"Desde que comenzó la pandemia no me reúno con familiares", comerciante en Calabozo #AsiVivenLaCuarentena - Efecto Cocuyo

CORONAVIRUS · 9 AGOSTO, 2020 10:12

“Desde que comenzó la pandemia no me reúno con familiares”, comerciante en Calabozo #AsiVivenLaCuarentena

Texto por Ronny Rodríguez Rosas | @ronnyrodriguez

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La cuarentena por el coronavirus se vive a otro ritmo en el interior del país, donde las fallas de servicios básicos como agua, electricidad y gas doméstico hacen del confinamiento una situación aún más cuesta arriba en Venezuela.

Efecto Cocuyo recopiló testimonios de personas en Sucre, Monagas y Guárico, que comenzará a contar bajo la etiqueta #AsiVivenLaCuarentena. Este primer trabajo es de una comerciante en Calabozo, estado Guárico.

Yumally Hechenleitner es una periodista que se dedicó al comercio formal, después de graduarse en la Universidad Bicentenaria de Aragua (UBA) en el año 2003.

Tiene una papelería, donde además ofrece muebles de oficina para las empresas de este municipio de Guárico, en la segunda ciudad más poblada de esta entidad de la región de Los Llanos en Venezuela.

Vive junto a su esposo, su papá y dos niños (uno de 12 años y una de 7 años). Para ella la cuarentena fue un cambio en su forma de vida. Su negocio es el medio de vida y desde el mes de marzo las ventas han bajado 80 %.

"Desde que comenzó la cuarentena no me reúno con familiares", comerciante en Calabozo #ComoVivenLaPandemia

Pese a la cuarentena radical, el centro de Calabozo estaba lleno de personas este sábado 8 de agosto

Un papá enfermo y un esposo diabético

“Desde que comenzó la pandemia no me reúno con familiares. Mi papá está enfermo y mi esposo es diabético, por eso debo cuidarlos más”, relata vía telefónica a Efecto Cocuyo.

Hasta el 7 de agosto, según el Sistema Patria, Guárico tiene 49 casos confirmados de coronavirus y dos personas fallecidas por la enfermedad.

Pero para esta comerciante en Calabozo, la información oficial en esa región es escasa. Vive en la urbanización Lazo Martí, a la que no llegan brigadas de desinfección, perifoneos de prevención de los cuerpos de seguridad, aunque sí muchos rumores.

Donde más aplican medidas de bioseguridad como el distanciamiento físico y el uso obligatorio de las mascarillas es en el casco central. Allí milicianos y policías, obligan a las personas a caminar por las aceras, pese a que la vía principal fue cerrada.

Hechenleitner dice que esta medida es contradictoria, porque hace que haya más personas aglomeradas en las aceras y el riesgo o contagio es mayor. Esta semana, de cuarentena radical en todo el país, no hubo transporte público. Quienes deciden ir al centro deben hacerlo caminando.

Aunque ella tiene un vehículo lo usa poco; lo reserva por si tiene una emergencia médica con su papá, una persona de la tercera edad que ha tenido varias operaciones.

Gasolina escasa

Desde el sábado 1 de agosto en Calabozo no hay gasolina para la población en general. Aunque la ciudad tiene seis estaciones de servicio, ninguna estaba despachando combustible el miércoles 5 de agosto. Apenas este viernes 7 de agosto volvieron a surtir a las gasolineras.

Así estaban el viernes, 7 de agosto, las colas por la gasolina en Calabozo

“He tenido que acostumbrarme a otro ritmo de vida. Tener los niños en la casa, cuidarnos más, prevenir con el distanciamiento. No me reúno con familiares porque mi esposo es diabético, mi papá es un adulto mayor y está enfermo. No me puedo arriesgar a que llegue el coronavirus a mi casa”, confiesa.

Su papá sufrió un accidente de tránsito hace siete años, sufrió una fractura de fémur y ha sido operado en siete oportunidades. Desde entonces, se encuentra en una silla de ruedas y su movilidad es reducida.

Desde hace tres meses la empresa que lleva el gas doméstico a su urbanización no distribuye las bombonas, el llenadero cercano a su residencia está cerrado y aunque no le ha tocado, conoce casos de vecinos que deben cocinar con leña.

Su papelería la abre tres días por semana, con el riesgo de que lleguen los funcionarios de la Alcaldía a cerrarla, porque no se encuentra dentro de los sectores priorizados cuando hay cuarentena radical.

Sin embargo, necesita sobrevivir para llevar ingresos a su hogar. “La gente se cansó de la falta de trabajar, pero no cumplen las medidas de distanciamiento. Usan el tapabocas a medias, solo afuera, pero entran a los negocios sin la mascarilla y debo llamarles la atención”.

Entretenimiento restringido

Con las clases suspendidas de forma presencial, le tocó ser mamá y maestra. Y desde el 19 de mayo supuso un quiebre mayor porque con el cierre abrupto de las operaciones de DirecTV en Venezuela, toda la familia y en especial su hijo e hija se quedaron sin una de las formas más básicas de entretenimiento: ver caricaturas y películas infantiles.

“Cuando quitaron DirecTV me sentí destruida, sobre todo por mis hijos. Fueron dos meses muy duros y con mucho sacrificio pude comprar un decodificador de otra empresa. Pero me quitaron todo el trabajo y de lo que como familia podíamos disfrutar”, dice.

Hechenleitner debe lidiar con las fallas eléctricas constantes, la desconexión de internet o la lentitud del servicio de la operadora estatal venezolana.

Aunque no ha visto de cerca a una persona con coronavirus, señala que al principio la gente no creía, pero con el aumento de los casos comenzaron a temer por la enfermedad. Algunos de sus amigos están aislados en casas, con síntomas del COVID-19, pero con el temor de ir a un hospital centinela y cumplen tratamientos caseros.

Hasta el 7 de agosto Venezuela tiene 24.166 casos confirmados de coronavirus, 208 fallecidos y 12.960 personas que se han recuperado de la pandemia.