Los retos del fact-checking en Venezuela en época de elecciones

COCUYO CHEQUEA · 31 ENERO, 2020 15:49

Los retos del fact-checking en Venezuela

Texto por Shari Avendaño | @shariavendano Fotos por Shari Avendaño

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La crisis institucional en Venezuela y las próximas elecciones parlamentarias prometen un año lleno de retos para el fact-checking. Por si no era suficiente tener dos presidentes (uno de legitimidad discutida y otro interino) y dos tribunales de justicia (uno nombrado por la Asamblea Nacional Constituyente y otro en el exilio), el 2020 inició con dos líderes del parlamento (uno ratificado por la mayoría de los diputados y otro presuntamente impuesto en una sesión tumultuaria).

A lo anterior se suma la promesa del chavismo que asegura que este año “pase lo que pase” habrá elecciones parlamentarias. En este escenario ¿qué desafíos se vienen para los chequeadores y cómo afrontarlos? A continuación, las claves para afrontar informativamente este 2020 desde las unidades de factchecking.

Más bots en las redes

La batalla digital se multiplicará. Las elecciones son períodos clave para la difusión de mensajes en apoyo y en detrimento de los candidatos en disputa. Sin embargo, en los últimos años se ha popularizado el uso de tropas de bots o granjas de trolls para intervenir el debate político en redes sociales y crear matrices de opinión más o menos radicales.

Como explica la profesora Carmen Beatriz Fernández, citando un informe de la Universidad de Oxford, muchos países han empleado un número significativo de personas y recursos para gestionar y manipular la opinión pública a audiencias nacionales y a público extranjero. El primer informe manipulación en redes sociales data del 2010. Allí se identifican 28 países (entre esos Venezuela, Brasil, Argentina y Ecuador) y un patrón: los regímenes autoritarios tenían campañas dirigidas a su propia población desde el Gobierno.

Desde este primer informe, mucho ha cambiado. El estudio “Orden Mundial de la Desinformación. Inventario Global 2019 de la Manipulación Organizada en Redes Sociales” recolectó evidencia de campañas de este tipo en 70 países en el 2019, un crecimiento significativo en comparación con el año 2018, que se registró en 48 regiones, y el 2017, que se reconoció en 28 países.

Buen periodismo contra las tropas de bots

Para calificar la capacidad de las tropas (mínima, baja, media y alta) por país se toma en consideración el número de actores estatales involucrados, qué tan sofisticadas son las herramientas que utiliza, el tamaño y la permanencia de sus equipos y presupuesto dispuesto para eso. Venezuela se encuentra en la clasificación más alta. Se estima que los equipos están compuestos por múltiples brigadas de 500 personas que evidencian preparación formal.

¿Cómo combatir la desinformación en períodos de campaña? A través de más y mejor periodismo. También a través de la multiplicación de iniciativas de chequeo que cuenten con una metodología pública que sea capaz de ser verificada por los lectores. Esto a su vez promueve la participación y colaboración de las audiencias.

La creación de alianzas de medios para atajar la desinformación oficial también es una herramienta valiosa. Como ejemplo, Reversoar.com, la alianza de medios argentinos que se hizo para chequear el discurso y las mentiras en redes sociales durante la campaña presidencial.

Nuevas formas de desinformar

Cada vez es más sencillo y más tecnificado la difusión de contenido falso en la web y en las plataformas de mensajería instantánea. La descontextualización es una de las técnicas más utilizadas según se ha podido evidenciar a través de este año de artículos publicados en Cocuyo Chequea.

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Sobre la tecnificación de la desinformación, la inteligencia artificial en manos equivocadas ha abierto una puerta para generar contenido engañoso y crear deep fakes o mentira profunda (su traducción del inglés). Este es un término para describir videos o audios creados a través de inteligencia artificial. Hay técnicas muy sencillas y al alcance de cualquier persona para detectar si un video fue modificado, sobre todo si la técnica fue mal empleada.

