Un guariqueño dirige uno de los mejores doctorados de ciencia en EEUU

A José Castillo, las matemáticas le gustaron desde siempre. No solo quería estudiarlas, sino también aplicarlas para resolver problemas en la vida real. Así fue como este guariqueño,  nacido en Calabozo —como el compositor Antonio Estévez, indica— sacó su licenciatura en esta ciencia para luego irse a Estados Unidos a seguir especializándose. Hoy en día, dirige uno de los mejores doctorados en norteamérica y busca venezolanos para que cursen el programa.

En 1980, José Castillo tomó la decisión de irse de Venezuela. Tras estudiar Matemáticas en la Universidad Central de Venezuela, se dio cuenta de que no había ninguna oferta que le permitiera estudiar la aplicación de la ciencia. Fue cuando decidió continuar su carrera en la Universidad de Texas, en Austin, y en la Universidad de Nuevo México.

No obstante, fue en la Universidad Estatal de San Diego, en California, donde pudo aplicar las matemáticas de la manera en que siempre quiso. Primero, se desempeñó como profesor; en 1999, se convirtió en el director del Centro de Investigación de Ciencias Computacionales de esa misma casa de estudio; y en 2001, creó un programa doctoral en esta misma ciencia.

Ahora, asegura, busca darle a otros venezolanos la oportunidad de hacer el doctorado. Viaja a Venezuela al menos dos veces al año, y, entre congresos y conferencias, capta jóvenes que estén interesados en prepararse para mejorar la situación actual del país.

“Soy latinoamericano y quiero contribuir con Latinoamérica”, dice Castillo vía Skype. “Los estudiantes en Venezuela están muy bien preparados. Mucha gente cree que aquí los jóvenes se preparan mejor, pero eso no es verdad”.

Hasta los momentos, desde su creación en el año 2002, unos 17 venezolanos han pasado por el doctorado. El programa incluye una beca que es financiada por el mismo centro de investigaciones.

“Es un doctorado interdisciplinario. Hemos visto que la educación tradicional es muy análoga: la gente se especializa en una cosa muy pequeña y nosotros queremos que los estudiantes puedan trabajar en diferentes áreas”, señala.

Para Castillo, la gente suele conocer un pequeño grupo de universidades en los Estados Unidos; sin embargo, agrega que la Universidad Estatal de San Diego ofrece este doctorado, calificado como uno de los mejores 15 en norteamérica.

“Yo no conseguí trabajo en Venezuela, pero la idea es que la gente contribuya con el desarrollo del país. Por eso sigo tratando de conseguir estudiantes que tengan ese mismo tipo de visión”, dice. Según el investigador, los estudios en esta materia podrían ayudar en temas como el petrolero y el industrial.

El procedimiento de captación de estudiantes no solo se repite entre venezolanos, sino también en el resto de la región. Las conferencias del guariqueño llegan a toda Latinoamérica y asegura que la situación de la ciencia en el país no es muy diferente de la de sus vecinos.

“Es muy parecido. Ahora es difícil de comparar; pero, en general, Venezuela no es la que está en peores condiciones. Saca a México, Brasil, Argentina y Uruguay y verás que la mayoría de los países están atrasados en esta materia”, resalta.

La preferencia de otras carreras y la falta de demanda en las ciencias no solo es un fenómeno criollo. Incluso, en los Estados Unidos, esta falta de interés también está presente. “Acá hay muy poca gente estudiando matemáticas. Más de 50% de las personas que estudian ciencias son extranjeros”, precisa.

A pesar de haberse ido hace 36 años, Castillo no se separa de Venezuela. Ni en su búsqueda de nuevos estudiantes ni en sus tradiciones. “Toda mi familia vive allá. Tengo dos hijos y todos mis hermanos y hermanas”, cuenta. “Extraño la cultura, la música, el tipo de gente”.

Confiesa que todos los domingos, religiosamente, come arepas con perico en su casa y que todos los diciembres prevalece la tradición de preparar hallacas, incluso con sus estudiantes. También las noticias sobre Venezuela forman parte de su rutina.

Castillo asegura que cada día hacen falta nuevas investigaciones en ciencias computacionales y señala que, a pesar de la situación actual de su país de origen, hay muy buenos profesionales trabajando por la ciencia. Aunque las condiciones sean adversas.

“Hay gente que está haciendo investigaciones de punta allá. Y, en menor cantidad, hay gente que colabora con profesores de estas universidades y no se sabe de ellos ni se habla de sus proyectos”, denuncia el profesor.

Para cambiar la situación, asegura que es necesario reformular cómo financiar los proyectos para que así también los profesores tengan incentivos para hacerlo. Sobre la situación país, cuenta, no se desaniman ni él ni sus estudiantes.

“Yo creo que es importante no perder las perspectivas. Ha habido situaciones similares en la historia y, sin embargo, todo eso pasó. Yo siempre soy optimista, por naturaleza”, dice el guariqueño.

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