En sequía viven la cuarentena habitantes de Las Tunitas

CORONAVIRUS · 22 MARZO, 2020 20:20

En sequía viven la cuarentena habitantes de Las Tunitas en Catia La Mar

Texto por Ibis Leon | @ibisL

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Cuarentena. Pocas caras con mascarillas se veían en las calles de Las Tunitas, una zona afectada por la sequía y la higiene, al oeste de Catia la Mar (La Guaira),este viernes 20 de marzo. En las aceras había vehículos sin tripulantes y las puertas y ventanas de las casas estaban cerradas a una semana de la cuarentena nacional, decretada por Nicolás Maduro.

No tenemos agua desde hace más de 15 días y hoy (20 de marzo) la luz se ha ido dos veces”, expresa Leonidas Reyes, maestra en el sector. Asegura que su familia tuvo que improvisar gel antibacterial con alcohol y sábila. La Organización Mundial de la Salud (OMS) resalta que el lavado de manos es vital para contener el contagio de COVID-19.

También ofrecen confeccionar tapabocas gratis para aquellos que los necesiten en la comunidad. “Solo tienen que traer la tela y mi hermana los cose. Ella tomó la iniciativa porque en esta época, al igual que hay gente solidaria hay gente aprovechadora y vimos que estaban pidiendo hasta 400 mil bolívares por una mascarilla”, afirmó.

La docente es una católica devota y asegura que no poder asistir a misa le afecta anímicamente. “Ha sido bastante difícil, siento que estoy presa. Pero no hay medicamentos y no tengo carro propio para movilizarme. Sabemos que los hospitales están colapsados y prefiero no salir a la calle para no exponerme”,  explica.

Un aviso, colgado en las rejas de la iglesia de la comunidad, pide mantener la calma y la serenidad ante la pandemia. El mensaje, escrito a mano, también confirma que las misas están suspendidas para evitar el contagio de COVID-19.

El párroco se suma al llamado del Papa Francisco y pide hacer comunión espiritual

El párroco de Las Tunitas evalúa dar la misa por parlante y pidió hacer la comunión espiritual desde las casas. Algunos sacerdotes, en sectores cercanos, han hecho la ceremonia sin la presencia de feligreses como un acto simbólico.

Sin salvoconducto

La bodega de Francisco Figueira es uno de los pocos locales abiertos este viernes. El comerciante está agotando sus reservas, ya no tiene ni queso ni mortadela, los más solicitados por su clientela, porque la Policía del estado le prohibió subir a Caracas a buscar mercancía el lunes 16 de marzo.

Las Tunitas

El comerciante despacha lo que tiene en sus reservas

Aunque Figueira entra en los sectores exceptuados durante la cuarentena, porque presta un servicio vital para la comunidad como es la venta de productos alimenticios, los funcionarios le exigieron el salvoconducto que otorga la Zona Operativa de Defensa Integral (Zodi) en la parroquia La Guaira. Se trata de un requisito que no fue precisado por el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López.

“Les enseñé el RIF de mi local y les expliqué, pero igual me dijeron que tenía que sacar un salvoconducto y la cola estaba muy larga. Yo no pude hacerla porque soy un hombre mayor”, manifiesta.

Otro comerciante de Las Tunitas, quien pidió mantener su nombre en resguardo, calculó que sus ventas han caído al menos 40% y por eso se le hace difícil mantener los salarios de sus empleados y el pago de los impuestos exigidos.

La dotación de tapabocas y guantes para el personal también es cuesta arriba en este local. Uno de los cajeros que atendía al público usaba guantes dispares, uno de látex similar al que lleva el personal médico en los hospitales y otro de nitrilo, parecido al que se emplea para limpiar superficies con productos químicos, y una mascarilla desechable desgastada.

Negocios trabajan con horario reducido.

Alejandro Torres, empresario de Las Tunitas, también se ve afectado por las restricciones de movilidad. Su compañía de transporte presta un servicio que está exceptuado durante la cuarentena. Pero asegura que los funcionarios aplican el decreto a discreción, lo que perjudica a sus conductores.

Con la suspensión de los vuelos nacionales e internacionales, la compañía quedó haciendo traslados solo para el personal de seguridad del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía. No obstante, produjo una importante reducción de sus ingresos.

“Nos quedamos con un 10% del trabajo y de nosotros dependen seis familias directamente, a las que tenemos que garantizarle el ingreso. Entonces dividimos el trabajo entre seis para que todo el mundo tenga algo”, comenta.

Como medidas de prevención, le exige a sus conductores que usen tapabocas, mantengan todas las ventanillas de los carros abajo y pasen un trapo con alcohol o antibacterial por los asientos y las manillas cuando terminen de hacer cada viaje.

En su casa confeccionan mascarillas con tela. “En lo emocional, hay mucho nerviosismo por tantas informaciones que han pasado. Me preocupa mucho la manipulación de los alimentos, uno tiene miedo de que la persona que te atiende no esté tomando las medidas y que la bolsa que compraste esté contaminada”, expresa Adriana Zapata.

Las Tunitas

Los tapabocas de tela se han vuelto populares.

Agrega que dos de sus hermanos no pudieron regresar a Carúpano (estado Sucre), donde están sus familiares. El decreto de cuarentena los agarró en su casa en La Guaira.

Otros se ven obligados a salir de sus casas porque dependen del trabajo que hacen día a día. José Herrera es mototaxista desde hace seis años. Era el único conductor que se encontraba en su parada habitual de Las Tunitas este viernes 20 de marzo.

“Esto ha sido rudo, porque yo ya gasté lo último que me quedaba en comida. Por eso tuve que salir hoy, pero esto está feo, llevo 30 minutos aquí y no ha venido ningún cliente”, lamenta.