Migrantes venezolanos soportan la pandemia en hacinados megaedificios de Chile - Efecto Cocuyo

CORONAVIRUS · 22 JUNIO, 2020 18:00

Migrantes venezolanos soportan la pandemia en hacinados megaedificios de Chile

Texto por Paulette Desormeaux Fotos por El Desconcierto

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Casi todos son migrantes venezolanos. Habitan en un megaedificio de 32 pisos construido hace cuatro años en el centro de Santiago de Chile, donde la cuarentena es una quimera.

Johannie Graterol lleva la cuenta. Van diez contagiados en la mole de concreto donde residen 774 familias. Los pasillos son estrechos y hay pocos ascensores. Johannie, que tiene un hijo inmunodeficiente, no quiere salir de su apartamento de 30 metros cuadrados, ni siquiera para pedir a los vecinos que bajen el volumen de una música que la perturba.

En el reportaje elaborado por Paulette Desormeaux para el Proyecto Lupa se lee: “La enorme cantidad de gente habitando ese espacio reducido creó una pequeña ciudad dentro de las torres, que incluso tiene horas pico de tránsito: de regreso del trabajo, los miles de residentes llegan a esperar hasta 15 minutos haciendo colas en pasillos estrechos para poder subir al ascensor. Con treinta pisos de altura, las escaleras no son una alternativa”.

El relato incluye el testimonio de Heidy Perdomo, otra migrante venezolana, que vive en un edificio de dos torres junto con más de 1.800 personas: “Van varias semanas de cuarentena en Estación Central y su marido no ha logrado conseguir un salvoconducto que le permita salir a trabajar de plomero. Por eso, como la familia necesita tener ingresos con urgencia, ella piensa vender pan venezolano a sus vecinos”.

En el edificio de Heidy, la chilena Sandra Sandoval hace las veces de autoridad epidemiológica: “Aunque no forma parte de la administración del edificio, Sandra es vocera de las torres y tiene un grupo de WhatsApp donde se comunica con más de 250 residentes. Ella trabaja de administrativa en una Isapre, pero como ha tomado cursos de enfermería, muchos vecinos le escriben cuando se sienten mal y le cuentan sus síntomas para que ella evalúe si podría ser coronavirus o sólo una gripe”.

Desormeaux lo percibe y retrata como “una Venezuela en miniatura instalada en el corazón de Santiago”.  Y cuenta parte de lo que se vende en uno de esos megaedificios: tequeños,  ron, harina pan, queso llanero, pasteles zulianos, patacón con carne mechada,  maltín Polar, bollos pelones y cachapas.

Otro de los migrantes venezolanos que lamenta vivir hacinado es John “secadora”, un caraqueño que alquila a sus vecinos el referido electrodoméstico.  Además, vende agua potable, hamburguesas y aceite para motos, con servicio de delivery incluido.

Lea el reportaje completo en el siguiente enlace

Este reportaje forma parte del Programa Lupa, liderado por la plataforma digital colaborativa Salud con Lupa, con el apoyo del Centro Internacional para Periodistas (ICFJ).