Pequeño comercio en Margarita no le ve mucho fruto a flexiblización del carnaval

ECONOMÍA · 16 FEBRERO, 2021 09:00

Ver más de

Efecto Cocuyo | @efectococuyo


¿Cómo valoras esta información?

9
QUÉ CHÉVERE
QUÉ INDIGNANTE
1
QUÉ CHIMBO

La reactivación de los vuelos a la Isla de Margarita, en el marco de la flexibilización de la cuarentena por la temporada de carnaval, no favoreció a todos los sectores que dependen del turismo.

Muchos esperaban que el asueto pudiera dejar beneficios económicos, luego de casi un año de paralización por la pandemia del coronavirus en Venezuela y que ha golpeado a este sector con más fuerza.

Este lunes 15 de febrero, los establecimientos de ventas de empanadas y arepas en la turística isla mostraron rostros distintos durante la jornada, matizada con las expectativas de la extensión de la temporada hasta el próximo fin de semana que mostraron muchos de los visitantes.

El emblemático mercado municipal de Conejeros, otrora lugar de encuentro para el consumo de desayuno típico en la Isla, tuvo desde primera hora de la mañana una deslucida imagen, a pesar de los esfuerzos de los pocos adjudicatarios de los puestos de empanadas, arepas y jugos  por atender a los visitantes que, graneados, llegaron al lugar.

De entrada al mercado se observó el cierre de casi la totalidad de los puestos de ropa y lencería y en el perímetro monte y descuido, mientras que en el área de alimentos algunos apenas limpiaban sus locales pasadas las 8:00 de la mañana.

“Vamos a trabajar de guapos, a ver qué se hace”, comentó Risbel Carreño con desánimo mientras limpiaba el piso del local donde venden sopa de pescado, rompe colchón, pescado frito y frutos del mar.

El propietario del establecimiento, Luis García, comentó que siempre mantenían las mesas y sillas afuera, pero se las estaban llevando y por eso las recogieron. “Ahora toca empezar de nuevo”, dijo.

Mercado desolado

Los puestos de empanadas, arepas y jugos están en un amplio salón, separados en cubículos. Se cuentan 24 puestos de empanadas en total y este lunes solo 7 estaban operativos. Los locales de venta de jugos son 9 (incluyendo una cafetería) y abrieron solo cinco. De siete areperas solo tres trabajaron.

“Ni siquiera la mitad está trabajando, el señor del frente quebró, otros vienen abren y vuelven a cerrar, así están. Esto lo que da es tristeza”, expresó Ruby de Rivera, mientras volteaba una empanada en su caldero con la pericia que le dan 36 años trabajando en el oficio y en el mercado.

Solo tres meses y medio estuvo cerrado este centro tras el inicio de la pandemia en marzo. Después permitieron trabajar tres días (de jueves a sábado), plazo que se extendió luego un día más (lunes). Los martes son de limpieza y desinfección, que realizan los mismos adjudicatarios porque los empleados de la administración del mercado no están laborando.

“En el tiempo que cerro el mercado pasé más trabajo, tuve que montar una bodeguita en la casa, pero luego que lo abrieron he ido sobreviviendo, para comprar la comida que es lo más importante. Esto es nuestro trabajo, tenemos que luchar, dijo Lourdes Malaver.

Las empanaderas de Conejeros no pueden estimar cuánto es la venta diaria o en la semana, “porque es impredecible”. Hay días en que se marchan sin hacer un bolívar y cuando pasan el punto, que es alquilado, “es peor, porque ves la plata de 8 en 8 días”. Cobran dos empanadas por un dólar en sus diferentes presentaciones y prefieren que les paguen por pago móvil, divisas o transferencias.

Lo que sí tienen claro es que “no alcanza”.

“Antes utilizábamos siete paquetes de harina ahora solo utilizamos dos y me queda masa”, refirió Ruby.

Empanadas frente al mar

En el Rincón de la Empanada, frente a la bahía de Pampatar en el municipio Maneiro, hay agrupados ocho pequeños locales para la venta de este alimento típico venezolano.

Este lunes solo estaban trabajando cinco de sus adjudicatarios porque el resto “se descapitalizó y no tienen como comenzar a trabajar”, comentó Rosalis Acosta quien tiene 10 años trabajando en el lugar junto a Lorenza, su mamá.

Al igual que en el mercado de Conejeros, todos los trabajadores llevan tapabocas y tienen a la mano gel antibacterial y alcohol, aunque muchos de los visitantes no cumplen las medidas de bioseguridad.

Pero, los precios y presentaciones de las empanadas hechas y servidas cerca del mar no son iguales a las del mercado.

“Nosotros tuvimos que anclar las empanadas al dólar y con todo y eso ni siquiera alcanza, solo para la comida y nuestras cosas personas”, precisó Acosta.

Comprar una empanada pequeña en este lugar cuesta 80 centavos de dólar con un solo sabor, dos sabores $1,50 y cuatro sabores “y grande” $3,5.

“La gente que paga en dólares no se queja, los que pagan en bolívares sí”, refiere Acosta luego de reconocer que en esta temporada de carnaval “hay gente, pero no mucha. Antes, hace cinco años, se hacían colas, ahora no”, recordó.

Los Hermanos Moya y sus arepas

La pandemia del coronavirus afectó, además de estos sitios emblemáticos para el turismo, a muchas vendedoras de empanadas que por tradición se colocaban en diversas localidades, en las esquinas de los pueblos con una gran demanda del producto.

Este lunes también salieron a las esquinas algunas vendedoras de empanadas entusiasmadas por la temporada.

Indihira Guzmán es una de ellas. A pesar de su bello puesto  en la vía a La Asunción, en el municipio Arismendi, no vio luz con las ventas.

“Toda esta semana no he vendido nada, el movimiento es en las playas, pero acá seguiré, insistiendo, también voy a hacer picante a leña”, indicó.

Caso contrario pasó con el establecimiento de venta de arepas de Los Hermanos Moya, en la entrada del Municipio Antolín del Campo, cercano a las principales playas como Parguito y El Agua.

Oscar Moya, uno de sus propietarios, manifestó estar contento.

“Después de un año de sequía económica arrancó la temporada, estoy contento, hubo reglas claras, mejoró el tema de la gasolina y también las frecuencias aéreas”, dijo.

Moya no reparó en demostrar su alegría. “Este domingo el negocio estuvo como en sus mejores tiempo, a lo mejor no hay tanta gente en Margarita, pero nuestros clientes vinieron”, puntualizó.

Reconoce que el turismo extranjero se perdió y en el turismo nacional es el que se está moviendo.

En el restaurante de Los Hermanos Moya se venden arepas de chucho, raya, cazón, cruzado de camarones y pepitonas, ensalada de camarón y cangrejo, de gallina y aguacate, entre un sinfín de opciones que acompañan con ricos batidos naturales.

Este lunes el local nuevamente estaba lleno, con un movimiento importante de entrada y salida de visitantes.

“El año pasado trabajamos a pérdida, prácticamente se perdieron los inventarios, trabajamos solo sábado y domingo y la última semana de diciembre hasta el 3 de enero. Este año reanudamos el viernes pasado y trabajaremos corrido  hasta el 21 de febrero”, afirmó.

Los 22 trabajadores de Hermanos Moya, en su mayoría integrantes del núcleo familiar, solo han trabajado 15 días desde que llegó la pandemia y se les ha pagado igual sin trabajar. Sin embargo, Oscar Moya es optimista con el futuro de la isla.

Este año a la isla le puede ir muy bien si flexibilizan de nuevo y si dejan los vuelos permanentes la gente va a venir a Margarita”, consideró.