“Ya no quiero vivir en un lugar que se inunda”, exclamó afectada en Bolívar

No es la primera vez que Mayra López debe desalojar su vivienda por culpa de las aguas que la invadieron. Hace dos semanas y media, la madre de tres hijos tuvo que recoger lo que pudo junto con su esposo y salir de su casa ubicada en Puerto Ordaz, estado Bolívar, rumbo a un refugio improvisado por su comunidad en una escuela abandonada.

López es una de las 5.045 personas afectadas por el desbordamiento de ríos y caños en el estado Bolívar hasta este lunes, 8 de agosto, al menos 153 se encuentran en refugios similares al que habita ahora Mayra y su familia, debido a que las aguas del río no abandonan sus viviendas desde hace más de una semana.

“Hicimos lo mismo que hace un año, pero esta vez se inundó mucho más”, contó López a Efecto Cocuyo. La casa se encuentra cerca de una laguna alimentada por el río Caroní, que al desbordarse, inundó hasta el techo las edificaciones cercanas. Ahora, ella tiene dos semanas y medias en una escuela que sirve como refugio, junto a otras 20 familias, que están en condiciones parecidas.

La edificación en donde duerme Mayra, su esposo, sus tres hijos y 71 personas más, se encuentra en el sector Castillito, antigua sede de la unidad educativa Raúl Leoni, que está frente al edificio donde funciona ahora la institución.

“Cuando se empezaron a inundar las casas, los vecinos nos reunimos con el consejo comunal y las UBCH y acordamos meternos en el edificio viejo de la escuela. Luego, hablamos con voceros de la Gobernación, a quienes les anunciamos que estábamos allí 13 familias”, relató Luisa Lares, quien desde que comenzaron las inundaciones, funge como encargada del refugio.

Pasaron los días y otras siete familias llegaron al lugar, puesto que no encontraron otro sitio para refugiarse de las aguas del río. Los últimos en llegar, lo hicieron el pasado lunes, 7 de agosto.

Dentro de la escuela que hoy sirve de hogar momentáneo, hay personas que presentan cuadro diarreico, vómito y escabiosis, “La primera enfermarse fui yo, me dio fiebre, diarrea y vomitaba todo lo que comía”, contó Mayra, quien expresó sentirse deprimida.

Lleva años pidiéndole al Gobierno nacional una casa para poder dejar el lugar donde vive, que es alquilado, y mudarse a otro sitio que no se inunde con frecuencia. “La última vez pasamos cuatro meses en un cuartico, porque las aguas de la laguna no se retiraban. En esta oportunidad no se sabe cuánto tiempo tenga que esperar”, dijo.

La Gobernación y la alcaldía llevaron, colchonetas, agua potable, comida, medicinas y asistencia médica para los enfermos; Corpoelec reconectó la luz eléctrica suspendida desde que la escuela fue abandonada y empresas estatales y privadas llevaron bombillos para iluminar el lugar. “Nos traen comida y medicinas, pero no es suficiente. Hay demasiados niños pequeños y no tenemos pañales ni leche para ellos”, contó la encargada del refugio, quien pide mayor apoyo mientras la situación se normaliza.

La casa de Luisa Lares queda en el sector Castillito el cual se mantiene inundado desde hace dos semanas. Dice que las aguas le llegan hasta más arriba de las rodillas; además la zona está llena de zancudos, serpientes, sapos y otros animales, que se desplazan entre la basura y las aguas contaminadas.

“Mis cosas, como la nevera, están desconectadas, pero como están en contacto con el agua que no baja, se pueden dañar”, señaló Lares, quien se encuentra en el refugio junto a tres hijas y tres nietos.

Aseguró que los adultos en el refugio deben salir a trabajar como si todo estuviera normal, parte de la comida deben costearla ellos mismo. Lares es cocinera de una unidad educativa y actualmente está de vacaciones. Su esposo, que se encuentra en la zona minera de Tumeremo, le envía dinero.

López, por su parte, está desempleada. Su esposo tiene trabajos informales que se vieron afectados por las inundaciones.

“No sé qué vamos a hacer. Esta situación es muy difícil, estoy llena de angustias, ya de por sí las cosas no eran fáciles. Quiero una casa, ya no quiero vivir en un lugar que se inunda, ya no quiero estar cerca de la laguna, quiero mi hogar, pero es muy duro. No alcanza con lo que se gana vendiendo pancitos y dulces en la calle”, expresó Mayra López, sin que tenga respuestas precisas sobre su futuro.

Inundaciones progresivas 

Desde hace tres semanas se empezaron a registrar personas afectadas por el desbordamiento del río Caroní, debido a que en los sectores perjudicados por la crecidas, las casas están muy cerca al río. Mientras transcurrían los días, cada vez más viviendas se inundaron, hasta llegar a la cantidad informada por Protección Civil. Las inundaciones fueron progresivas.

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