, pese a que podrían haber vivido más años. Por eso es importante entender que en la primera ola de calor hay que ser más cuidadosos».

Calles vacías

En Olivenza, no lejos de Portugal, la comunidad ha sido bautizada como «el sartén». No es para menor: la temperatura récord en la zona llegó a los 45,4 grados. Por eso acá las calles suelen estar vacías. Si no es necesario, no sales de casa, a no ser que sea muy temprano en la mañana o tarde en la noche.

Juan Pablo Marredo trabaja en construcción. Si bien opina que «el verano es el mismo de siempre», él y sus compañeros dejan de trabajar antes de las 03:00 p.m. Bajo el sol de la tarde es sencillamente imposible seguir adelante. Un poco más allá, en la carnicería de Mar Cayado, el aire acondicionado funciona al máximo.

«Ya estamos cansados, hace cuatro días que hace este calor», explica. Cayado está preocupada, en todo caso, por la cuenta de la electricidad. «Después de todo, tengo que mantener el aire acondicionado encendido más tiempo en la tienda, y también en mi apartamento, por supuesto».

Olivenza muestra resiliencia, a pesar de que los incendios en el norte de Extremadura y en otras regiones de España muestran un escenario aterrador. Domínguez dice que el equipo ya está agotado. «Han sido días largos. Y te toca el corazón cuando ves los rostros de las personas afectadas», sostiene.

Pese a todo, los gestos de gratitud lo abruman. «Cuando como bombero recibes una botella de agua fría, sabes que tu trabajo vale algo, y seguirás adelante sin importar el costo». (dzc/rr)

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