Para leer más sobre las deep fakes, has click aquí. Cocuyo Chequea también revisó un caso en Venezuela.

Sin embargo, ante cualquier tipo de desinformación, la clave para no caer por inocente es contrastar las declaraciones de los poderosos con lo reseñado en varios medios digitales confiables, así como en las cuentas de las personas aludidas. Para esto se pueden aprovechar mucho las posibilidades que ofrecen las fuentes abiertas y los motores de búsqueda. La ciudadanía activa tiene un papel clave para combatir las mentiras desde sus espacios de estudio, trabajo, e incluso grupos de WhatsApp.

Hacer sexy la verdad

No solo aplica para los portales que hacen fact-checking. Todos los portales de noticias e investigación enfrentan constantemente el reto de cómo hacer contenidos atractivos para las audiencias, para las que puede resultar pesado leer sobre la crisis política en Venezuela.

Por lo general, las webs de fact-checking acostumbran a colocar un sello o calificación a sus chequeos para que los lectores sepan rápidamente si un contenido es cierto o no. Pero algunos portales web han empleado estrategias adicionales para hacer chequeos más clickeables. El uso de ilustraciones y herramientas de visualización de datos son algunos de los más utilizados y cercanos a las audiencias más jóvenes. Como ejemplo de esto, el trabajo  que realiza el medio de comunicación paraguayo, El Surtidor, a través de su Unidad de Fact-checking: La Precisa.

Sesgo de confirmación

Una de las razones que hacen la mentira tan viral es que decidimos creer y compartir aquellas informaciones que coinciden con nuestros temores, valores o sospechas como lo dice el artículo “Ya lo pienso, lo leo, más lo creo: Desinformación y sesgos en tiempos de crisis” de Andrés Rosenberg Benadre, académico de la Facultad de Comunicacones de la Universidad de Chile.

Estudios realizados por Giovanni Luca Ciampaglia  de la Universidad de Florida y Filippo Menczer de la Universidad de Indiana han encontrado que hay sesgos en tres niveles: en el cerebro, la sociedad y los algoritmos de redes sociales, estas últimas produciendo “cámaras de eco” que te filtran y repiten mucho más los contenidos con los que estás de acuerdo.

Mientras para lo primero hace falta afinar el sentido común, la duda razonable y creer en el contenido más valioso, para combatir los algoritmos crearon Hoaxy, una herramienta que permite monitorear tuits, explicando cuando su difusión está artificialmente promovida por un puñado de cuentas que se escriben, comentan y retuitean entre sí. Y que hallaron que las cuentas que distribuyen información falsa están completamente desconectadas de las que publican y comparten chequeos de estas informaciones. Es decir, los usuarios no comparten de igual forma la verificación, porque esta no toca los mismos “gatillos” emocionales y cerebrales que la desinformación.

Peligros para la vida

La evidencia y la demostración de falsedad de un contenido en Internet no cambia los puntos de vista sino afianza las creencias de una comunidad que comparte estos valores. El profesor Miguel Del Fresno dice que una de las raíces de esta credibilidad fue la falsa duda razonable que sembraron las corporaciones cuando pagaron, difundieron y promovieron estudios que rechazaban la relación del cigarrillo con el cáncer de pulmón o los gases fluorocarbonados que destruían la Capa de Ozono.

En su artículo “Desórdenes informativos: sobreexpuestos e infrainformados en la era de la posverdad”, ha recoelctado las diversas iniciativas publicitarias en las cuales las empresas trataron de retrasar o manipular medidas legales que regularan el alcohol, los pesticidas, las armas y una larga lista de productos agrícolas, logrando presentar en los medios en igualdad de condiciones a científicos con voceros empresariales.

Del Fresno alertó que aunque la mayoría de los efectos en redes sociales son la polarización y la manipulación electoral hay un “potencial catastrófico” cuando se trata de comunidades “resistentes a la evidencia” que puede causar problemas públicos de salud como las recientes  epidemias de sarampión en Francia y California por parte de familias que rechazan el uso de vacunas.