Sólo tres perros, unos roedores y basura quedaron en la Torre de David

Las ratas iban a sus anchas. Cucarachas subían por paredes, otras estaban en el piso, mientras tres perros rompían las bolsas de basura apiladas en una esquina. Mosquitos. Un pañal desechable, pedazos de madera, partes de un carro desvalijado, una nevera oxidada. Así se veía, a travès de un portón oxidado, la planta baja de  la Torre de David (parroquia Candelaria de Caracas) la mañana de este 28 de mayo.  Desde los pisos de arriba, militares con armas largas miraban hacia abajo; subían y bajaban las escaleras.

-Fíjate, allí no queda nada. Ayer (miércoles 27) desde temprano comenzó la mudanza. Llegaron los camiones y  se llevaron todo. No sé cuántas personas quedaban allí- dice un vecino de la zona.

La Torre de David -un edificio de 45 plantas, el tercero más alto del país y uno de los más elevados de Suramérica- comenzó a ser construida en los años 80 por el arquitecto Enrique Gómez, pero nunca se terminó. Lo que sería la sede de la empresa Confinanzas y el Banco Metropolitano quedó a medio camino luego de la crisis bancaria que atravesó el país en 1994.

La construcción pasó a manos del Fondo de Depósitos y Protección Bancaria (Fogade) y, desde 2007, fue invadida. Se estima que 2 mil personas vivían allí. Se las arreglaron  para convivir en ese rascacielos inconcluso. Encontraron la forma de contar con energía eléctrica, de tener un tanque de agua, jardines hidropónicos, baños. Había comercios varios.  Los vecinos cuentan que el edificio era administrado por un expresidiario llamado Alexander Daza “El niño Daza”, quien decidía quien entraba allí. Si alguien iba de visita, debía identificarse en una suerte de garita de seguridad.

Fue por las ingeniosas remodelaciones que los invasores hicieron en la Torre que la edificación fue condecorada en la XIII edición de la Bienal de Arquitectura de Venecia con el premio León de Oro en 2012.  Ahora la  infraestructura está desolada.

desalojo

 

Diez meses

La desocupación del “barrio vertical” comenzó en julio de 2014, con la denominada Operación Zamora dirigida por Ernesto Villegas, quien hasta esta semana, estuvo al frente de la Transformación de la Gran Caracas.

En sus declaraciones a la prensa en ese momento,  explicó: “No se trata de un desalojo (…)  es una operación coordinada en forma armónica con la comunidad de la torre Confinanzas, que supone el traslado de las familias a urbanismos de la Gran Misión Vivienda Venezuela (…)”.  Prometió que todos los habitantes saldrían de allí, pero tuvieron que pasar diez meses para que eso se materializaba.

“Quiero anunciar que a esta hora se está completando la misión humanitaria en la Torre Confinazas se están ubicando las últimas familias”, anunció el presidente Maduro en su cuenta de Twitter la noche del 27 de mayo, y agradeció a Ernesto Villegas -ahora candidato del Psuv a las primarias de la tolda roja-  que estuvo en el operativo.

Villegas declaró que la estructura sería utilizada ahora para la instalación de un Centro de Coordinación para la Atención de Emergencias del Distrito Capital, conformado por la Guardia Nacional Bolivariana, un Cuerpo de Bomberos, la dirección de Protección Civil y la Corporación de Servicios del Distrito Capital.

Nicolas

Vecinos claman  seguridad

Un vecino de la Torre de David, que prefiere no identificarse (“porque no quiero rollo con esa gente”), asegura que los invasores “tenían mafias allí dentro relacionadas con droga. A veces escuchaba tiroteos. Pero no eran todos: conozco personas buenas que vivían allí, que no se querían ir porque los estaban mandando para los Valles del Tuy, demasiado lejos de aquí”.

El vecino se asoma a observar lo que queda dentro – las ratas, las cucarachas, los mosquitos, los perros comiendo basura-, bajo la mirada intimidante de los guardias. “No tomes fotos: no tomes fotos porque esto es muy peligroso. Además, el guardia nos está viendo. Vámonos”, recomienda.

Cree que la inseguridad, desde que comenzó la mudanza de los habitantes de la Torre de David, no ha cesado. “Yo veo que se ha mantenido”.

Una muchacha camina con prisa hacia el Centro Comercial Galerías Ávila, a pocos metros de la Torre. “Aquí roban que da miedo. Hace tiempo me quitaron el celular”. Un vigilante de un edificio cercano también lo dice: “Andan en motos, te arrancan el bolso, lo que tienes encima y se van”.

María Aguirre vende flores en un kiosco frente al Sambil de la Candelaria – expropiado por el presidente Chávez antes de que estuviera listo, para alojar a afectados por las lluvias de 2010-. Queda  diagonal a la Torre de David. “Aquí en mi puesto de trabajo me robaron el celular. Y he visto cómo los motorizados hacen su agosto en este cuadra. Yo no sé si tendrán pistolas, pero roban a todo el mundo”.

En la esquina de Teatros, frente al Centro Comercial Caracas, hay buhoneros que venden flores, artículos de limpieza, bisutería, materiales escolares, películas, discos, dulces, chucherías.

Carla Sepúlveda trabaja allí. El sábado 23 de mayo vio cómo un motorizado se le acercó a un joven y le arrancó su morral. También observó cómo le arrebataron el celular a un adolescente y la cartera a una señora.  En total, fueron 6 los robos que pudo ver en esa cuadra mientras laboraba. 

José Albarrán acomoda su puesto al lado de ella. Repite historias similares, pero que ocurrieron otros días. “Es que siempre en lo mismo. Es una bandita de motorizados que ya le agarró la caída a esta zona. A nosotros no nos han robado, se lo hacen a  los que caminan por aquí. Nosotros creemos que son los que viven en la Misión Vivienda que está saliendo de la estación del metro de Bellas Artes”.

Sepúlveda vive en el sector. Dice que la inseguridad, “que ya era un problema latente por aquí, se ha desbordado en el último año. Es lamentable, porque era lugar muy tranquilo”.

Los vendedores ambulantes, con el dueño de un restaurante de comida española que hay en la Candelaria (uno de los tantos que hay en el sector), decidieron pedirles a funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana que patrullaran por la zona. También cargan consigo el teléfono del cuadrante de seguridad de la zona (04164006226) para comunicarles cualquier eventualidad.  Pero quizá no sirva de nada que llamen: Efecto Cocuyo marcó al número diez veces la tarde de este jueves 28 de mayo. Siempre estuvo apagado.

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